En el operativo para sacar a Flávio Bolsonaro y su familia de Brasil se coló una interna argentina protagonizada por uno de los hombres más influyentes del Gobierno, Santiago Caputo, y por el empresario Leonardo Scatturice.
En la Casa Rosada quisieron contar la fuga de Bolsonaro como una operación exitosa: el candidato derrotado por Lula da Silva en el balotaje del domingo 25, aterrizó el miércoles 28 a las 10.30 en Opa-locka, Miami, con su esposa y sus dos hijas, proveniente de Misiones, adonde había huido en primera instancia. Quienes siguieron de cerca las 48 horas previas hablan de otra cosa: de una carrera paralela, de filtraciones y de un segundo avión en Posadas que nadie admite haber contratado, pero que fue pensado como un plan B en caso de que el plan A tuviera inconvenientes.
Para entender la intriga hay que empezar por el final del recorrido. Sin el visto bueno de Estados Unidos, Flávio no iba a ningún lado. Viajaba con pasaporte italiano y no tenía la ESTA, una autorización electrónica que exige el programa de exención de visas. Washington le otorgó visas a toda la familia el día anterior al vuelo: sin esa firma, el avión no podía despegar. La administración de Donald Trump conocía el plan. El propio Trump lo dijo a su manera: "Le dimos un salvoconducto para entrar al país, así que veremos… pero no me involucraré".
Quien ayudara en ese plan de fuga quedaría bien parado ante el gobierno de Estados Unidos. Desde los primeros meses de la gestión libertaria, el nexo con la potencia del Norte tuvo dos nombres, los de Caputo y Scatturice, quienes incluso llegaron a celebrar un contrato en el que el empresario radicado en Miami funcionaba como un lobbista contratado por la SIDE. Pero algo se rompió. En el oficialismo hablan de una relación deteriorada, con contratos que se cayeron y negocios que no rindieron lo prometido. El escape de Bolsonaro iba a ser el primer gran examen después de esta ruptura, y tuvo señales inesperadas.
El lunes 26 de octubre, la empresa Baires Fly fue contactada por un broker americano, especializado en contratar chárters aéreos, para llevar a una familia brasileña de Iguazú a Florida. El vuelo costó unos 160 mil dólares y lo pagó ese broker. Esa misma noche despegó de Aeroparque el Gulfstream G400 matrícula LV-JQW. Aterrizó en Puerto Iguazú antes de la medianoche. En la declaración general del vuelo, con sellos de Aduana y Migraciones, se anotó en birome "04 pax -por pasajeros-, 03 tripulantes"; en el manifiesto, Flávio figuraba como "Nantes Bolsonaro Flavio", de nacionalidad italiana. El despegue estaba previsto para las dos de la madrugada del martes, pero se retrasó porque Bolsonaro aún no había llegado desde Brasil. En Misiones aseguran que ya desde el día anterior, el lunes, Santiago Caputo estaba en Iguazú, alojado en el hotel Meliá, a pocos kilómetros de la pista. Fue clave en el operativo de fuga.
Pero en este punto es donde aparece Scatturice, de estrecho vínculo con Daniel Hadad y su portal Infobae. A las dos de la madrugada del martes, a la misma hora en que inicialmente iba a salir el avión desde Posadas, ese medio periodístico publicó que Bolsonaro "habría salido de Brasil" y viajaría a Estados Unidos en un vuelo privado desde la Argentina. La nota era, al menos, prematura: en ese momento Flávio todavía estaba en Brasil y cruzaría el puente Tancredo Neves recién 21 horas después. ¿Detrás de esta información estuvo Scatturice?
En el Gobierno, la publicación de Infobae cayó muy mal. El operativo aún era un secreto de un puñado de funcionarios y la fake news comprometía el trabajo que estaban liderando agencias de Inteligencia de Estados Unidos.
Durante el martes circuló, además, la información falsa que el avión estaba retenido en Iguazú porque la ANAC no le había dado autorización para volar a Estados Unidos.
