Thursday 21 de May, 2026

POLíTICA | Hoy 04:27

Paranoia en la cima del poder: la tapa de NOTICIAS

Los hermanos Milei ven traiciones en cualquier desacuerdo y exigen obsecuencia a los ministros. La rebelión de Bullrich y el exilio de varios históricos. Chaleco antibalas.

Sus amigos lo tienen claro. Para conservar la relación con Javier Milei hay una condición indispensable: no contradecirlo nunca. Él pide lealtad, aunque lo que exige en realidad es obsecuencia. En el camino quedaron ya varios que le plantearon desacuerdos, muchas veces mínimos, y fueron a parar a la hoguera. Para el Presidente no hay grises: o están con él o son traidores. En el medio, nada.

Con el objetivo de mantener la relación, muchos amigos le encontraron una hendija al problema. Hablan de cualquier cosa que no sea política, el terreno donde Milei se enciende. Lo saben quienes lo visitan en los cada vez menos frecuentes domingos de ópera. Lo confesó también Alejandro Fantino, quien suele chatear con el mandatario: “Con Milei hablo de filosofía. El domingo hablamos 25 minutos de la moral de los griegos”, contó el periodista. Y agregó: “Eso es lo que mantiene la sanidad de mi relación con él, que no hablamos de política. Ahora le pido consejos porque quiero leer más de economía”.

Al descubrimiento de Fantino había llegado antes otro de los amigos presidenciales, el economista Juan Carlos De Pablo. A pesar de ser uno de los que más lo visitan en la Quinta de Olivos nunca le preguntó por ninguna medida que fuera a tomar. En una entrevista con Joaquín Morales Solá, contó el por qué de eso que él considera una “normativa elemental”. Lo enunció casi como quien revela una picardía, algo sin importancia: “Es que Milei es muy paranoico. El hombre es así”, dijo encogiéndose de hombros.

El caso Adorni tiene a los hermanos Milei en el punto de ebullición. Javier y Karina Milei creen que hay una conspiración mediática para arrancarles del Gabinete a uno de los mayores defensores del modelo libertario, al que dicen considerar inocente.

Pero no es el único argumento por el que creen que “el periodismo”, como una corporación ocupada en desgastar a su Gobierno, mantiene en vilo al país con noticias del jefe de Gabinete: la otra razón, según esgrimen, es que con las revelaciones sobre Manuel Adorni tapan adrede las buenas noticias económicas. En la última semana: la baja en la inflación, las millonarias promesas de inversión, el crecimiento de abril de algunos sectores (como la industria y la construcción) o el mejor primer cuatrimestre de la historia para la actividad aerocomercial, entre otros.

La tapa de NOTICIAS

Extrañamente, el Presidente le recrimina a la prensa (o “al 95 por ciento” del rubro) el armado del presunto plan de desestabilización, pero nada dice de la Justicia: en el despacho del juez Ariel Lijo, por ejemplo, es donde avanza la causa y desde donde se filtra la información del expediente. Una paranoia selectiva.

“Son basuras inmundas”, dice sobre el periodismo en privado y repite en público. “Repugnantes”, suele agregar.

La psicosis es tal, y tan liviana, que lleva a los hermanos a cometer errores de principiantes con tal de llenar de argumentos la defensa de Adorni. Luego de que el contratista Matías Tabar complicara con su declaración testimonial al jefe de Gabinete, Milei lo acusó de ser un “mentiroso militante kirchnerista”. No lo era. De hecho, lo había votado a él: “Tristeza, angustia, dolor en el corazón me da escuchar al Presidente catalogarme así”, escribió Tabar en la red X, arrobando a Javier y a Karina. “Aposté por un país distinto”, cerró. No hubo pedido de disculpas.

El enojo se extendió también a su equipo de trabajo. Quienes acostumbran a verlo dicen haberse encontrado con un Presidente colérico. Más que de costumbre. Milei desconfía de los suyos y protesta porque muchos de ellos creen que sería prudente sacarse de encima a Adorni. Él ya decidió no hacerlo.

Hace bien en desconfiar: si pudiese revisar los teléfonos de sus allegados, se encontraría con que algunos de ellos intercambiaron mensajes de celebración con la denunciante principal de Adorni, la ex libertaria Marcela Pagano. Con su estilo altanero, el jefe de Gabinete no sólo acumuló enemigos externos.

Matias Tabar

El viernes 8, el Presidente se hizo presente unos minutos en la reunión de Gabinete. No para saber cómo evoluciona la gestión de sus ministros, sino para realizar una advertencia. “No vamos a echar a Manuel. Es una persona honesta. Al que no le gusta...”, sentenció. Sólo Patricia Bullrich intentó quebrar el monólogo y hacerlo reflexionar. “Estoy hablando yo”, le retrucó Milei, que volvió a insistir con la premisa. Luego se retiró.

