La llamada Ley Johanna, impulsada tras el caso de Johanna Piferrer, garantiza un trato respetuoso y contención profesional en el sistema de salud. (Cedoc)
“Desmadre”, el libro que ilumina el drama silencioso de la muerte perinatal
La escritora Giselle Krüger visibiliza el dolor silenciado de muchas madres, en un contexto donde la legislación argentina comienza a reconocerlo.
En “Desmadre”, su nuevo libro, la periodista y productora televisiva Giselle Krüger se adentra en uno de los territorios más dolorosos y menos narrados de la experiencia humana, el duelo perinatal. Con una prosa intensa y profundamente emocional, la autora aborda la pérdida de un hijo durante el embarazo, un drama silencioso que atraviesan miles de mujeres en todo el mundo y que, durante décadas, permaneció en los márgenes del relato social. El libro se construye como una novela que explora la culpa, el vacío y la devastación emocional que deja una maternidad interrumpida.
La historia sigue a Ana, una mujer que enfrenta el derrumbe de su mundo cuando descubre que el corazón del bebé que esperaba ha dejado de latir. A partir de ese momento, el relato se sumerge en el laberinto del duelo, en la dificultad de nombrar la tragedia y en la soledad que muchas veces rodea a estas experiencias. La novela también entrelaza la figura de una obstetra y el extraño consuelo que algunas personas encuentran en los llamados “bebés reborn”, muñecos hiperrealistas que imitan a un recién nacido y que, para ciertas madres, funcionan como una forma simbólica de procesar la pérdida.
Krüger conoce bien los territorios de la memoria y de las heridas íntimas. Nacida en Buenos Aires en 1985, es periodista y productora ejecutiva de noticieros en América TV y A24. Su primer libro, “Malasangre”, surgió de una investigación personal sobre su propia historia familiar y el oscuro pasado de su abuelo durante la Segunda Guerra Mundial. Con “Desmadre”, en cambio, su mirada se desplaza hacia una experiencia colectiva y profundamente silenciada, la muerte perinatal y el duelo que sobreviene cuando un embarazo termina abruptamente.
La autora explicó que la motivación del libro fue dar palabras a un dolor que muchas mujeres viven en soledad. “El duelo perinatal está rodeado de silencio. A muchas madres les cuesta incluso contar lo que les pasó”, señaló durante una conversación radial, donde también subrayó la necesidad de visibilizar una experiencia que atraviesa a innumerables familias pero que rara vez se integra al discurso público. Para Krüger, la literatura puede convertirse en un espacio donde ese dolor encuentra finalmente una forma de expresión.
La problemática, además, ha comenzado a ocupar un lugar en la agenda pública argentina. En los últimos años se avanzó en iniciativas legislativas orientadas a reconocer y acompañar a las familias que atraviesan una pérdida gestacional o neonatal temprana. Entre ellas se destaca la llamada Ley Johanna, impulsada tras el caso de Johanna Piferrer, que busca garantizar un trato respetuoso y contención profesional en el sistema de salud para las madres que atraviesan una muerte perinatal, así como también visibilizar estas pérdidas que ocurren entre la semana 22 de gestación y los primeros días de vida del bebé.
Este marco legal refleja un cambio cultural incipiente, el de comprender que el duelo por un hijo que no llegó a nacer también necesita ser reconocido socialmente. La pérdida gestacional no sólo implica un evento médico, sino el colapso de un proyecto de vida, de expectativas y de un vínculo que ya existía en la imaginación y en el deseo de los padres.
En ese punto, “Desmadre” funciona tanto como relato íntimo como gesto de visibilización. A través de su protagonista, Krüger explora la culpa que muchas mujeres sienten, aunque no haya causa alguna, y la fragilidad de un sistema cultural que suele exigir fortaleza inmediata frente a la tragedia. El libro propone, en cambio, detenerse en ese silencio, mirarlo de frente y reconocer que incluso en la devastación puede surgir una forma de reconstrucción.
“Cuando todo parece perdido, algo puede renacer”, sugiere una de las frases que atraviesa la obra. No como consuelo fácil, sino como una intuición literaria, que incluso en el territorio del duelo, la palabra puede abrir un espacio para la memoria, la reparación y la esperanza.
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