Plan B. Mientras todas las miradas estaban en Iguazú, en el aeropuerto de Posadas se esperaba un avión privado desde Estados Unidos, el Gulfstream V matrícula N776MA, que el martes 27 de octubre voló de Fort Lauderdale con destino a Posadas y fue desviado a Asunción. El dato no es menor: el destino original del plan A también era Fort Lauderdale, la misma ciudad desde la que salió el avión del plan B que terminó en Paraguay. Ese N776MA es el mismo avión que trajo a Lionel Messi a Rosario el 8 de agosto, cuando viajó de urgencia a despedir a su padre: aquella vez cubrió sin escalas, en poco más de ocho horas, el tramo entre Florida y la Argentina. Desde julio, ese avión figura a nombre de GLF5 629 LLC, una sociedad de Delaware, la clase de estructura que hace casi imposible saber quién está detrás. En la industria de la aviación ejecutiva lo ubican como una aeronave que suele orbitar los hangares de Surjet, la operadora de taxis aéreos de Scatturice.
Tanto en el Gobierno como en la industria aeronáutica llegan a la misma conclusión y unen los puntos así: la primicia de las 2 de la mañana de Infobae y la versión de la ANAC habrían buscado voltear el vuelo de Baires Fly, para así poner a disposición el avión que llegaba desde Fort Lauderdale. Quien lograra llevar a la familia Bolsonaro a Estados Unidos conseguiría el beneplácito del gobierno de Trump. La principal sospecha apunta a Scatturice, que estaría hoy distanciado de Caputo y no tendría empacho en "ganarle" la competencia por congraciarse con la administración norteamericana.
Desenlace. Al final se impuso el plan A. El martes a las 22.50, Flávio cruzó el puente con su familia, en vehículos de una empresa de turismo de Foz do Iguaçu. Del lado brasileño no hubo control policial: el cruce por tierra le evitó el registro formal de salida que habría tenido en cualquier aeropuerto. Una camioneta de la Policía de Seguridad Aeroportuaria escoltó a la comitiva hasta la pista. A las 23.30 subió al LV-JQW. A las 0.21 del miércoles, el Gulfstream despegó con una ruta diseñada para esquivar el espacio aéreo brasileño y sobrevoló Paraguay. Recién a las 2.01, con el avión fuera del país, Migraciones comunicó que la familia había entrado y salido "con documentación hábil de viaje sin ningún impedimento legal". A las 3.46 el Gulfstream aterrizó en Guayaquil, Ecuador, para cargar combustible. De ahí siguió a Opa-locka, un aeropuerto ejecutivo a unos 20 kilómetros de Miami. El avión del plan B pegó la vuelta para Fort Lauderdale el miércoles a las 15.30 y llegó a las 23.30. Un vuelo de este tipo –ida y vuelta– tiene un precio de mercado de unos 340 mil dólares.
Interna. El involucramiento de Santiago Caputo en el operativo y los trascendidos de que la SIDE habría participado del escape de Bolsonaro abrieron la puerta para que la Comisión Bicameral de Fiscalización de los Organismos de Inteligencia haga un pedido de informes al Gobierno para que explique la participación de los espías argentinos.
La Bicameral de Inteligencia es presidida por Sebastián Pareja, el armador bonaerense de Karina Milei y uno de los dirigentes que más se empeñaron en frenar la expansión de Caputo. Pareja habilitó un pedido de informes de 14 preguntas dirigido a la SIDE que lidera Cristian Auguadra. Lo firmaron los peronistas Agustín Rossi, Rodolfo Tailhade y Ramiro Gutiérrez, pero el blanco tiene nombre propio: quieren saber si Caputo se comunicó con Auguadra, si impartió instrucciones, si la SIDE se encargó de su traslado de Buenos Aires a Puerto Iguazú, si se usaron vehículos oficiales o fondos reservados y si hubo contactos con servicios de Estados Unidos, Ecuador y Paraguay.
También preguntan si la SIDE tiene contratos con Baires Fly, y piden la nómina de agentes desplegados en Iguazú entre el 25 y el 28 de octubre.
El pedido de informes es un capítulo más en la interminable interna de Caputo con los hombres que responden a Karina Milei. Ese sector encontró en el escape de Bolsonaro la excusa para meter la lupa en la SIDE, un territorio que el asesor considera propio y que defiende a capa y espada no solo por su influencia sino también por su caja.















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