Maxi López adquirió el 40% de las acciones del club suizo FC Paradiso, pero duró solo un mes. La compra del Birmingham fue solo para los flashes. (Cedoc)

Maxi López, el lado B del hombre del momento

La popularidad que le dio "MasterChef Celebrity" se vio opacada por la quiebra de un club suizo. Luces y sombras del personaje mediático.

El regreso de Maxi López a la Argentina para participar de “MasterChef Celebrity” se presentó, a primera vista, como un gesto casi nostálgico. El ex futbolista que brilló en Europa regresa a su país para mostrar otra faceta, lejos de la pelota y cerca de sus hijos y ex mujer. Sin embargo, detrás de las sonrisas y los delantales, se despliega una historia más compleja y cargada de señales contradictorias sobre su presente personal, profesional y económico. 

A sus 41 años, López llegó al país en 2025, dejando en Suiza a su actual mujer Daniela Christiansson con el hijo que tienen en común, Elle, y promediando el embarazo de Lando (que terminó naciendo el 31 de diciembre, en plena grabación), para integrar el elenco de la nueva edición del reality culinario producido por Telefe, un espacio que ofrece visibilidad masiva pero que, según revelan fuentes de la industria televisiva, remunera a los participantes con cifras muy por debajo de los ingresos que el ex delantero de Barcelona recibía en su apogeo como futbolista profesional. 

Frente marchita. Lejos de ser un regreso motivado únicamente por los afectos, en su entorno más íntimo reconstruyen un panorama en el que confluyen fracasos empresariales, tensiones financieras e intentos fallidos de consolidarse como hombre de negocios. Un ejemplo que salió a la luz hace unos días fue que en abril de 2025 López adquirió el 40 por ciento de las acciones del FC Paradiso, un club de la tercera división suiza, junto con su amigo y ex compañero Ezequiel Schelotto. La sociedad, que prometía un proyecto ambicioso, terminó abruptamente con acusaciones de abandono y crisis interna. Schelotto asegura que López se retiró “de un día para otro”, dejando una promesa (sin cumplir) de pagar 100 mil dólares por mes durante cinco años, en concepto de sueldos y gastos de infraestructura. La idea era hacer crecer al club y llevarlo a primera división, haciendo un buen filtro de jugadores infantiles para, una vez en la máxima categoría, venderlos por millones de euros. Nada de eso sucedió: antes de la primera cuota, López desapareció. 

Pero este capítulo europeo no fue un caso aislado en la trayectoria post-futbolística de Maxi. En 2022, buscó involucrarse en la compra del club inglés Birmingham City, una operación que fue anunciada públicamente pero que nunca llegó a concretarse. Las negociaciones con inversores y partes interesadas se desvanecieron en desacuerdos que frustraron la adquisición y dejaron más interrogantes que certezas sobre la capacidad del ex delantero para liderar proyectos de envergadura. 

Sin lugar en el mundo del fútbol, como manager ni director técnico, en febrero de 2023 López incursionó, en paralelo, en el rubro gastronómico en Londres, donde también quedó con un saldo en rojo. El emprendimiento llamado "Vela Brasserie" junto a los rugbiers Agustín Creevy, Facundo Gigena y Santiago García Botta, en el que invirtieron 150 mil libras (unos 35 millones de pesos), cerró de manera abrupta bajo la excusa de una remodelación que nunca se concretó. La idea era imponer la gastronomía argentina en Londres, con las icónicas medialunas y milanesas con fritas. Pero al final, ex empleados del restaurante denunciaron que quedaron con salarios impagos y con procesos de despido sin las compensaciones correspondientes. 

En este contexto de tropiezos empresariales y críticas públicas, surgió la figura de su “gran enemiga pública” Wanda Nara como un actor clave en la narrativa del retorno. Desde la “mesa chica” del entorno de Nara reconocen que la revinculación con López se reconstruyó no por una historia familiar inconclusa, sino como una estrategia de posicionamiento frente a la rivalidad de alto impacto mediático con la pareja de Mauro Icardi y "la China" Suárez. Así, el vínculo se reconfiguró a partir de una conversación en Milán donde López expuso su situación económica complicada, sus proyectos fallidos y el enojo que le había generado el trato de Icardi con sus hijos. A cambio de apoyo y asesoramiento mediático y financiero, López aceptó instalarse en Argentina. Este acuerdo implicó, entre otros puntos, un coaching para modificar su imagen pública para mostrarse más amable con la prensa, reforzar la figura de buen padre y persona accesible, y aceptar que su plataforma mediática pasara por “MasterChef Celebrity”, una vitrina potente en términos de exposición nacional. 

Táctica y estrategia. La decisión de venir a trabajar a la Argentina no estuvo, además, exenta de costos personales y familiares. López tuvo que dejar a su pareja en Europa mientras ella cursaba un embarazo de varios meses, para cumplir con compromisos laborales en Buenos Aires, una elección que invitó a interpretaciones sobre prioridades económicas y simbólicas más que estrictamente afectivas. Lo cierto es que Maxi en Suiza no se siente pleno y en el viejo continente su presencia genera más escepticismo, que certezas. Un importante periodista deportivo argentino reconoce a NOTICIAS: “Maxi en Europa tiene el boleto picado”.

Los números que alguna vez manejó López como futbolista, como cuando cobró 2,5 millones de euros cuando levantó la Copa de Europa con el Barcelona en 2006, contrastan ahora con una realidad profesional donde la televisión y los negocios culturales parecen ser su principal capital de reinvención, pero muy por debajo de sus expectativas y teniendo que lidiar con el periodismo de espectáculo, con el cual no empatiza, pero no así con su mundo circundante de famosos, fiestas, flashes y titulares. 

El relato de Maxi López, entre inversiones fallidas, escándalos y mediaciones estratégicas con figuras de alto perfil como Wanda Nara, invita a repensar el regreso de una figura que no solo busca reinventarse en términos televisivos y mediáticos, sino también sostener una narrativa de resiliencia en un mercado que exige coherencia entre imagen y resultados.

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