Alcohol en China (ChatGPT)
El fin de la borrachera: el colapso del alcohol en China desmiente cifras oficiales
La salida de Diageo de China expone señales que el relato oficial oculta: caída abrupta del consumo premium, freno inmobiliario y negocios paralizados que revelan una economía en crisis.
Pasó casi desapercibida entre los titulares técnicos de la prensa financiera que Diageo, el gigante mundial de los licores y dueño de marcas como Johnnie Walker, se deshace de su negocio en China. Para el lector desprevenido, esto parece una reestructuración corporativa. Sin embargo, la capitulación de esta multinacional confirma que esta economía se estrella y las cifras oficiales de crecimiento son una fantasía insostenible.
Lo que presenciamos es más que una desaceleración cíclica, significa el colapso de un modelo. Y el alcohol es el indicador más honesto que tenemos para entender por qué.
La falacia del "cambio de hábitos"
El dato más alarmante es la velocidad vertiginosa con la que cayeron las ventas. Los analistas explican este fenómeno alegando un repentino interés de la población china por la "vida sana". Esta es una explicación tan ingenua que roza el ridículo.
Las culturas no cambian sus hábitos sociales de la noche a la mañana. Un cambio sociológico real toma una generación entera, veinte o treinta años. Lo que ocurrió en China cambió en apenas dieciocho meses. Cuando el consumo de un producto tan arraigado en esa sociedad cae a plomo en cuestión de trimestres, la causa no es sociológica, es traumática. Esa economía sufrió un infarto.
Para entender este colapso, hay que explicarle al lector occidental qué significa realmente el alcohol en China. El consumo de licores premium se sostenía sobre tres pilares económicos que hoy se han derrumbado.
El primero es el alcohol como moneda de corrupción. En China, el licor de alta gama funciona como una moneda líquida para engrasar la maquinaria política. Una botella de $300 o $500 dólares no se compra para beberla en casa; se usa para regalarla al funcionario que debe aprobar un permiso o al burócrata que facilita una licencia.
Sin consumo se paraliza economía china
Si el consumo de este alcohol se desploma, la lectura es aterradora para el régimen porque la maquinaria de favores se detuvo. Ya no hay suficientes negocios rentables que justifiquen el soborno, o el miedo a las purgas ha paralizado la toma de decisiones. Cuando la corrupción deja de fluir en un sistema diseñado en torno a ella, el sistema se traba.
Segundo, es el lubricante de la construcción e infraestructura. Durante décadas, cada contrato de infraestructura, cada rascacielos y cada carretera se selló en banquetes bañados en licor. Es lo que se conoce como la "economía del banquete". Si se firmaba un contrato para construir un puente, esa noche se bebía caro.
La caída abrupta en las ventas nos dice lo que las estadísticas oficiales ocultan, no se cierran tratos. Las grúas están paradas y los proyectos de infraestructura están congelados. Si nadie celebra el futuro, es porque no hay proyectos que festejar. El silencio en los restaurantes de negocios es el sonido de una paralización industrial.
Tercero está el colapso del "Efecto Riqueza" inmobiliario, con el golpe psicológico al consumidor. Durante años, la prosperidad de la clase media china era "imaginaria" y estaba atada casi exclusivamente al valor teórico de sus apartamentos. La gente gastaba en licores occidentales y lujos porque se "sentían" ricos al ver subir el precio de sus propiedades.
Esa burbuja estalló definitivamente entre 2023 y 2024. Al ver cómo sus activos perdían valor y sus ahorros se evaporaban en promotoras quebradas, el "efecto riqueza" desapareció de la noche a la mañana. La gente se sintió pobre instantáneamente y cerró la billetera con una violencia que ha tomado por sorpresa a todas las multinacionales.
La ficción de las estadísticas oficiales
Aquí es donde la realidad choca frontalmente con la narrativa del Partido Comunista. Mientras Pekín publica cifras de PIB que sugieren un crecimiento del 5%, los datos de consumo real, o sea, aquellos con los que no se puede mentir, gritan depresión.
China se esconde detrás de una muralla de estadísticas falsas, pero el mercado no miente. La "inversión de precios" que vemos hoy, donde los distribuidores venden el stock de alcohol por debajo del precio de costo solo para conseguir efectivo, es el síntoma de una deflación que el gobierno niega.
La confianza no se decreta
El error de los inversores extranjeros fue creer que el Partido Comunista podía controlar la economía con la misma eficacia con la que controla la disidencia. Pero la economía no obedece a decretos. Xi Jinping puede ordenar la censura de redes sociales, pero no puede obligar a una población empobrecida que desarrolle confianza.
La credibilidad es un sentimiento orgánico y no es posible fabricarlo con discursos nacionalistas cuando la realidad material es de escasez y pérdida de valor. Diageo es el primero en admitir la derrota implícita, prefiriendo vender barato y huir a esperar una recuperación que no llegará. La economía china no está en una pausa; está chocando con la realidad. Y por más que los burócratas dibujen gráficos ascendentes, los almacenes llenos de botellas que nadie puede comprar cuentan la única historia verdadera: la fiesta se terminó.
Las cosas como son
Mookie Tenembaum aborda temas internacionales como este todas las semanas junto a Horacio Cabak en su podcast El Observador Internacional, disponible en Spotify, Apple, YouTube y todas las plataformas.
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