En el caso de Bullrich, los recelos no vienen de parte del Presidente, sino de su hermana Karina. Milei llegó a defenderla públicamente aún cuando la senadora apuró a Adorni a presentar las declaraciones juradas. “Patricia spoileó a Manuel porque sabía que lo iba a hacer”, la cubrió. Pero Karina desconfía de su autonomía. Si por ella fuera, y con Adorni caído en desgracia, la candidata porteña sería Pilar Ramírez, pero no come vidrio: entiende que Bullrich mide mejor.

La teoría conspirativa de la última semana surgió alrededor de la Marcha Federal Universitaria. El Presidente estuvo encendido en Twitter, donde reprodujo insultos varios a los organizadores. El objetivo, el mismo: desestabilizarlo para que no termine su mandato. En este capítulo, con el uso del sistema educativo como excusa.

Por eso, en el relato libertario la manifestación universitaria, que fue masiva tanto en Capital como en otras ciudades, fue una “marcha de la oposición”, fogoneada por Axel Kicillof y los sindicalistas. Para evidenciar ese argumento, eligió el reproche que el diputado correntino Lisandro Almirón hizo a la oposición en el Congreso: “Ustedes van a acompañar todo lo que sea necesario para desestabilizar. Es una situación que ustedes generaron”.

Javier Milei y Patricia Bullrich

Milei está convencido de que, tal como pasó con otras “corporaciones”, como los medios de comunicación, los sindicatos y la política misma (la casta), le pasan factura porque se animó a discutir otra gran estructura: las universidades. “El mayor mérito de Milei es haber roto algo psicológico: el miedo a cuestionar ‘intocables’”, escribió un militante libertario. Él lo retuiteó.

Enemigos. La lista de adversarios se engrosa a medida que transcurre la gestión. Los que tienen que tener especial atención son los amigos, porque con un Milei en estado de irritación están siempre a un paso de la cornisa.

Le pasó en su última entrevista al periodista Esteban Trebucq, uno de los que más diálogo tiene con el Presidente. Desde Estados Unidos, Milei llamó furioso al canal y salió al aire para defender a Adorni de los reproches que le hacían. “Te pido por favor, no me interrumpas cada vez que estoy haciendo un argumento”, lo cruzó el libertario en un momento. “Parece que no me querés dejar hablar tranquilo”, agregó. El mandatario desconfía hasta de los más cercanos.

Si lo sabrá su vicepresidenta, Victoria Villarruel, que a poco de comenzar la gestión vio cómo se bifurcaban sus caminos. Hoy no caben dudas: los hermanos Milei la consideran una traidora. Incluso, el Presidente la acusó públicamente de trabajar para “abrazar el sillón de Rivadavia”.

En las últimas horas, Milei volvió a dirigir su encono hacia la vice. Lo hizo a través de un tuit de Luis Petri, a quien Villarruel denunció por haberla llamado “golpista”. “Ella va por más. Ahora insiste con una querella por calumnias e injurias y ¡con mordaza legal para que no hable de ella! ¡Siempre tan democrática…!”, escribió el ex ministro. Milei reposteó.

Victoria Villarruel

Las redes son el terreno fértil de la psicosis presidencial: cada día, su cuenta se llena de retuits a teorías sin fundamentos que se ajustan a sus ideas.

Si alguien sabe de los recelos de los hermanos Milei es Mauricio Macri. Aunque en el caso del ex presidente hay una particularidad: es Karina la que acumula el mayor grado de paranoia. Javier acompaña.

El Presidente, de hecho, lo trataba con absoluto respeto e intentó sumarlo como una especie de consejero. Fue su hermana la que siempre le puso un freno: desconfiaba de sus intenciones y, además, siempre quiso arrasar con el PRO para quedarse con su electorado.

De tanta desconfianza, terminaron por ponerle puntos suspensivos a la relación: llevan más de seis meses sin tener diálogo. Y los últimos comunicados del PRO se llenan de críticas e intentos de autonomía para con el Gobierno. En el fondo, lo que al macrismo más le duele es que saben que necesitan de los libertarios para las elecciones.

En el plano de las redes, todo sirve para polemizar. En las últimas horas Milei publicó un análisis que el abogado Gustavo Arabia hizo sobre una entrevista de La Nación al secretario general del PRO, Fernando de Andreis, que se tituló: “Hoy Adorni parece más un obstáculo para el cambio que un colaborador”. Arabia le critica el textual que destacaron del diputado y que se haya usado una “fuente única con interés máximo”, pasando por alto que así es el género periodístico: si hay “una fuente única” en la nota es, justamente, porque es una entrevista. No es suficiente: lo importante es protestar.

Karina Milei

El reclamo es constante, sobre todo cuando es contra la prensa. Aún a fuerza de caer en lugares insólitos, como la relación que tiene con Clarín. Su tuit fijado dice: “Clarín, la gran estafa argentina”. Aún así, suele publicar columnas que escribe en ese diario.

