Saturday 26 de September, 2026

CULTURA | Hoy 03:52

Ficciones de Vaca Muerta: 5 escritores en los paisajes del fracking

Son Gabriela Cabezón Cámara, Magalí Etchebarne, Michel Nieva, Gabriela Borrelli Azara y Claudia Aboaf y sus textos pueden leerse en el volumen “Frackibacter Vaccamortensis”. ¿Puede el arte servir para crear conciencia?

Si Vaca Muerta es, desde hace años, la cifra de un milagro que promete liberarnos de todas nuestras tragedias económicas, el “fracking” (la clase de explotación petrolera que requiere este yacimiento) es el símbolo más perfecto de un daño ecológico irreversible. Sus consecuencias ambientales van desde la contaminación del agua y las emisiones de metano, hasta un incremento en los sismos que obligan a la población del lugar a emigrar, combinando así diversos impactos sociales.

Científicos, políticos y militantes ecologistas han declarado en los últimos años el alerta en torno a esta zona de la Patagonia. Sus denuncias forman parte del debate global sobre energía y cambio climático. Pero, en Vaca Muerta, la relación costo-beneficio no es una fórmula que hoy pueda contemplarse. La imagen de un futuro de prosperidad descomunal es más fuerte que la consideración de las consecuencias. Y nuestras crisis económicas eternas avalan la indiferencia, aunque no quede claro si el modelo de explotación actual beneficiará a la mayoría.

 

Vaca Muerta

 

¿Puede el arte funcionar de manera más efectiva que los discursos habituales para señalar las peores consecuencias del “fracking”? “¿Cuál podría ser la resonancia tanto emocional como racional, si en lugar de manejar datos que deberían alarmar (…) nos acercáramos al arte?”, se pregunta el periodista Pablo Schanton en el prólogo del libro “Frackibacter Vaccamortensis. Ficciones sobre el petróleo”, un pequeño volumen que reúne los textos de cinco importantes escritores argentinos que viajaron a Vaca Muerta y contaron su experiencia, publicado por la editorial Tenemos las máquinas.

Los autores son Gabriela Cabezón Cámara, Magalí Etchebarne, Michel Nieva, Gabriela Borrelli Azara y Claudia Aboaf y fueron convocados por el Proyecto Eco Eco, una agrupación que lleva largo tiempo experimentando con diferentes formas artísticas para hablar del impacto ambiental negativo.

 

Libro

“Convocamos a artistas de distintas disciplinas y viajamos al territorio, en este caso a Añelo, para

que vean, en primera persona, los efectos del 'fracking' en el hábitat y las comunidades. La propuesta es generar obras auténticas e inéditas y romper con el imaginario que se instaló alrededor de Vaca Muerta donde lejos de la fortuna prometida, nos encontramos con territorios profundamente

intervenidos, contaminados y con gente invisibilizada”, explica a NOTICIAS Pablo Schanton, quien junto a Marina Aizen y Daniel Borrelli Azara integran el proyecto.

Un interesante ensayo de Valeria Meiller, investigadora de la Universidad de Stony Brook y especialista en “necroterritorios” de la Argentina, hace especial hincapié en el daño que Vaca Muerta ejerce sobre poblaciones originarias eternamente desalojadas de su espacio de origen.

“Lo que buscamos es diversificar la conversación sobre ambiente e hidrocarburos, trayendo nuevas miradas descontaminadas de las narrativas del poder, la industria y la prensa”, concluyen desde Eco Eco.

 

Vaca Muerta

 

Los relatos

Gabriela Cabezón Cámara no sólo es una de las más importantes escritoras argentinas de la actualidad, además es una incansable militante por la protección del agua y el suelo. Ese fue su alegato cuando inauguró este año la Feria del Libro de Buenos Aires. Para “Frackibacter Vaccamortensis” escribió “El camino del oleoducto”. Allí sigue el recorrido de una “antropóloga” que dialoga con la gente de Sauzal Bonito, muy cerca de Añelo, ciudad central de Vaca Muerta. Las voces de la población se escuchan en la narración sobre un suelo en permanente temblor, que destruye paredes, techos y animales. Pero la destrucción no se detiene en el yacimiento. Sigue el recorrido del petróleo en refinerías, barcos, mares y guerras.

 

Gabriela Cabezón Cámara

 

Cuando le preguntamos qué le gustaría transmitir con sus textos en relación a esa destrucción, responde: “Que a alguien le resuene la injusticia enorme, loca, de sacrificar poblaciones enteras de seres humanos y no humanos en aras de un desarrollo que es falso, porque no llega nunca. Estas poblaciones que se sacrifican son presentes y futuras. La vida que se mata, que se va a matar, por ejemplo, en Puerto Pirámide, Península de Valdez, no vuelve enseguida. Cuando el petróleo se acabe en 20 o 30 años se va a volver un desierto muerto. Son generaciones enteras que no van a poder comer peces. Toda esa muerte gratuita, ¿para qué?”.

