Friday 22 de May, 2026

OPINIóN | Ayer 22:23

La “involución” y el fin del sueño chino

El modelo económico chino enfrenta una crisis estructural: guerra de precios sin salida, bancos insolventes y los ahorros de millones en riesgo de evaporarse.

China ya no es el gigante imparable que el mundo creía conocer. Detrás de las cifras de exportaciones récord, se esconde una realidad estructural corrosiva con un sistema que se devora a sí mismo. Lo que hoy vemos es un modelo de “involución” o neijuan, una competencia caníbal donde el dirigismo estatal y un capitalismo de supervivencia chocaron de frente, condenando al país a una carrera hacia el abismo.

La Trampa de la “Involución”

El término “involución” describe una lucha feroz por la cuota de mercado que simplemente hunde los precios hasta niveles insostenibles. En lugar de innovar para crecer, las empresas chinas están atrapadas en una guerra de precios impulsada por la desesperación.

Fotogaleria Vista aérea tomada con un dron de vehículos para ser exportados en un muelle ro-ro del puerto de Tianjin, China

El gobierno de ese país mantiene vivas a miles de empresas no rentables mediante subsidios directos y crédito bancario barato para evitar el desempleo y la caída del PIB local. En sectores como los vehículos eléctricos, chips y baterías, las empresas venden productos a precios inferiores a sus costos de producción. La situación es tan crítica que el gobierno central ordenó a las provincias establecer precios mínimos en las licitaciones para frenar la deflación, una medida irónica para un sistema que se dice eficiente.

El Espejismo Tecnológico Chino

Aquí reside la debilidad estructural más profunda, y la que menos se discute con honestidad. Existe una diferencia abismal entre competir bajando precios y competir innovando, y China solo sabe hacer lo primero.

Cuando una empresa estadounidense quiere ganarle a otra inventa algo nuevo. Crea un producto que no existía, un proceso que nadie imaginó o una categoría entera de mercado. Cuando una empresa china quiere ganarle a otra, baja el precio; y cuando ya no puede bajar más, el gobierno la subsidia para que siga bajando. Eso no es competencia sino una carrera suicida hacia el margen cero.

Los supuestos “éxitos” tecnológicos chinos se desmoronan bajo escrutinio. BYD no es el Tesla chino, sólo es una máquina de producir vehículos baratos subsidiados que compite exclusivamente por precio, no por avances en autonomía, software o tecnología de baterías de siguiente generación. DeepSeek fue presentado como la prueba de que China podía competir en inteligencia artificial con menos recursos y a menor costo, sin embargo, fue una mentira. Las cifras de costos que reportaron no son creíbles, los chips que supuestamente no necesitaban fueron adquiridos violando restricciones de exportación, y toda la narrativa fue una tarea de propaganda disfrazada de avance tecnológico.

Fotogaleria Imagen de robots vistos en la empresa tecnológica SYNROX en el 764 Aerospace, en la municipalidad de Tianjin, en el norte de China

El patrón se limita a imitar, copiar, robar propiedad intelectual, y luego competir tirando los precios al suelo con subsidios estatales. China no juega con las reglas del sistema internacional porque el Partido Comunista Chino opera como una estructura que funciona con mentalidad de hacker, buscando permanentemente explotar las vulnerabilidades del sistema en lugar de contribuir a él. No hay una sola industria china que haya producido una innovación disruptiva genuina, una que haya creado un mercado nuevo en lugar de inundar uno ya existente con copias baratas.

Esta es la sentencia de muerte del modelo. Porque competir por precio tiene el costo de producción como piso. Y luego, o se innova para crear nuevo valor, o se muere. China llega a ese piso en sector tras sector sin las herramientas culturales, institucionales e intelectuales para dar el salto.

El Dumping Sistémico y el Choque Global

La “involución” a nivel nacional generó una sobrecapacidad monstruosa. Solo en baterías de litio, la capacidad de producción en China superó los 2 TWh en 2024, un 60% más que la demanda total. Al no absorber estos productos internamente por una demanda doméstica débil, China inunda el mundo con su excedente.

Fotogaleria Un trabajador supervisa los productos destinados a la exportación en una fábrica de embalaje en Lianyungang, en la provincia oriental china de Jiangsu

El superávit comercial global de China alcanzó un récord de $1.2 billones de dólares en 2025, sin una demanda genuina de productos chinos, sólo con la necesidad desesperada de deshacerse de inventarios que nadie en casa quiere comprar. Este no es el superávit de una economía sana que produce lo que el mundo desea, sino el vómito industrial de un sistema que produce compulsivamente sin mirar si existe demanda real.

El mismo patrón se repite ahora en la inteligencia artificial y la robótica humanoide. Miles de empresas “fantasma” surgieron para absorber fondos gubernamentales, creando burbujas de sobrecapacidad en sectores estratégicos antes de que siquiera maduren. China no construye industrias del futuro, sólo infla globos con dinero público que inevitablemente van a reventar.

