Gabriel del Campo (José Tolomei)

Gabriel del Campo: “Me interesa la belleza oculta”

Anticuario, coleccionista de objetos y autos clásicos. Búsqueda de ropa vintage, bar y galería de arte.

“Soy bastante linyera para vestirme”, dice el dueño de casa. Lleva una camisa con manchas de pintura, jeans y zapatillas. Claro que no es un “linyera” cualquiera. Es un reconocido anticuario y coleccionista.

La charla sucede en su casa, en el bajo de Acassuso, muy cerca del río. En esa propiedad, que ocupa casi toda la cuadra, tiene también un hotel con catorce apartamentos y un taller de recuperación. Por todos lados abundan los objetos más diversos. 

Gabriel del Campo es especialista en antigüedades, muebles, diseño, autos clásicos, motos y ropa vintage. Tiene dos locales de antigüedades (Bethlem 427, San Telmo, y Libertad 1214, Recoleta); el restaurante y bar de comidas Nápoles (Caseros 449, San Telmo), donde también se exhiben cantidad de objetos; una galería de arte de 3000 metros, en el mismo boulevard, de próxima apertura; la marca de ropa Red Baron y un taller de autos en zona norte.

En el camino pasó por Filosofía y Letras, Administración de Empresas, Arquitectura, Cine y Derecho dos veces. Se casó cuatro veces y tiene cuatro hijos y cuatro nietos. 

“Establecí un vínculo casi enfermo con los objetos y con la belleza, a punto tal de no medir valores. Tengo la obligación como comerciante de regirme por algunas diferencias que me permitan ser eficiente. Pierdo ese norte cuando veo algo y lo quiero, lo quiero. No sé si yo elijo los objetos o los objetos me eligen a mí. Pero se genera un vínculo profundo para mí inevitable”, cuenta.

Noticias: ¿Cómo empezó esta búsqueda inevitable?

Gabriel del Campo: De muy chico. Me encerraba en una casa muy vieja donde vivía con mi abuela. Me pasaba horas en los desvanes con la puerta cerrada, casi en la oscuridad, viendo fotos viejas y todo lo que había allí, desde el traje novia de mi bisabuela hasta los juguetes de mi viejo.

Noticias: ¿Cuándo decidió ser anticuario?

Del Campo: Por esta pulsión que tenía hice fracasar una serie de negocios normales, lo que sacaba lo ponía en cosas que me gustaban. En un momento entendí que debía haber cierta gracia en el universo hacía mí por no cuidar la plata. La única forma que tenía de seguir comprando era si compraba y vendía. Así empecé. 

Noticias: ¿Dónde busca?

Del Campo: Me divierte buscar en los lugares no obvios. Puedo ir, y también voy, a buenos remates y encuentro cosas buenas y de buen gusto. Pero me gusta encontrar los objetos fuera de contexto. No soy un tipo que visite museos, por ejemplo. La belleza sin posesión no es lo que más me conmueve. 

Noticias: Tiene que poseer la belleza. 

Del Campo: Sí, suena pervertido lo tuyo, quiero decir que necesito levantarme y verlo. Por eso lo compro.

Noticias: ¿Cuáles son esos lugares no obvios?

Del Campo: Europa tiene tres millones de lugares visitados, sabidos, centros de anticuarios. Después tienen, por ejemplo, un remate que se llama Drouot, en París, donde alquilan las salas a la gente de los pueblos y rematan cinco pisos a la vez. Yo corro como un desaforado de un piso a otro, buscando el lote que me gusta. Me divierte más encontrar en una feria en la calle o en una feria chiquita que en un anticuario bueno. 

Noticias: ¿Y acá?

Del Campo: Acá lo mismo. Puedo ir a recorrer la feria El Olimpo en Puente La Noria y tengo la misma intensidad de búsqueda que en un remate espectacular. 

Noticias: Usted dice que tiene devoción, pasión y fascinación por lo irrecuperable, objetos y personas.

Del Campo: Lo que hace que algo sea irrecuperable no tiene que ver con la esencia, tiene que ver con el estado. Si la esencia no es recuperable, estamos perdidos. Ahora, si lo que determina algo valioso es el estado, yo compro lo que está roto, aunque no tenga valor.  

Noticias: ¿Y en el caso de las personas? 

Del Campo: Me fascina el irrecuperable con valores. Viste que hay tipos que van de fracaso en fracaso, pero tienen valores profundos de ser humano, esos me encantan. Lo mismo me pasa con las estatuas sin brazos o con las esculturas sin cabeza.

Noticias: ¿Qué valor le da usted al fracaso y al éxito?

Del Campo: Dicen que el éxito y el fracaso son el mismo impostor con distinta máscara. En definitiva, siempre depende de la mirada externa.

Noticias: Habla mucho de la belleza. ¿Qué es? 

Del Campo: Estoy tratando de aprender que la belleza no sólo son las proporciones, la textura o la calidad técnica de lo que haya hecho alguien. Es también la emoción que algo provoca. Hay belleza en lo inexplicable, en lo fácil, en todo. Me interesa más la belleza oculta. La obvia tampoco me vuelve loco.