La bolsa de los caídos en desgracia es cada vez más abultada. Y hay muchos que ya no hacen esfuerzos por salir de allí. El último de los amigos que se convirtió en traidor fue Nicolás Márquez, el biógrafo de Milei. El escritor protestó por el caso Adorni y le pidió que renuncie. El Presidente mandó a decir que él no era funcionario, por lo tanto su palabra carecía de valor: “No es una voz autorizada para hablar sobre este tema”, aseguró Lilia Lemoine, una de sus espadas mediáticas.

El influencer Emmanuel Dannan fue uno de los primeros que cayeron en el ostracismo. Ambos militaron las ideas libertarias durante años, cuando aún estaban en el llano. Desacuerdos menores los llevaron al odio mutuo. “No reconozco al Javier de hoy”, dice. Y completa: “Es una especie de therian: se autopercibe una cosa que no es, con una religión y una patria que no son las suyas”.

En definitiva, las manías del Presidente se fundamentan en un hecho que él considera una verdad irrefutable: en el exterior es condecorado, mientras en su país no hacen más que criticarlo. Por eso suele promover cada uno de los reconocimientos que recibe a nivel internacional, por insignificantes que sean. Siempre con una frase irónica a la cabeza: “Fenómeno barrial”.

Seguridad. Las camperas que viste el Presidente suelen hacer notar el chaleco antibalas que usa. Todo surgió a raíz de un acuerdo que hizo con su hermana en plena campaña presidencial: “En un acto, la apretaron para que nos corriéramos de la contienda electoral”, relató una vez en redes el libertario. Y agregó: “A partir de ahí pedí que le pusieran seguridad a Karina. Y mi hermana me dijo: entonces vos también vas a usar seguridad. Como yo rompo el protocolo y me meto entre la gente, me exigen que use chaleco”.

Javier Milei

No es un dato menor. El Presidente cree que está en riesgo. En las últimas semanas, lo enajenó especialmente la inocente cámara oculta que hizo TN en los pasillos de Balcarce 50, porque consideró que podía atentar contra “la seguridad nacional”. Casa Militar denunció a los autores del informe por presunto espionaje, pero el fiscal Gerardo Pollicita pidió desestimar la demanda por inexistencia de delito.

Mientras tanto, anularon las acreditaciones de todos los periodistas y mantuvieron la oficina de prensa de Casa Rosada cerrada por unos diez días. Un hecho inédito en la historia argentina.

No era el primer intento por hacerlo: una semana antes le habían restringido el acceso a ocho periodistas porque sus medios eran parte de una supuesta campaña rusa de desinformación. La presunta confabulación internacional se fue desinflando con el paso de los días.

Otro hecho que lo impresionó este último tiempo fue el intento de atentado que sufrió Donald Trump a finales de abril en la cena de gala con los corresponsales de la Casa Blanca. Lo habló con su asesor, Santiago Caputo, quien luego tuiteó: “Esto es para los pelotudos locales que creen que la seguridad nacional, el cuidado de las fronteras, la inversión en defensa e inteligencia, son caprichos burgueses”.

Su relación personal con los presidentes de Israel y Estados Unidos y sus declaraciones públicas sobre la guerra con Irán lo hacen pensar que puede ser blanco de un atentado. Por eso pidió reforzar su seguridad. En febrero, con la intensificación de los ataques en Medio Oriente, la Oficina del Presidente comunicó que “Milei ha dispuesto elevar el nivel de seguridad a ALTO”.

Diego Spagnuolo

De todas maneras, no es algo nuevo. En octubre de 2024, el mandatario hizo instalar en Olivos un sistema antidrones, luego de que Casa Militar detectara tres aparatos sobrevolando la Quinta: los conductores dijeron que estaban intentando filmar a los perros del Presidente.

Un hecho más hizo volar la paranoia presidencial: las grabaciones a Diego Spagnuolo que fueron el germen de la causa ANDIS. Desde allí, según contó el periodista Nicolás Gallardo, acreditado en Casa Rosada, “Milei pide diariamente que Casa Militar le barra su despacho y el de Karina, a ver si encuentran micrófonos”.

El cortocircuito del Presidente con la realidad no está en el diagnóstico. Internamente, él reconoce los problemas de su gestión: la inflación, a esta altura, debería ser sustancialmente menor; el riesgo país, ubicarse más cerca de los 400 que de los 500 puntos. Y las inversiones deberían haber llegado en mayor cuantía. La diferencia es que no atribuye las dificultades de su Gobierno a la interna cada vez más profunda entre Karina Milei y Santiago Caputo o a su propia incapacidad de resolverlo. Para él, la postergación del éxito económico es provocada por la capacidad de daño del periodismo y la necesidad de mancillar el poder de la oposición. El “riesgo kuka”, lo llama.

Es por eso que insume más tiempo en combatir “al 95 por ciento” del periodismo, a los gremialistas y a los políticos opositores, que en intentar domar la interna. Los días se le pasan en medio de esa sospecha intensa e irracional contra todos los aquellos que no le sean obsecuentes.

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Carlos Claá

Carlos Claá

Periodista político

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