La tradición y la experimentación vuelven a encontrarse en el subsuelo del Teatro Colón. Este jueves 17 de septiembre se estrena “La rosa de los vientos”, una nueva creación de Florencia Werchowsky, especialmente concebida para el Centro de Experimentación del Teatro Colón (CETC), un espacio que desde hace más de tres décadas funciona como territorio de búsqueda, cruce de lenguajes y renovación de las artes escénicas. La obra propone un diálogo entre danza, música, teatro e imágenes a partir de dos composiciones corales del estadounidense Michael Gordon: “A Western” y “Anonymous Man”.
Sobre el escenario se encontrarán nueve bailarines y doce cantantes. El elenco de danza reúne intérpretes de distintas procedencias y formaciones, una diversidad que no es un dato accesorio sino parte de la concepción de la obra. Para cubrir seis de los puestos se realizó una convocatoria abierta a la que se presentaron 447 personas del país y del exterior. El resultado es un cuerpo escénico heterogéneo, capaz de poner en tensión diferentes lenguajes del movimiento y de hacer de esa diversidad una materia expresiva.
La novedad de “La rosa de los vientos” está también en la manera en que Werchowsky interviene sobre materiales que, en principio, parecen pertenecer a otros universos culturales. La directora toma la música de Gordon, sus significados y sus símbolos para construir una dramaturgia de imágenes y palabras extranjeras que, sin embargo, resultan reconocibles. Allí aparecen Hollywood, sus héroes y heroínas, sus paisajes y sus objetos convertidos en fetiches. La cultura central deja de ser observada desde lejos para ser apropiada, trasladada al escenario del Colón subterráneo y sometida a una nueva lectura.
El gesto tiene una dimensión política y cultural, aunque la obra no se presenta como un manifiesto. Werchowsky trabaja sobre las tensiones entre centro y periferia, sobre aquello que se importa, se consume y se transforma cuando atraviesa otros territorios. La operación consiste, en buena medida, en devolver esas imágenes desde otro lugar. “La periferia, como sostuvo Borges, es una posición de privilegio. Estar lejos facilita la irreverencia”, plantea la presentación de la obra.
La elección de Gordon tampoco es casual. Sus dos composiciones corales permiten construir una experiencia en la que las voces adquieren una dimensión física y escénica. Los doce cantantes -sopranos, altos, tenores y barítonos- se integran con los bailarines en una puesta que no busca establecer fronteras rígidas entre concierto, danza y representación. La coreografía está a cargo de David Gómez y la dirección musical, de Rodrigo De Caso. Alejandro Quesada realiza la asistencia artística; Santiago Badillo diseña la escenografía y comparte la iluminación con Juan Zoglio, mientras que Victoria Naná está a cargo del vestuario y Francisca Barria Ampuero de la asistencia de dirección.
Para Werchowsky, el proyecto supone además un regreso a un territorio conocido. Directora escénica, escritora, periodista y formada como bailarina de ballet en el Instituto Superior de Arte del Teatro Colón, comenzó su carrera como directora precisamente en el Centro de Experimentación en 2018, con la adaptación de su segunda novela, "Las bailarinas no hablan", publicada en 2017. Desde entonces desarrolló una trayectoria marcada por el cruce de disciplinas y por la incorporación de intérpretes provenientes de mundos diversos. Ganadora del premio María Guerrero por la dirección de “Ensayo del fin del mundo”, sus trabajos también llegaron al Festival Internacional de Teatro (FIBA) y a diversos festivales teatrales internacionales.
Su recorrido encuentra en el CETC un punto de partida y ahora también un espacio de retorno. Allí, donde la tradición del Colón convive con la creación contemporánea, Werchowsky vuelve a desplegar una obra que cruza las fronteras habituales de la escena. No es un detalle menor que el proyecto haya sido comisionado especialmente para este espacio. Buena parte de la identidad del Centro está construida precisamente sobre esa lógica de producir obras nuevas pensadas para su propia sala.
Creado en 1989 por iniciativa de Sergio Renán y Gerardo Gandini, el Centro de Experimentación nació con la intención de renovar el repertorio de ópera y ballet y acercar al público nuevas creaciones. Su primera presentación fue en 1990, todavía sin una sede propia. Durante sus primeros años funcionó en distintos espacios de Buenos Aires hasta instalarse en el subsuelo del Teatro Colón, donde presentó su primera obra en 1993. Con el tiempo amplió su campo hacia el teatro musical, la performance y las propuestas interdisciplinarias, hasta convertirse en uno de los ámbitos destinados a explorar las tendencias más recientes de las artes escénico-musicales.
Esa historia explica, en parte, la singularidad de cada presentación del CETC: allí el Colón no se mira hacia atrás sino que se pregunta qué puede suceder después. Debajo de la monumental sala principal, donde permanece el peso de la tradición, se construyó un territorio para aquello que todavía no tiene forma definitiva. La rosa de los vientos continúa esa tradición de riesgo: nueve cuerpos, doce voces y la música de Gordon para discutir, mediante el movimiento y la escena, la manera en que las imágenes del mundo llegan hasta nosotros y cómo pueden ser transformadas.
Las funciones de “La rosa de los vientos” serán el 17, 18, 19, 23, 24, 25 y 26 de septiembre a las 20.30 y el domingo 20 a las 18, en la Sala Gerardo Gandini del CETC, con ingreso por Viamonte 1168.


















Comentarios