Minería (Cedoc)
La cuenta final del empleo
El desafío de pasar de la oportunidad a desarrollar nuevas capacidades productivas.
Argentina LNG, el proyecto impulsado por YPF para producir y exportar gas natural licuado, presentó este mes su solicitud de adhesión al RIGI. La inversión prevista asciende a USD 51.000 millones y se proyectan USD 15.000 millones de compras de bienes y servicios a proveedores nacionales. Según estimaciones de YPF, durante la construcción el proyecto generaría unos 20.000 puestos de trabajo anuales (entre directos e indirectos), con picos de hasta 40.000. Una vez operativo, sostendría alrededor de 8.000 empleos directos e indirectos. La noticia pone nuevamente en agenda una discusión relevante. Los sectores que hoy lideran el crecimiento en Argentina (minería, energía y agro) son intensivos en capital y generan relativamente poco empleo directo en relación con el volumen de inversión y producción. Sin embargo, medir su impacto laboral únicamente por los puestos que generan de manera directa puede ser incompleto. Su capacidad de creación de empleo depende también de los encadenamientos que desarrollan con otros bienes y servicios y del efecto multiplicador que esos vínculos generan sobre el resto de la economía.
Australia ofrece un buen ejemplo de esto. En las últimas décadas, la minería ganó peso en su estructura productiva y pasó de representar alrededor del 5% del PBI en 1990 a cerca del 15% en la actualidad. Este cambio estructural tuvo impacto a nivel geográfico en el empleo: entre 1990 y 2025, Queensland y Western Australia, dos de los principales estados mineros, aumentaron su participación en el empleo nacional en 3,7 y 1,9 puntos porcentuales, respectivamente. Al mismo tiempo, New South Wales y Victoria, donde se ubican los grandes centros industriales de Sidney y Melbourne, perdieron peso.
Lo que sucedió en Australia fue que las empresas mineras enfrentaban problemas operativos específicos (por las distancias, las condiciones geológicas y la escala de los proyectos) para los cuales los proveedores internacionales no siempre ofrecían soluciones adecuadas. Esa demanda abrió espacio para que empresas locales desarrollaran soluciones específicas que, con el tiempo, terminaron exportando al mundo. De esta forma, se consolidó el ecosistema de proveedores de equipamiento, tecnología y servicios conocido como METS (Mining Equipment, Technology and Services) alrededor de la actividad minera. El sector incluye actividades que van desde ingeniería, equipamiento y mantenimiento hasta software, automatización y servicios especializados. Una estimación de Deloitte para 2019-20 calculó que minería y METS sostenían unos 483.000 empleos directos y cerca de 648.000 indirectos en Australia: más de 1,1 millones de puestos de trabajo, y alrededor del 11% del empleo del país.
En Chile se ve algo parecido. En el 2025, la minería empleaba directamente a más de 300.000 personas, pero generaba otros 900.000 empleos de manera indirecta. En total, más de 1,2 millones de puestos de trabajo, equivalentes al 13% del empleo del país. Según el Consejo Minero chileno, por cada empleo directo en minería se generan alrededor de 3 empleos indirectos.
Según estimaciones del Ministerio de Producción, en Argentina la extracción de petróleo y minería están entre los sectores de mayor potencial de generación de empleo indirecto. En el sector petrolero, por cada puesto directo se generan más de cinco puestos adicionales de manera indirecta; en minería, el empleo indirecto representa cerca de la mitad del efecto total sobre el empleo.
El impacto total tiene que ver con cuánto tejido productivo se forma alrededor de los grandes proyectos. Si el crecimiento de energía y minería que hoy atraviesa Argentina logra traccionar proveedores, tecnología y servicios locales, su efecto sobre el empleo puede extenderse bastante más allá del yacimiento o de la mina. Para las empresas argentinas, la pregunta relevante puede ser qué problemas nuevos van a necesitar resolver estos sectores y qué productos o servicios pueden ofrecerles. El principal desafío estará en convertir la expansión de los recursos naturales en una oportunidad para desarrollar nuevas capacidades productivas.
* Colaboradora científica en IAE Business School
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