A comienzos de la década del 2010, Javier y Karina Milei estuvieron un largo tiempo, un año o más, sin dirigirse la palabra. El mayor de la familia se había convencido de que el padre de ambos, el tiránico Norberto, le había robado dinero, y cuando su hermana intentó defenderlo, el vínculo estalló. “Sos una traidora”, le gritó el libertario. Los pocos amigos que tenía en aquel momento intentaron durante todo el lapso que duró esa pelea fraticida recomponer la relación. Eventualmente lo lograron y cerraron lo que fue el primer gran conflicto entre ambos.
Para encontrar otra riña de este calibre entre los Milei hay que adelantar mucho el reloj. Fue en agosto de 2023. Prácticamente nadie se enteró, con un país conmocionado por la entonces inesperada victoria de La Libertad Avanza en las primarias, pero Karina pasó más de un mes sin dirigirle la palabra al hermano. Había hecho algo que ella consideró imperdonable: blanquear un noviazgo -que ella ni siquiera sabía que existía- ante todo el mundo, en el discurso en la noche de la elección. La líder del partido no sólo cortó la comunicación sino que incluso desapareció por completo de la campaña. El reloj electoral y las distintas obligaciones -más el operativo demolición que arrancó desde el primer minuto contra Fátima Flórez- la terminaron acercando de nuevo a su hermano.

El vínculo, entonces, está lejos de ser armónico. Es simbiótico y hasta parecer ser indestructible, pero los desacuerdos, que muchas veces escalan a gritos y palabras fuertes, son parte de la rutina. Incluso, como se acaba de contar, hay períodos donde el enojo llega al punto tal de desconocerse. Sin embargo, lo que sucedió en los últimos días a raíz del Olivosgate es una novedad en toda regla en esa relación.
Primero porque es la primera vez que se pelean a este nivel desde que son Gobierno. Pero también porque nunca antes el Presidente había logrado imponerse con tanta contundencia frente a su hermana. Siempre había sido al revés: cuando ella marcaba a un funcionario cercano al libertario, más temprano que tarde este terminaba eyectado. Esta vez el economista logró cargarse a Belén Agudiez, la persona más cercana a la menor de la familia de todo el organigrama estatal, en tan sólo unos días. El cruce, cuentan desde Olivos, fue furioso.
Esto, que a primera vista podría parecer tan sólo una escena más del disfuncional vínculo entre dos hermanos disfuncionales, se convirtió en un asunto de Estado. Y todo estalló por compras de carne picada, pollos congelados, la intoxicación de un perro y las paranoias del libertario. Son todas postales de la casta lumpen.














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