Mientras se discutía si la economía argentina mostraba oscilaciones en su PBI con forma de V, L o K, una mirada simple sobre lo ocurrido en los últimos meses nos dice que se comportó como un serrucho, con caídas y recuperaciones constantes. Es más, la proyección del Banco Mundial para este año daba, inicialmente, una suba de 3,6% pero fue ajustándose a medida que aparecían dificultades y recientemente la ajustó a 2,1%. Eco Go, por ejemplo, también la recortó desde 2,7% a 2% y atribuyó dicho cambio a la debilidad de la actividad económica y la encuesta REM que realiza el Banco Central entre las principales consultoras rebajó su pronóstico a 1,5% real de crecimiento para el PBI en todo 2026, señalando que en el tercer trimestre habría caído 1% pero se recuperaría 1,8% en el último del año.
Una luz. Entre tanta rebaja de velocidad, hay una variable que siguió acelerando: el superávit comercial. En agosto pasado, la balanza comercial registró un saldo positivo de US$2.180 millones, siendo ese el 33º mes con números en azul. Esto ocurrió por US$8.880 millones de exportaciones y US$6.700 millones de importaciones, generando el acumulado un superávit comercial de casi US$25.000 millones. Las proyecciones para todo el año (es decir, el tercio que resta computar) pone la cifra del total de exportaciones rompiendo la barrera de los US$100.000 millones y el saldo positivo en más de US$30.000 millones. Según las estimaciones de la Bolsa de Comercio de Rosario, la revisión de las proyecciones responde tanto a una mejora en las expectativas de exportaciones como a una reducción de las importaciones proyectadas. “Entre los relevamientos de diciembre y agosto, la estimación de exportaciones para 2026 pasó de US$ 91.407 millones a US$ 100.895 millones, mientras que las importaciones esperadas se redujeron de US$ 80.442 millones a US$ 75.861 millones y como resultado, la proyección de superávit aumentó en más de US$ 14.000 millones durante ese período”, explica.
Esos números que contrastan con los del Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) que, si bien presentó en julio un leve repunte, las cifras interanuales siguen dando negativo en lo que hace a la industria manufacturera, con especial énfasis en la construcción, con el agravante del efecto multiplicador negativo sobre el empleo registrado. Si bien estas cifras son contundentes, los interrogantes sobre la proyección a mediano plazo son varias. En primer lugar, si esta magnitud de superávit comercial es sostenible en el tiempo, sobre todo si se considera que la mayoría de las proyecciones dan un fuerte aumento para las exportaciones en todos sus frentes para 2031. La otra es si esa brecha creciente es suficiente para compensar el tradicional estrangulamiento externo que padeció la economía argentina hasta que creó un consenso, ahora puesto bajo la lupa, si la causa del estancamiento era precisamente la incapacidad para generar las divisas suficientes para financiar el crecimiento.
El especialista en comercio internacional y titular de la consultora DNI, Marcelo Elizondo, observa que si bien hay un incremento de la producción del principal rubro exportador argentino (el agro) por una mayor capacidad competitiva histórica que está creciendo mucho con mejores condiciones en general y eliminación de obstáculos al comercio en particular. Pero otra cosa que está ocurriendo es un cambio de matriz productiva paulatino y “desde abajo”: las exportaciones energéticas crecen (son las que más crecen, casi 50% en relación al año anterior) y también desde muy abajo van aumentando cada vez más las del sector minero. Pero también señala Elizondo que lo que ocurre es la mejora de precios internacionales que está aprovechando la oportunidad de mercado, sobre todo en el campo energético. “Además el ordenamiento macroeconómico argentino termina volcándose en un factor positivo para el crecimiento de las exportaciones, mucho más que los reclamos por un tipo de cambio competitivo que permite planificar a largo plazo y hacer alianzas globales con terceros países”, define. Igualmente, afirma que no es sostenible el decrecimiento actual de las importaciones porque si bien contienen una buena noticia (la merma de la necesidad de compra de combustibles y gas en forma permanente por el crecimiento de la producción local) nota que hay muy poca importación de bienes intermedios e insumos, por la debilidad de la actividad industria. “El grueso de las importaciones en Argentina son bienes de capital, insumos o bienes intermedios y con el tiempo debería recuperarse, pero no pondrá en riesgo el superávit comercial del a largo plazo”, concluye.
El dólar, presente. Estas proyecciones parecerían ahuyentar el fantasma de la restricción de balanza de pagos, aunque merece un análisis más fino. De hecho, es probable que, a fin de año, la totalidad del superávit comercial se haya trasladado a los ahorros de las personas que por medio del “dólar colchón” o de sus cuentas bancarias (que también alcanzaron un récord de US$42.000 millones en septiembre). En la visión de Jorge Vasconcelos, economista jefe del IERAL, el nivel actual de las reservas netas del Banco Central se estima en US$11.500 millones y los compromisos externos del sector público suman US$24.900 millones para 2027, pero podría alcanzar a US$28.000 millones si se incluyen los vencimientos de BOBREAL (un título emitido por el Banco Central para el pago de deudas comerciales del cepo) que no sean utilizados para cancelar impuestos por parte de sus tenedores. Por eso, se pregunta por qué el programa financiero no está logrando aportar certezas suficientes y el riesgo país se ubica en 600 puntos. “Una de las razones es que, en el Presupuesto 2027 se consignó que habría emisiones de Bonares (títulos en dólares con legislación local) por hasta US$11.000 millones de dólares, cifra que bajo las condiciones actuales luce extremadamente ambiciosa, por el rendimiento creciente que exige 'el mercado' para demandar estos bonos”, detalla. Y otro supuesto que podría ser algo optimista, es el saldo estimado de US$3.700 millones que dejaría la ejecución del programa financiero de 2026 y que sería factible de utilizar el próximo año.
En síntesis, parecería no haber una tormenta en este frente. En su último informe, la consultora Invecq señala que el panorama externo mejoró notablemente, pero hay interrogantes cuando agregamos las proyecciones financieras: “al déficit de cuenta corriente, que se ampliaría levemente, se sumaría una cuenta financiera expuesta al calendario electoral: el ingreso de capitales podría moderarse y la habitual dolarización de carteras previa a los comicios presionaría sobre los egresos”, advierte. Una incertidumbre más que se agrega al clásico azar climático para el agro y ahora, sumamos el factor geopolítico en el precio del petróleo. ¡Suspenso asegurado!














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