Wednesday 28 de January, 2026

PERSONAJES | Ayer 04:15

Ramón Monegal: “La moda es el cáncer de la perfumería”

Cuarta generación de Myrurgia, una de las dinastías perfumistas más influyentes de España, es creador de fragancias de autor.

Ramón Monegal habla como perfuma: con estructura, pasión y una claridad que no admite concesiones. Catalán de pura cepa, español por convicción cultural y perfumista por destino —en otra vida, arquitecto—, llega por primera vez a Buenos Aires acompañado por su hijo, convocado por Edition Privée, la boutique de referencia en fragancias de autor que transformó la compra de perfumes en una experiencia sensorial personalizada. Es el ámbito natural para que el fundador y director creativo de la casa Monegal, heredero de la saga que dio origen a Myrurgia —proveedora oficial de la Casa Real Española—, despliegue su visión sobre cómo se imagina y se construye una fragancia. 

Formado desde niño en contacto directo con las materias primas, perfeccionó su arte con maestros como Artur Jordi Pey y Pierre Bourdon, entre Ginebra, Grasse y París. Bajo su joven dirección creativa en la marca familiar creó éxitos como Alada y perfumes icónicos para firmas como Adolfo Domínguez, Massimo Dutti y Don Algodón. En 2009 decidió independizarse y fundar Monegal Perfums: un proyecto de autor sin restricciones, donde cada fragancia es una historia y cada nota, una decisión ética y estética. Académico de número de la Academia del Perfume (sillón Iris de Florencia), se mueve con la soltura de quien no necesita demostrar nada. Rebelde dentro de una tradición centenaria, amante del mar, las motos y el cuero, defiende una perfumería que huye de la moda y se apoya en la cultura, la memoria y el riesgo creativo. En tiempos de velocidad y etiquetas, insiste en una idea casi subversiva: oler requiere tiempo, atención y criterio. Valores esenciales para entender por qué el perfume —todavía hoy— sigue diciendo más de nosotros que cualquier imagen.

Noticias: Durante años la perfumería fue un legado familiar. ¿Cuándo se volvió un destino personal?
Ramón Monegal: La perfumería siempre estuvo ahí. La había empezado mi bisabuelo y, en mi familia, los veranos no eran vacaciones: eran formación. Yo empecé estudiando arquitectura. Mi hermano mayor era el heredero natural, más numérico, más banquero. Yo era el artístico. Hubo un momento clave en el que mi maestro, Artur Jordi, me dijo: “Te toca a vos, pero no podés formarte como arquitecto y perfumista a la vez”. Dejé Arquitectura con pesar, aunque nunca se fue del todo. Sigo pensando en perfumes como estructuras. La arquitectura está en mi manera de crear. 

Noticias: ¿El perfumista nace o se hace?
Monegal: Se hace. Se educa. El olfato se entrena y la educación no lo fomenta. Los niños tienen mejor olfato que los adultos; el hijo reconoce a su madre por el olor. Mi olfato no es extraordinario; es normal. Lo que tengo entrenado es la imaginación. Hay un olfato de memoria, como el del sommelier, y uno creativo, como el del cocinero. Yo pertenezco a este último. No me interesa memorizar, me interesa inventar. Tengo mi paleta, mi mundo. Con eso tengo para diez vidas.

Noticias: Después de treinta años entre la empresa familiar y la multinacional, (n.d.r: en 2000 Myrurgia fue vendida a la multinacional Puig y Ramón quedó como director creativo), en 2009 decide firmar con su apellido.
Monegal: Fue libertad. Sin la familia encima y sin la multinacional encima. Cuando trabajás para una gran empresa sos diseñador, no artista. Firmar con mi apellido fue recuperar la historia familiar y asumir un riesgo. Sin riesgo no hay perfume. Hoy este camino lo continúan mis hijos —Óscar, Laura y Héctor—, que me cuestionan, se rebelan y trabajan conmigo. Incluso mis nietos ya muestran interés: la continuidad podría estar asegurada.