 

Magalí Etchebarne

 

Magalí Etchebarne, cuentista y poeta, elige el camino de la desolación y la muerte para narrar su historia, “La parición”. Nos explica que el texto surgió a partir de la impresión de un paisaje muy particular, “desierto en partes, con casas y familias afectadas por la extracción y con una relación íntima con sus animales”. Imagina un colapso que detiene las máquinas y mata a todos los habitantes del pueblo. “Una mujer se queda sola con sus cabras. Poco a poco la vida empieza a volver y la protagonista entra en una zona cada vez más ambigua entre lo humano y lo animal”. “Volver sensible la experiencia” es la única manera en que imagina que su texto podría generar conciencia.

 

Michel Nieva

 

Michel Nieva es quien le pone el título al libro y uno de los escritores más interesantes del panorama literario argentino. Es autor de novelas y ensayos en los que cruza con humor la ciencia ficción con la tecnología y la política. Su “frackibacter vaccamortensis” es una bacteria que crece en los desechos tóxicos de Vaca Muerta y representa la esperanza de replicar la vida terrestre en Marte. Ella es la que lleva adelante su relato, “El manfloro”. En él, la bacteria se sorprende por el nacimiento de un ejemplar hermafrodita de cabra, un hecho que la hace sospechar que la verdadera vida está en la Tierra y que es aquí donde tenemos que quedarnos.

 

La voz de la gente

El cuento de Gabriela Borrelli Azara, “Tembló”, da ganas de seguir leyendo. Uno necesita saber qué les pasó a La Negra y Javier, sus personajes, detenidos frente a la tragedia. Ambos se cruzan en una historia apenas esbozada bajo el temblor constante de la tierra, la sequedad del clima y el paisaje infernal donde los débiles, como siempre, pagan el costo de la fiesta. “La literatura no aporta de forma directa nada, pero dialoga con la conciencia de otra forma: inquietudes, entusiasmos, pasiones, preocupaciones, reflexiones -explica la narradora a NOTICIAS-. Creo que esta serie de textos reunidos conforman una inquietud humana, que tiene diferentes formas de expresarse. Entre realidad, política y literatura hay un desajuste, pero en ese desajuste está el pensamiento. Estos textos de alguna manera son una reflexión literaria, una mirada fantasiosa en ocasiones, que señala de manera indirecta ese territorio”.

 

Gabriela Borrelli Azara

“La literatura es una micropolítica cuando conmueve -explica Claudia Aboaf a NOTICIAS-. A diferencia de cierto periodismo ambientalista que te dice qué hacer, una narración tiende un puente sensible hacia la complejidad del mundo, con los y las lectoras”. Su cuento, “La canción humana”, es un relato fantástico donde una cantante mapuche-araucana alimenta su voz con algas, la materia que es también petróleo y la causa que trastoca el paisaje marítimo en el que se crió. “ La ciencia ficción puede funcionar como un faro de advertencia. No como una profecía -aunque muchas veces se cumple - sino para ponerte a pensar. Cualquier movimiento social comenzó con un relato. ¿Con qué relatos justifican tanta muerte? Las guerras actuales geopolíticas son por el petróleo. En 'La canción humana', finalmente, dejamos el petróleo, ese manto negro de la historia geológica; debajo de la tierra”.

 

Claudia Aboaf

Si la literatura explica mejor que mil tratados las cosas de este mundo y puede anticipar lo mejor y lo peor que nos espera; los cuentos de “Frackibacter vaccamortensis” cumplen en describir la desesperanza pero también sueñan con una humanidad que restablece su cordura y encuentra su salvación.

 

Vaca Muerta

 

La Ecoficción como género

La llamada “ficción ecológica” lleva muchos años de existencia, pero la creciente preocupación por el cambio climático (traducido en un aumento de las sequías, las inundaciones, las temperaturas extremas y los incendios) han reavivado, en forma evidente, el interés por estas narraciones. Los estilos implicados en la tendencia son varios: thrillers, relatos distópicos, investigaciones de desastres y novelas apocalípticas forman parte del género, también llamado “cli-fi”. Dentro de él se podrían clasificar desde la serie “Chernobyl” hasta la última novela de Ian McEwan, “Lo que podemos saber”, en la que el escritor imagina un mundo sumergido casi por completo, en los próximos 100 años.

Margaret Atwood, Kim Stanley Robinson o Andy Weir, autor del libro en el que se basó la película “Proyecto Hail Mary” son algunos de los exponentes actuales del “cli-fi”.

El éxito de estas historias permite suponer que son muchos hoy los interesados en imaginar cómo podría ser nuestro futuro si la carrera por la energía y el calentamiento global hacen su trabajo de destrucción.

 

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Adriana Lorusso

Adriana Lorusso

Editora de Cultura y columnista de Radio Perfil.

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