Noticias: ¿Qué lo emociona?

Del Campo: Yo digo que soy una mujer prisionera en un cuerpo de hombre. Por ejemplo, tengo el vintage de ropa y me parece que los varones tendríamos que tener el derecho a estar más adornados, como estaban los indios o los vikingos. Es un derecho que perdimos, nos hicimos mucho más clásicos. Me gustan mucho las marcas viejas, soy fanático de Pucci, me parece disruptivo, divertido. Los ‘60 fueron una época genial, los tanos en ese momento combinaban diseño, modernidad y un pasado de gloria. Cuando encuentro un vestido de mujer que me gusta me lo pruebo con la percha para ver cómo quedaría. 

Noticias: Entonces, lo que quiere decir es que tiene una sensibilidad femenina. 

Del Campo: Más o menos. Tengo una mirada femenina pero un manejo de la escala y de la proporción muy masculino. En los lugares alrededor mío todo es grande. Nunca pude ser un anticuario que tuviera vitrinas con cosas, por ejemplo. La desproporción también me parece un desafío para generar belleza.

Noticias: ¿Qué perlitas tiene en su colección?

Del Campo: Te cuento lo último. Hay autos y objetos que transmiten algo relacionado con un pasado de gloria, con cosas que ya no interesan, que si bien tienen una dosis de lujo, es un lujo más ascético que el lujo de ahora. Yo encontré y compré el Rolls-Royce que era de Macoco Álzaga del año ’39 y lo estoy dejando con su tapizado roto, gastado, pero todo funcional y con cada cosa en su lugar. El auto me transmite lo que fue la vida de su dueño, un personaje absolutamente increíble. Tenía un boliche que se llamaba El Morocco en Nueva York y era amante de Rita Hayworth, por ejemplo. De hecho, patinó una fortuna de miles y miles de hectáreas en la provincia de Buenos Aires, haciendo esa vida. Yo veo el auto opaco, roto, con las gomas desinfladas y me sigue transmitiendo su pasado de gloria.

Noticias: Tiene pasión por los autos clásicos

Del Campo: Sí, el cambio en el mundo va haciendo que los autos lujosos se hagan vulgares. Hoy un auto de lujo se lo compra un millonario ruso, un jugador de básquet, un rapero. Antes eso estaba ligado con una mirada más específica. El lujo se convirtió en algo al alcance de cualquiera que tenga plata para pagarlo. 

Noticias: ¿Qué modelos tiene?

Del Campo: Me gustan mucho los autos de carrera. La velocidad es una de las cosas a las que el ser humano aspira sin ningún sentido. Los compro rotos y el recuperarlos es también un proceso sanador para mí y para los chicos que trabajan conmigo en el taller. En principio, compro para mí, pero si aparece algún comprador, los vendo. Tengo Mercedes, Rolls-Royce, Bentley. Los que más me gustan son los italianos de la década del ’50: Maserati, Alfa Romeo, Cisitalia. 

Noticias: ¿De qué habla su marca Red Baron?

Del Campo: Yo detesto la ropa nueva. De hecho, soy bastante linyera para vestirme. Mis amigos me dan sus camperas de cuero nuevas para que se las use dos o tres meses, se las gaste, se las rompa. Yo gasto y rompo la ropa. En Red Baron tenemos ropa vintage de mujer y de hombre. Mucho Levi’s del ’70, mucha bota tejana, cosas que hacen que alguien que se ponga eso sea distinto. Se exhibe en Nápoles, el bar. Lo que me divierte es sacar lo mejor de cada época de la moda y mezclarlo y usarlo. Confío mucho en mezclar, también las antigüedades. 

Noticias: ¿Las crisis económicas impactan en el mercado de las antigüedades?

Del Campo: Más allá de las crisis de cada país, particularmente en este negocio se están terminando los clientes. A los que tienen cuarenta para abajo gran parte del mundo de las antigüedades no les interesa. Una alfombra oriental buena, una araña de cristal de Murano, un mueble del Renacimiento italiano les interesa cero. Entonces, los precios bajan y las casas tienen un porcentaje cada vez menor de antigüedades. Sí sigue gustando el diseño de los cincuenta, sesenta y setenta.

Noticias: ¿La felicidad es…?

Del Campo: El taller….

Noticias: ¿El taller?

Del Campo: Sí, donde recuperamos los objetos, con gente que no entiende demasiado la historia o todo lo que nosotros le ponemos desde una cabeza más complicada y simplemente lija o arregla con devoción algo que está roto. Aplica también para los autos. Esa sensación del ser humano reparando lo roto me parece conmovedora. 

Noticias: Estuvo casado cuatro veces. ¿Sigue creyendo en el amor?

Del Campo: Sí, las que no creen en el amor son las señoritas que encuentro. Yo sigo creyendo, soy un defensor absoluto de eso.

Noticias: ¿Una frase que le guste?

Del Campo: Una que decía mi abuela. “No hay nada peor que un inútil con iniciativa”.

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