Wednesday 10 de June, 2026

OPINIóN | Hoy 10:28

La tecnocruzada mística de Peter Thiel

Thiel propone una teología política que une libertarianismo radical y misticismo religioso. Demoniza a todo regulador como Anticristo.

Todos hablan de Thiel pero pocos discuten con atención su misticismo, que no es una excentricidad de millonario sino la fuerza que mueve a quien se cree un agente civilizatorio. Luego de décadas de tecnocracia y mantras republicanos y globalistas, hoy el mundo empresarial está buscando un nuevo sustento ideológico-espiritual. Thiel propone una teología política que conjugue el pensamiento libertario con el misterio y la potencia del pensamiento religioso. Recorre foros corporativos, comunicacionales y académicos con su exhortación en contra de toda regulación a las grandes empresas, contra toda forma de acción colectiva que pretenda la fuerza del Estado, contra quien advierta acerca de los peligros del mundo que buscan los magnates tecnológicos.

Así, a la vez que critica la lógica sacrificial —modo ancestral de suprimir la violencia mimética según Girard—, Thiel la reproduce. Designa a todo oponente a la libertad ilimitada de las corporaciones como un anticristo, el mal radical que viene a efectuar el fin del mundo. No hay coexistencia posible entre lo divino y lo demoníaco, esta lógica no solo habilita sino que justifica teológicamente una pasión sádica, marca de la derecha radicalizada contemporánea y agente sacrificial por excelencia. En esta tecnocruzada contemplamos, desorientados y exhaustos, la dominación autoritaria del capital, la exclusión de los improductivos —ancianos, personas con discapacidad, pobres, etc.— la guerra imperial y la tortura. Ahora también pretenden legitimación divina.

Si hemos llegado a este punto, creemos, es porque durante demasiado tiempo permitimos una captura de nuestro deseo en la posesión y el estatus personal, y en esa carrera absurda nos fueron despojando de casi todo. Quizás la apuesta sea por lo impropio, por otras formas de la riqueza, por otras experiencias en las que pueda germinar un colectivo con la potencia necesaria para hacerles frente. No se trata de reemplazar la lógica sacrificial, sino de desplazarla: se trata de sacrificar riqueza para enriquecer el mundo y la vida con todo lo que nos abre a los otros sin un fin utilitario.

*Por Aarón Attias Basso, doctor en Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires, y Tomás Ramos Mejía, doctor en Filosofía por la Universidad de Salamanca.

por Aarón Attias Basso y Tomás Ramos Mejía

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