Saturday 17 de October, 2026

ECONOMíA | Hoy 07:24

El colchón del Banco Central, la batalla que viene

El Gobierno hace su prevención ante una demanda de dólares creciente antes de las elecciones.

Los datos no pueden esconderse, pero sí puede variar la interpretación que puede realizarse sobre ellos, incluso para enlazar causas y efectos o bien para delinear tendencias. La economía argentina mostró, en el segundo y tercer trimestre de este año (marzo-septiembre) una desaceleración en el nivel de actividad, que de por sí ya venía castigado en los sectores de la industria que generan más empleo (construcción, textil y metalmecánica), acompañado de una débil respuesta de los servicios urbanos.

La línea. A contramano, los precios, que consiguieron este mes estar nuevamente por debajo del piso del 2% (pero más alto que el 1,7% en agosto), todavía acumulan una inflación minorista de 33% para la medición interanual. La explicación más coherente del Gobierno es que el “riesgo kuka” siembra incertidumbre y oficia de lastre. Para el grueso de analistas económicos, recién en este último trimestre mostró algo de recuperación y pudo estabilizarse con un IPC que es casi la mitad del pico de este verano. Una factura cara pasó el apretón monetario del año anterior cuando el riesgo no era la de una derrota en una elección presidencial sino la que la expectativa de un mal resultado a nivel nacional retroalimentara el temor más fundado: una corrida cambiaria.

La necesidad de enfrentar la oleada compradora de dólares a cualquier precio obligó a poner las tasas por las nubes, con el inicio de un ciclo de iliquidez y morosidad en las carteras personales que generó otra ola de explicaciones cruzadas: si era el efecto no deseado de los ingresos en caída u obra del sobre endeudamiento de las familias para financiar su “ajuste”. Por ejemplo, el crédito otorgado a las personas físicas alcanzó a $101,9 billones, que en términos reales representa un incremento del +0,8% mensual y +3,9% interanual, según un estudio que realizaron para la Universidad Austral Marina Dal Poggetto y Sebastián Menescaldi. “A pesar del leve repunte mensual, el crédito en términos reales (medido a precios de agosto 2026) todavía es menor al máximo de diciembre pasado, y no logra volver a crecer”, sostienen.  Además, o como parte de este proceso de apretón monetario y la consecuente suba en el verano pasado de la tasa de interés, la mora por monto es el 18,4% del crédito informado, aumentó +0,3% respecto del mes previo y +9,8% interanual, acumulando 22 meses consecutivos de aumento.

Por otro lado, la demorada reactivación da lugar al panorama con cada vez más consenso entre los economistas de una “meseta” en que el promedio marca un estancamiento pero que maquilla el congelamiento de una situación de crecimiento en algunos sectores con la permanencia en niveles de subsuelo para otros. Como destaca el reciente análisis de Invecq, en agosto la recuperación fue parcial en los tres indicadores sectoriales: la industria creció 1,9% mensual desestacionalizado, luego de caer 5,1% en julio, para quedar -3,3% por debajo de junio y acumulando una caída de 2,7% interanual en el período enero-agosto. En la construcción, esta vez el avance mensual fue de +0,4%, pero posterior a una baja de 4,4%, por lo que apenas recuperó una décima parte de su retroceso, aunque con una leve expansión de 0,8% en el acumulado del año. Finalmente, la caída mensual de la minería (que incluye petróleo y gas y minerales no metálicos) en agosto rebotó +1,9% y dejó al sector -1,8% por debajo de junio.

Atención.Esto es una luz de alerta en el tablero macro justo cuando la política económica necesita despejar incertidumbres, mostrar capacidad de controlar eventuales corridas y disciplinar el gasto para que, aún en plena campaña, el superávit primario siga existiendo. Cada acuerdo con un gobernador, cada trámite legislativo que precise más voluntades para armar o desarmar minorías, tendrá algún correlato en las cuentas fiscales que, por ahora, son la verdadera ancla del programa económico.

