El interrogante actual es si los sectores “ganadores” podrían “derramar” sus ingresos en el resto, a través de la demanda de empleo que los “perdedores” destruyen y con más recaudación tributaria para el Estado en sus tres niveles (nacional, provincial y local).
Esta controversia se complica aún más por la urgencia oficial de mostrar resultados positivos tangibles y más cercanos en el año electoral. Un propósito clásico e irrenunciable de cualquier gobierno pero que cruza, además, una línea también poco original: si la idea del “derrame” puede verificarse en la práctica. El llamado del intendente neuquino de Añelo, el núcleo urbano en el epicentro de Vaca Muerta, a que no vinieran al lugar personas que buscaran trabajo sin contrato y menos con sus familias, no es por no encontrarlo sino por el cuello de botella en la infraestructura. Añelo era un pueblo de escasos 3.000 habitantes hace una década y proyecta casi 20.000 para el año próximo. Este efecto se repite, con menor intensidad en las diferentes ciudades cercanas al yacimiento, tanto en Neuquén como en Río Negro.
La zona se convirtió en uno de lo oasis productivos de los últimos dos años. El informe del Centro de Investigación en Finanzas de la Universidad Di Tella arroja un deterioro de los indicadores adelantados de actividad en agosto de 2026, con alta probabilidad de salida de la fase expansiva. El Índice Líder (IL), desestacionalizado, cayó 0,27% mensual y se ubicó en 122,45 puntos (base 2004=100): en términos interanuales retrocedió 1,05%. Constituye la segunda baja consecutiva desde septiembre pasado cuando comenzó una secuencia ascendente. No significa una recesión generalizada, pero sí un escenario de “meseta” sin un punto de inflexión a la vista.
Por otra parte, el último informe de la consultora Invecq señala que el empleo privado registrado volvió a caer en junio 0,1% contra el mes anterior. Pero lo llamativo es que los asalariados privados también disminuyeron 0,1% mensual, manteniendo una trayectoria prácticamente ininterrumpida de caídas desde junio de 2025, con la única excepción de febrero de este año, cuando se mantuvieron estables. Además, agrega que desde diciembre de 2025 se perdieron cerca de 46.000 puestos asalariados privados registrados, mientras que frente a noviembre de 2023 la caída asciende a 246.300 empleos. No es un dato fortuito: según el monitoreo que realiza FUNDAR, en junio pasado (el último dato) se contabilizaban 31.242 empresas menos que en noviembre de 2023 pero casi la mitad de ellas (16.386) había desaparecido en un año (junio 2025-2026). El total de empresas quedó, entonces en 481.0000, casi 59.000 menos que en febrero de 2012, que marca el pico de la serie y también el inicio del ciclo de estancamiento de la economía argentina. Todo tiene que ver con todo.
Dar trabajo. El futuro próximo no parece augurar que el empleo privado se recupere precisamente por la dinámica de la actividad económica, sobre todo la de los sectores “perdedores”. Según el análisis de Invecq, la actividad económica acumuló un crecimiento de 1,9% interanual durante el primer semestre de 2026, pero si se compara junio 2026 vs. diciembre 2025 la actividad muestra una contracción de -1,1% sin estacionalidad. Ya en el tercer trimestre la industria manufacturera cayó 5,0% mensual desestacionalizado, la construcción -4,6% y -minería y petróleo 0,9%. En la industria, este retroceso llevó al nivel de producción al mínimo desde junio de 2024 y entre enero y julio de este año acumuló una caída de 2,6% interanual, mientras que la construcción (el sector que más expulso trabajadores) pese a acumular un crecimiento cercano al 1,7% en los primeros siete meses del año, volvió al menor nivel desde marzo. “Incluso minería y petróleo, que continúa siendo uno de los principales motores de la economía y acumula una expansión de 7,7% interanual., registró caídas mensuales tanto en junio como en julio”, advierte.
