Infancias (CEDOC)
Encuesta de la UCA: el 30 por ciento de los niños no come regularmente
El Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina determinó que la pobreza infantil alcanzó el 53,6% en 2025.
Casi seis de cada diez niños, niñas y adolescentes en la Argentina viven en condiciones de pobreza y cerca de un tercio no accede a una alimentación adecuada de manera regular, según el último informe del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina (UCA), basado en la Encuesta de la Deuda Social Argentina (EDSA) correspondiente a 2025. El relevamiento, que se realiza de manera periódica sobre población urbana, abarca hogares de distintos estratos socioeconómicos y regiones del país, con especial representación de grandes aglomerados como el conurbano bonaerense, donde los indicadores muestran mayor deterioro.
El estudio determinó que la pobreza infantil alcanzó el 53,6% en 2025, mientras que la indigencia se ubicó en el 10,7%. En términos absolutos, esto implica que millones de menores viven en hogares que no logran cubrir una canasta básica o que directamente no acceden a ingresos suficientes para la subsistencia mínima. A su vez, el informe incorpora una medición de pobreza multidimensional que no sólo considera ingresos, sino también privaciones en alimentación, vivienda, salud, educación y acceso a servicios básicos, lo que amplía el diagnóstico sobre las condiciones de vida de la infancia.
Uno de los datos más sensibles del relevamiento es el referido a la inseguridad alimentaria. Según la UCA, el 28,8% de los niños y adolescentes experimentó dificultades para alimentarse de forma adecuada durante 2025, y un 13,2% atravesó situaciones severas, lo que en la práctica implica episodios de hambre. En términos agregados, el informe advierte que “casi tres de cada diez” menores no comen regularmente, una problemática que se concentra con mayor intensidad en los hogares de menores ingresos y en áreas urbanas vulnerables, particularmente en el Gran Buenos Aires.
La encuesta también revela otras privaciones estructurales: déficits en controles de salud, dificultades en el acceso a servicios sanitarios y condiciones habitacionales precarias. Estos indicadores forman parte de una matriz de desigualdad persistente que, según los investigadores, condiciona el desarrollo físico, cognitivo y educativo de la población infantil incluso en contextos donde algunos indicadores macroeconómicos muestran mejoras parciales.
En cuanto a la evolución reciente, el informe señala que los niveles actuales representan una leve mejora respecto de los picos registrados en los años anteriores. En 2023, la pobreza infantil había alcanzado valores cercanos al 62,9%, mientras que en 2024 se mantenía en niveles similares, en torno al 59,7%. La caída a 53,6% en 2025 marca un descenso relevante, aunque la propia UCA advierte que se trata de un alivio coyuntural y no de una solución estructural, dado que los niveles siguen siendo significativamente más altos que los registrados a comienzos de la serie.
La comparación histórica refuerza esa lectura. En 2010, la pobreza infantil afectaba al 45,2% de los menores, con una baja transitoria en 2011 y 2012 —cuando descendió a valores cercanos al 35%-38%—, seguida de un deterioro sostenido a lo largo de la década. A partir de 2018, los indicadores se incrementaron de manera casi ininterrumpida, con un salto significativo durante la pandemia y un estancamiento posterior en niveles elevados.
En paralelo, la inseguridad alimentaria también muestra una tendencia preocupante en el largo plazo. Mientras que entre 2010 y 2017 se mantenía en torno al 20%, desde 2018 escaló hasta ubicarse cerca de un tercio de la población infantil, con picos durante la crisis sanitaria de 2020 y niveles que, aun con mejoras recientes, no lograron retornar a los valores previos.
El informe concluye que Argentina mantiene un núcleo duro de pobreza infantil estructural. La persistencia de déficits en alimentación, salud y condiciones de vida, junto con la fuerte concentración territorial de las carencias, configuran un escenario en el que la mejora estadística no alcanza a revertir las desigualdades profundas que afectan a las infancias en el país.