Los Ahorros del Pueblo en la Trituradora

Aquí es donde el modelo chino revela su dimensión más obscena y donde se encuentra el verdadero detonante de la crisis que viene.

El ciudadano chino común, sin acceso a mercados financieros sofisticados y con un mercado inmobiliario en ruinas, canalizó sus ahorros hacia el sistema bancario. Los depósitos de los hogares chinos superan los ¥130 billones de yuanes, unos $18 billones de dólares, como el colchón financiero de cientos de millones de personas que trabajaron toda su vida bajo la promesa implícita de que el sistema cuidaría su dinero.

¿Y qué hacen los bancos con esos ahorros? Los prestan a las mismas empresas insolventes, a su vez direccionadas hacia proyectos inmobiliarios que nunca se terminarán. Los inyectan en sectores con sobrecapacidad donde cada yuan prestado genera menos de un yuan de actividad económica. En otras palabras, los bancos chinos trituran los ahorros del pueblo para mantener con vida un modelo que ya está clínicamente muerto.

Fotogaleria Un trabajador labora en la línea de producción de una empresa de calcetines, en el distrito de Qingdao, en la provincia de Shandong, en el este de China

Los bancos regionales y rurales, que sirven a las poblaciones más vulnerables, son los más expuestos. Muchos operan ya con ratios de morosidad que en cualquier otro país los habrían llevado a la intervención o al cierre. Pero el Partido no puede permitirse dejarlos caer porque el pánico bancario en China no sería un evento financiero, sino uno político. Así que la solución es la de siempre, con más crédito, liquidez y más dinero del banco central para tapar los agujeros, una espiral donde cada solución agrava el problema.

Lo más perverso del esquema es que los más pobres, los que menos opciones tienen, son los que más pierden. Los funcionarios del Partido y la élite empresarial ya sacaron su dinero hace tiempo hacia activos en el extranjero, propiedades en Vancouver, Sydney y Londres. Los que se quedan atrapados son los trabajadores, los jubilados, los pequeños ahorristas que confiaron en un sistema que está usando su dinero como combustible para una máquina que solo beneficia al aparato político.

Cuando este esquema se rompa, porque los números no mienten aunque el Partido sí lo haga, las consecuencias serán devastadoras. No será solo una crisis bancaria sino la ruptura del contrato social implícito entre el Partido y el pueblo chino. “Nosotros gobernamos, ustedes prosperan” fue el trato, pero cuando la prosperidad desaparezca y los ahorros se evaporen, lo único que quedará es un partido que gobierna sin legitimidad económica, sostenido exclusivamente por la represión.

¿Cuánto Tiempo Puede Aguantar el Presupuesto?

La pregunta no es si el modelo fallará, sino cuándo se quedará sin combustible. China enfrenta un 2026 con un crecimiento real proyectado de apenas el 4.5% y 4.8%, aunque estos números no fueran dibujados (cosa que dudo) estas son cifras mediocres para sus estándares históricos y probablemente infladas por la misma maquinaria estadística que lleva años maquillando la realidad.

Xi Jinping

Los gobiernos locales están sobreapalancados, atrapados entre la necesidad de financiar subsidios industriales y la caída de ingresos por una crisis inmobiliaria que ya lleva años y no muestra señales de resolverse. El índice de precios al productor (PPI) encadena más de 40 meses consecutivos de contracción hasta principios de 2026, una deflación prolongada que erosiona los márgenes de cada empresa que aún intenta operar honestamente.

Una Locomotora Sin Frenos Hacia la Pared

El modelo chino se convirtió en una contradicción terminal con un dirigismo que asfixia la innovación real mientras obliga al capital a suicidarse en guerras de precios sin salida. China intenta un avance en áreas de alta tecnología mientras carga con el lastre de industrias zombis que no se atreve a dejar morir por miedo al estallido social, y financia todo esto con los ahorros de la gente que menos puede permitirse perderlos.

No estamos diciendo que la locomotora ya chocó, sino que va sin frenos, cuesta abajo, directa hacia la pared del agotamiento financiero, el proteccionismo global y la insolvencia bancaria. La velocidad puede variar, un estímulo aquí, una negociación comercial allá, pero la dirección es una sola.

El choque será inevitable cuando el presupuesto ya no alcance para mantener la ficción, cuando los bancos no puedan seguir prestando lo que no tienen, cuando los ahorros del pueblo se revelen como lo que ya son, sólo cenizas de una promesa incumplida. Ese día, el Partido Comunista Chino descubrirá que no se puede gobernar eternamente sobre una mentira económica, por más Grande Muralla digital que construyas para ocultarla.

Las cosas como son

 

Mookie Tenembaum aborda temas internacionales como este todas las semanas junto a Horacio Cabak en su podcast El Observador Internacional, disponible en Spotify, Apple, YouTube y todas las plataformas.

 

[FIN]

También te puede interesar

Galería de imágenes

En esta Nota

Mookie Tenembaum

Mookie Tenembaum

Analista internacional, autor de Desilusionismo.

Comentarios