Si hay algo que distingue a Javier Milei es una inagotable ira, una tormenta de emociones violentas que arrastra desde mucho antes de llegar al poder. Esa bronca, que lo hizo saltar a la fama mediática, se convirtió hoy en una política de Estado. El Presidente llena de insultos a sus críticos, propone “quemar en la hoguera” a los periodistas, mientras que su Gobierno se niega a cumplir preceptos básicos de la Constitución como cumplir con las leyes que el Congreso legisla o reconocer a Lula como el legítimo mandatario de Brasil. El odio personal que carcome a Milei se convirtió en una máquina industrial y política.
Estrategia. Este sentimiento negativo es una de las banderas con las cuales la nueva derecha creció por todo el mundo: la idea es direccionar esa emoción fuerte hacia uno o más grupos minoritarios a los cuales se les achaca ser los culpables de una degradación cultural o económica. Si Hitler, un siglo atrás, construyó la figura del judío como el gran chivo expiatorio, la nueva derecha del planeta busca figuras como los musulmanes, el inmigrante, el “comunista”, el feminismo, el periodismo y siguen las firmas. De hecho, para investigadores como Daniel Feirstein -autor del pionero libro “La construcción del enano fascista”, de 2019- esta capacidad de mecanizar la ira de una sociedad es la que emparenta a estos regímenes con los totalitarismos del siglo pasado. “Al fascismo se lo puede entender como la capacidad de utilizar políticamente emociones como el odio, pero movidas horizontalmente", dice.
El caso argentino tiene una enorme particularidad con respecto a todos los otros ejemplos de líderes ultraderechistas del globo. Esa originalidad tiene nombre y apellido. “Cuando Javier se pone loco se pone loco en serio, porque está humanamente roto, y ese odio es de verdad”, definió el dirigente liberal Yamil Santoro a su otrora compañero de ruta, para el libro “El Loco”. Empujado por el odio real de Milei, el Gobierno lleva esa política a terrenos desconocidos en este país: abraza una narrativa xenófoba a la vez que empuja leyes en ese sentido, se rodea de figuras como Agustín Laje que festejan “cada bala para un zurdo, son nuestros enemigos”, o de Nicolás Márquez, biógrafo presidencial, que trata a los homosexuales como “sodomitas, pervertidos y anormales”, mientras que el mandatario acusa a sus críticos de ser como “boxeadores que pegan fuerte y no se bancan el vuelto”. La última avanzada de Milei contra el periodismo llegó a tal extremo que Gladys Cabezas, la hermana de José Luis, escribió un emocionante texto en el que asegura que la perversa frase del libertario de “quemar a los periodistas en la hoguera” la hizo acordar a aquella fatídica madrugada de 1997 (ver pág. 30).
Cada uno de estos episodios son avances de Milei y de su gobierno sobre la salud democrática del país. ¿Hásta dónde va a llegar? ¿Hasta dónde el resto de la política y las otras instituciones que deben regular estos compartamientos se lo van a permitir?
POLíTICA | Hoy 07:03
Javier Milei y la máquina de odio: una política de Estado
El Presidente llevó su ira personal a ser uno de los pilares del Gobierno. Desde los ataques al periodismo a la deshumanización del otro.
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