Para el tercer trimestre, los números preliminares marcan que la actividad económica sigue fría en especial la ligada al mercado interno, con el aporte de los sectores ganadores (minería, agro y energía) que permiten que la actividad todavía crezca levemente, compensando el pobre desempeño de los sectores ligados al consumo interno. “Estos no logran repuntar por un mercado laboral que no genera empleo privado, salarios reales que apenas se recuperan en el margen y un crédito que no despega, en especial a las familias, con tasas de interés reales muy elevadas”, explican. Para el cierre de 2026, en Invecq esperar un crecimiento económico cercano a 1,5%, pero que para alcanzarlo requeriría una recuperación significativa de la actividad en el cuarto trimestre, luego de un tercer trimestre que se encamina a confirmar la recesión técnica, con una predicción para 2027 similar.

El otro condimento que este virtual estancamiento genera es la dificultad cada vez mayor de recortar el gasto no automático (las partidas destinadas al pago de jubilaciones y pensiones, que son más de la mitad del presupuesto nacional)

para generar el superávit necesario para sostener el superávit primario sin la ayuda de una recaudación tributaria en retroceso. “Tras tres años de fuerte ajuste en erogaciones discrecionales, queda cada vez menos margen para bajar el peso del gasto público a futuro”, afirman en su último estudio Marcelo Capello y Gaspar Reyna responsables de la Sección Fiscal del IERAL. Por ejemplo, sólo en el gasto en jubilaciones se observa un gasto en 2026 superior en más de 1% del PBI respecto a su nivel mínimo de 2025, tras haber licuado fuertemente los haberes entre 2018 y 2024. “A futuro, se requerirá una reforma previsional para que la contención de estas erogaciones en próximos años resulte de dar más racionalidad al sistema, y no de licuaciones adicionales en los haberes jubilatorios”, concluyen.

Según datos oficiales analizados por el IARAF, la recaudación tributaria propia acumulada a agosto de 2026 del consolidado de provincias y CABA tuvo un descenso en términos reales del 3,2% respecto al mismo período del año 2025. “Del conjunto, 19 de las 24 jurisdicciones tuvieron descensos de recaudación, siendo Misiones (-20,9%), La Rioja (-13,2%) y Tucumán (-6,0%) las de mayor caída y de las 5 jurisdicciones con incremento, Entre Ríos (+3,5%), Río Negro (+4,2%) y Neuquén (+6,6%) fueron las de mayor variación”, detalla su presidente, el economista Nadin Argañaraz.

El escudo verde. El fantasma de los banquinazos financieros en plena recta electoral termina, como otras veces, en una constante dolarización de las carteras de activos de los ahorristas que son las “personas físicas” que mes a mes compran entre US$2.000 y US$3.000 millones, con picos como el de julio (quizás explicado por el impacto del turismo exterior que sigue siendo deficitario, aunque con menor relevancia). Esto produce un dato curioso: aún en el año con una proyección de superávit comercial que superaría los US$25.000 millones, casi la tercera parte del volumen récord de exportaciones (rompiendo el techo de US$100.000 millones nominales) se destinaría al ahorro, tanto en su modalidad “colchón” como en las cuentas en moneda extranjera que volvieron a los niveles anteriores a la devaluación de 2018. El quipo económico aspira a comprar US$20.000 millones para fin de año (ya paso los US$15.000 millones en los 9 primeros meses del año), para engrosar las reservas brutas que hoy ya superan los US$50.000 millones. Es su arma preferida, dicen, para ahuyentar las corridas financieras y ya lo nominaron su “bazuka”. Claro que el otro as en la manga podría ser la capacidad del Tesoro norteamericano de convencer a propios y extraños de su voluntad de salir al auxilio del “amigo” en problemas. Un solo tuit del secretario Scott Bessent bastó en las elecciones legislativas para hacerlo. ¿Bastará algo similar el año próximo con mucho más en juego?

 

 

 

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por Tristán Rodríguez Loredo

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