La evolución del empleo privado y del nivel de actividad económica se convirtieron en uno de los ejes centrales del debate económico argentino de los últimos meses. Para Lucas Pussetto, profesor de Economía en IAE Business School, distintas lecturas conviven sin mayores matices: “para unos, la reactivación productiva ya se refleja en la creación de puestos de trabajo; para otros, el estancamiento del empleo formal es prueba de que la recuperación es apenas estadística y no llega en profundidad a la economía”, subraya. Pero ambas posiciones, tienden a tratar la variación del empleo como si tuviera una sola causa, cuando señala que en la realidad argentina confluyen dinámicas de naturaleza y horizontes temporales muy distintos. Para el economista, no hay demasiadas dudas de que el nivel actual del tipo de cambio, cierta apertura de importaciones, elevadas tasas de interés y la austeridad de la política fiscal no sólo no incentivan la creación de empleo a corto plazo, sino que incluso pueden forzar a las empresas más comprometidas a reducir la cantidad de empleados. “A esto se suma la informalidad y el costo laboral, que sigue siendo alto, aunque probablemente su peso relativo al momento de explicar las variaciones sea menor al que se le atribuye”, agrega.
La otra dimensión. Finalmente, Pussetto lo estructural es muy importante porque el cambio de matriz productiva y exportadora, con la energía y la minería ganando peso, implica la generación de empleo de alta productividad, pero baja intensidad laboral relativa. “El derrame en esos sectores (sobre todo en empleo indirecto) llevará tiempo y, por otra parte, la irrupción de la inteligencia artificial (IA), todavía incipiente ya es visible en la composición de las contrataciones y particularmente en perfiles junior de servicios profesionales” analiza. Como ocurre en otras partes del mundo, la evidencia internacional el efecto neto dependerá de si la IA termina complementando o sustituyendo tareas, algo que en Argentina todavía no está medido con series propias.
Vinculado a este factor clave en el futuro inminente, sonaron las alarmas con los últimos resultados de las pruebas PISA, una evaluación internacional realizada por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) cada 3 años a jóvenes de 15 años de edad escolarizados, para medir sus competencias en lectura, matemática y ciencias mirando su ingreso al mercado laboral. Se vienen realizando desde el 2000 y los resultados recientes son los de 2025. Participaron 91 países a través de una muestra de 760.000 alumnos que representan a 33 millones de jóvenes. Los puntajes estiman la proporción de jóvenes con habilidades insuficientes, aquellos con habilidades básicas y los que tienen habilidades aptas para el mercado laboral.
A juicio de Jorge Colina, economista de IDESA, los resultados en dichas pruebas son muy frustrantes y preocupantes. “No se justifican por el deterioro socioeconómico sino por haber centrado la política educativa en el presupuesto, cuando la experiencia de otros países demuestra que con mejores incentivos se pueden lograr mejores resultados”, destaca. Lo preocupante es, en esta coyuntura argentina, que el deterioro es persistente y se observa en todas las competencias que se evalúa. Tomando como referencia la evaluación de competencias en lectura aparece que el 60% de los jóvenes tiene insuficiente capacidad de lectura y un 24% tiene capacidades básicas. Esto implica que sólo un 16% tiene capacidades apropiadas para conseguir un buen empleo formal. En la evaluación del año 2000 este porcentaje de jóvenes que entendían lo que leen era del 30%. Incluso, comparando con los resultados obtenidos por Perú, un país con la rara combinación de estabilidad económica y precariedad política, muestran el retroceso argentino en la región.
Para Colina, la profundidad de la crisis y la caída en la natalidad deberían ser razones suficientes para cambiar de estrategia. “Hay cada vez menos niños, por lo tanto, el sistema contará con más recursos por alumno de manera automática y esto debería llevar a hablar menos del presupuesto y más de la gestión”, concluye. Lo que en una planilla Excel parece natural de trasladar a la realidad, choca con problemas estructurales que, muchas veces, parecen ajenos a la economía.


















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