Alopecia (CEDOC)
Alopecia: los mitos que todavía nos hacen perder el pelo
Raparse, usar shampoos especiales o tomar biotina: qué hay de cierto en los remedios populares contra la caída del cabello y cuándo conviene consultar.
En el consultorio escucho las mismas preguntas desde hace años. ¿La gorra hace que se caiga el pelo? ¿Si mi papá es pelado, yo también lo voy a ser? ¿Es cierto que hay que mirar al abuelo materno? La caída del cabello es una de las consultas más frecuentes, tanto estéticas como médicas, y también uno de los temas que más creencias sin sustento acumula. Muchas pasan de generación en generación y el problema no es solo que sean falsas: algunas generan una preocupación innecesaria y otras hacen perder un tiempo valioso con tratamientos que no corresponden.
Empiezo por la más popular. La gorra no provoca calvicie. Usarla todos los días no hace que alguien se quede pelado. Una gorra muy ajustada o ciertos hábitos pueden generar otros problemas en el cuero cabelludo, pero no son la causa de la alopecia androgenética, que es la forma más común. Esa alopecia depende sobre todo de una predisposición genética y de la sensibilidad de determinados folículos a los andrógenos.
Ahí aparece el segundo mito: padre pelado, hijo pelado. No necesariamente. Tener un padre con alopecia puede aumentar la predisposición, pero no la determina por sí solo. No existe un único gen de la calvicie: intervienen múltiples genes y la herencia puede venir de los dos lados de la familia.
Lo mismo vale para el clásico "mirá a tu abuelo materno y vas a saber cómo vas a quedar". Es, en el mejor de los casos, una verdad a medias. Es cierto que algunos genes vinculados a la predisposición están en el cromosoma X, que los hombres reciben de la madre. Pero la alopecia androgenética es poligénica y también intervienen genes heredados del padre. Para evaluar el riesgo, sirve mucho más mirar el historial familiar completo que fijarse solo en una rama.
Otro mito muy arraigado es el de raparse para que el pelo crezca más fuerte. Raparse no modifica el folículo ni hace que el cabello crezca más rápido o en mayor cantidad. Cuando vuelve a salir puede parecer más grueso porque el pelo recién cortado tiene una punta más pareja, pero el proceso de crecimiento es exactamente el mismo. Es una sensación visual, no un cambio real en la raíz.
También veo mucha confianza depositada en productos que prometen soluciones rápidas. Un buen shampoo ayuda a mantener limpio y saludable el cuero cabelludo, pero no frena la alopecia androgenética. Cuando hay miniaturización de los folículos, el tratamiento tiene que apuntar a la causa y depende del diagnóstico de cada paciente. Con la biotina pasa algo parecido: puede ser útil cuando existe un déficit, pero tomarla sin indicación médica no va a detener una caída de origen genético. Antes de recurrir a vitaminas, suplementos o productos que circulan en redes sociales, lo primero es saber por qué se está cayendo el pelo.
Y quizás el mito que más angustia genera es el de creer que toda caída termina en calvicie. No es así. Existen distintos tipos de pérdida capilar y algunas son temporales o reversibles. El estrés, ciertas enfermedades, algunos medicamentos o los cambios hormonales pueden provocar una caída que no necesariamente evoluciona hacia la alopecia. Por eso, ante una caída persistente o una pérdida visible de densidad, lo indicado es una evaluación profesional, no el autodiagnóstico.
Si tuviera que dejar un solo mensaje sería este: no hay que esperar a quedarse pelado para consultar. Cuanto antes se identifica qué está pasando con el folículo, más herramientas tenemos para diseñar una estrategia. Según el diagnóstico y las características de cada persona, se pueden evaluar distintas alternativas, desde tratamientos médicos hasta procedimientos como la mesoterapia, el plasma rico en plaquetas o el trasplante capilar.
Después de más de 10.000 trasplantes realizados, aprendí que no hay dos casos iguales. Las soluciones mágicas y las recetas generales suelen llevar a la frustración. Lo que funciona es entender qué le pasa a cada paciente y tratarlo en consecuencia. Por eso en Capilea trabajamos con un equipo multidisciplinario y con tecnología que nos permite hacer un diagnóstico preciso antes de indicar cualquier tratamiento. El pelo, como casi todo en medicina, se cuida mejor con información que con mitos.
Dr. Bruno Szyferman, director médico de Capilea, especialista en recuperación capilar.
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