Saturday 6 de June, 2026

OPINIóN | 01-06-2026 06:40

Claves para la seguridad en la medicina estética

Rellenos en peluquerías y departamentos: una médica especialista explica por qué el precio bajo puede derivar en consecuencias irreversibles.

Cada semana llegan a mi consultorio pacientes con el mismo relato. Una amiga les recomendó un lugar "re bueno y barato". Una chica "muy hábil" que trabaja desde su departamento, o desde una peluquería, o desde un local que se presenta como centro de estética. Le pusieron relleno en los labios, o en el surco nasogeniano, o hicieron una rinomodelación. Y algo salió mal. A veces es una asimetría que no se va. A veces es una infección que avanza. A veces es algo peor: una zona necrosada, un tejido que empieza a morir porque el producto fue depositado en el lugar equivocado por alguien que no sabía lo que estaba haciendo.

Escribo esto no para asustar, sino porque creo que hay información que las personas merecen tener antes de tomar una decisión que puede marcarlas de por vida. La medicina estética se ha convertido en un territorio donde conviven profesionales serios y capacitados con un mercado paralelo que opera sin controles, sin habilitaciones y, en muchos casos, sin la menor noción de los riesgos que está generando. Y ese mercado paralelo crece, entre otras razones, porque nadie habla claro de lo que puede pasar cuando las cosas salen mal.

Empecemos por lo básico: todo procedimiento que atraviesa la barrera de la piel es un acto médico. No importa cómo se lo llame, no importa cómo se lo promocione en redes sociales, no importa si quien lo realiza tiene años de "experiencia" empírica o un curso de fin de semana. Inyectar ácido hialurónico, aplicar bioestimuladores, realizar una rinomodelación o un aumento de labios son procedimientos que se ejecutan sobre anatomía viva: vasos sanguíneos, nervios, tejidos profundos del rostro. La diferencia entre una inyección bien colocada y una mal colocada puede medirse en milímetros. Y esos milímetros, en zonas como la frente, el entrecejo o la región nasal, pueden significar la diferencia entre un resultado estético y una emergencia médica.

Cinthia Burgos

Cuando hablo de emergencia médica no estoy siendo dramática. Las complicaciones graves existen y están documentadas. Los rellenos mal aplicados pueden generar oclusión vascular: el producto bloquea un vaso sanguíneo y el tejido irrigado por ese vaso empieza a morir. El resultado puede ser una necrosis visible, una cicatriz permanente. En los casos más extremos —que ocurren, aunque sean raros— una inyección mal colocada en la zona de la frente puede derivar en ceguera transitoria o permanente, o en un émbolo cerebrovascular. Ante cualquiera de esas situaciones, quien debe actuar en los primeros minutos es el profesional que realizó el procedimiento. Necesita saber identificar el cuadro, tener la hialuronidasa para revertir el relleno, saber aplicarla y saber cuándo llamar a una emergencia. Una cosmetóloga, una estilista o una aplicadora de pestañas reconvertida en "especialista en rellenos" no tiene esa formación. No porque sea mala persona: porque nunca la recibió.

El marco legal en la Argentina es claro. Los cosmetólogos y cosmiatras tienen un campo de actuación definido y pueden ser auxiliares valiosos dentro de un equipo médico, pero la responsabilidad de los procedimientos invasivos le corresponde siempre al médico matriculado que conduce ese equipo. Lo que está pasando en miles de peluquerías, departamentos y locales sin habilitación sanitaria no es una zona gris: es ejercicio ilegal de la medicina. La Sociedad Argentina de Dermatología recibe denuncias todos los días. La ANMAT ha intervenido en reiteradas oportunidades decomisando productos sin registro sanitario hallados en centros de estética: rellenos de fabricación china sin importador responsable declarado, insumos que no constan en ningún registro nacional, que nadie controló y que alguien inyectó en el rostro de un paciente que creyó que estaba en buenas manos.

Entiendo el argumento del precio. Sé que los tratamientos médicos tienen un costo que no siempre es accesible, y que frente a una promoción tentadora en redes sociales es difícil detenerse a hacer preguntas. Pero quiero que quienes lean esto entiendan algo concreto: el precio bajo de un procedimiento estético informal no refleja un descuento. Refleja la ausencia de todo lo que hace que ese procedimiento sea seguro. Sin consultorio habilitado, sin productos con aprobación ANMAT, sin médico matriculado, sin protocolo de emergencia, lo que se está pagando es la ilusión de un tratamiento. Y cuando algo sale mal —y a veces sale mal—, el costo real aparece en forma de complicación que ningún precio puede cubrir.

Mi pedido es simple. Antes de someterse a cualquier procedimiento estético invasivo, verificá tres cosas: que quien lo realiza sea un médico con matrícula habilitada y formación específica en medicina estética, que los productos que se utilizan tengan aprobación de ANMAT y que el espacio donde se trabaja esté habilitado como consultorio médico. No es burocracia: es la diferencia entre un acto médico y una ruleta rusa con el propio rostro.

La seguridad del paciente no puede quedar subordinada a una tendencia, a un precio o a la confianza ciega en alguien que sabe manejar bien una jeringa. Detrás de cada tratamiento hay un acto médico. Y un acto médico exige formación, experiencia, responsabilidad y la capacidad de responder cuando algo sale mal. Eso no se improvisa, no se aprende en un curso de fin de semana y no se reemplaza con buenas intenciones.

Cintia Burgos es especialista en Medicina estética. (MN 170198)

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