Baja de la natalidad (CEDOC)

¿Cuál será nuestro futuro reproductivo? “Hannibal ad portas“

La tasa de fertilidad cae en todo el mundo y la ciencia no tiene todas las respuestas. El mapa de una crisis silenciosa que ya llegó a las puertas.

Durante las guerras púnicas, que tuvieron como protagonistas a Roma y a Cartago como grandes rivales, el orador romano Cicerón popularizó la frase "Hannibal ad portas" (Aníbal está en las puertas). Su significado era claro: "cuidado, ocupémonos, no subestimemos el problema". Advirtiendo que el general cartaginés estaba avanzando y que se debía tomar una conducta activa, opino que el mismo término se podría aplicar a la evolución de la fertilidad en los últimos 30 años.

La fertilidad en el ser humano ya de por sí es baja: la tasa de embarazo por mes en parejas fértiles —es decir, aquellas que no tienen ningún tipo de problema y presentan estudios hormonales y de semen dentro de los patrones normales— es de apenas el 10%. En mi práctica diaria, suelo evidenciar la cara de sorpresa de los pacientes ante dicha información.

Ahora bien, este número genera más impacto aún si le sumamos el estrés de la vida cotidiana actual. Dentro de esa "gran bolsa" incluimos preocupaciones laborales y familiares que desencadenan alteraciones del sueño, mala alimentación y sedentarismo; ni hablar si agregamos el tabaquismo y el consumo de alcohol.

Desde hace unos años existen numerosos trabajos científicos que avalan estas afirmaciones. Hace tres décadas, cuando empezaba a atender a mis primeros pacientes de fertilidad, las causas por las que una pareja no lograba el embarazo eran más claras. Al tratarse de mujeres más jóvenes, las trompas obstruidas (que no permitían el pasaje del óvulo hacia el útero) o las alteraciones en la cantidad y movilidad del semen se llevaban la mayor parte del diagnóstico.

Actualmente, en cambio, no podemos darles a muchas parejas un diagnóstico concreto de por qué no se están embarazando, siendo habitual que la primera consulta ocurra alrededor de los 38 o 40 años. Podríamos decir que hoy en día la principal causa de la infertilidad es la edad materna avanzada, traccionada por los cambios culturales y los nuevos roles de la mujer a lo largo del tiempo, frente a una biología que sigue siendo la misma.

Sabemos que el impacto del ritmo de vida actual, acompañado por el retraso de la maternidad, conlleva una disminución en el número y la calidad de los óvulos, así como una mayor cantidad de alteraciones genéticas, con el consiguiente aumento de la tasa de abortos espontáneos. El hombre también presenta alteraciones en su semen a medida que aumenta la edad, tanto en la cantidad como en la movilidad de los espermatozoides.

Dados todos estos motivos, no sorprende que la fertilidad —y por ende la natalidad en el mundo— esté en baja, lo que ya ha llevado a varios países europeos y asiáticos a realizar campañas para incentivar los nacimientos. El problema no es solo que nacen menos niños, sino que también se incrementan los embarazos de alto riesgo debido a la edad avanzada de las mujeres, lo que eleva los casos de diabetes gestacional, hipertensión del embarazo, prematuridad y una mayor tasa de cesáreas.

¿Adónde nos llevará este "efecto mariposa"? ¿Se reducirá la población mundial drásticamente? ¿En qué tiempo y a qué velocidad? Si cada vez veremos embarazos más complejos, ¿la vía vaginal dejará de ser una opción? ¿Cerrarán cada vez más maternidades ante la baja de nacimientos y se centralizará la atención en pocas unidades especializadas en riesgo?

¿El futuro de la reproducción humana consistirá en bebés concebidos por fertilización in vitro y estudiados genéticamente? ¿La película Gattaca (1997), protagonizada por Ethan Hawke, Uma Thurman y Jude Law, se convertirá en una realidad? Son interrogantes que hasta ahora no tienen respuestas concretas pese a todas las proyecciones intentadas. Lo único que sabemos con certeza es que hay que ocuparse, como decía Cicerón: "Hannibal ad portas".

Dr. Antonio Cattaneo
MN: 88809

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