Noticias: ¿Dónde aparece la inspiración real?
Monegal: En el ingrediente. Es el que te provoca, el que te desafía. Podés inventar un concepto, pero cuando estás frente a la materia prima, ella manda. Pasé mi vida buscándolas, comprándolas, evaluándolas. En Myrurgia hacíamos todo: componíamos, mezclábamos, embotellábamos. Eso genera una relación íntima con la materia. Es como cocinar con pescado recién salido del mar. Es como cocinar con producto fresco. 

Noticias: Usted dice que un perfume nunca se termina.

Monegal: Siempre está en progreso. Creo mucho en el proceso intelectual para simplificar el laboratorio, que es lo más aburrido. Cuanto más claro tengo el guion —el título, los valores, la actitud— menos ensayo necesito. Un perfume empieza como una obra literaria.

Noticias: ¿Qué hace que una fragancia conecte con millones?
Monegal: El riesgo. Cuando hicimos Agua Fresca de Rosas para Adolfo Domínguez, asumimos un riesgo enorme: una rosa que no fuera la típica rosa. Nada francesa, nada empalagosa, más atlántica. Funcionó porque era el momento histórico, cultural y personal. Nunca hay una sola razón. Eso es lo que los banqueros no entienden

Noticias: ¿Qué pasó con la perfumería cuando se volvió masiva?
Monegal: Perdió tiempo, silencio y criterio. La masividad obliga a simplificar, y el perfume no admite simplificación. Cuando todo se acelera, cuando todo se lanza sin reflexión, el perfume deja de decir cosas. Y cuando todo huele igual, no dice nada

Noticias: ¿Qué mensaje transmiten hoy la mayoría de los perfumes comerciales?
Monegal: Ninguno. O confusión. La industria convenció al consumidor de que necesita muchos perfumes según género, estación o momento del día. Es falso y funcional al negocio. El perfume comunica actitudes, no géneros ni edades. Antes, cada cultura tenía una identidad olfativa; hoy todo se clona, todo está globalizado y todo es un gris. Se cambia el nombre, el envase, el relato, pero no la estructura ni la calidad de los ingredientes. La industria generalista descubrió que podía subir precios sin mejorar el contenido. Eso empobrece al consumidor.

Noticias: Usted es muy crítico con la moda.
Monegal: Porque es una intrusión. El perfume existe desde hace miles de años ligado a lo sagrado; la moda se metió hace apenas un siglo y quiso imponerle sus reglas. Temporadas, géneros, edades, lanzamientos constantes: es un mito comercial. Es una mentira funcional al negocio. La moda es el cáncer de la perfumería porque no entiende el oficio: solo entiende rotación y convirtió al perfume en un accesorio.  

Noticias: ¿Las tendencias no sirven para nada?
Monegal: Sirven si no se masifican y si obligan a revisar lo olvidado. La Generación Z, por ejemplo, pide cacao, pistacho, vainilla. Notas que antes se asociaban a la alimentación. Buscan marcas de nicho, identidad, no heredar el olor de sus padres. Eso es interesante. El problema es la clonación que se vuelve moda.

Noticias: ¿Hay olores que lo devuelvan a la infancia?

Monegal: El mar, y la brea. Había un maestro calafatero que doblaba la madera con fuego para hacer barcos. Yo me quedaba hipnotizado mirándolo. Ese ahumado, la madera caliente… cada madera huele distinto, incluso quemada. 

Noticias: El iris y el cuero aparecen una y otra vez en su obra.
Monegal: El iris es el ingrediente más provocador de la perfumería. Es el más caro, el más complejo y el más engañoso. Promete mucho en la salida y después hay que saber sostenerlo. Requiere paciencia, conocimiento y una estructura sólida detrás. El primer perfume personalizado que hice fue para mi mujer, el día de nuestra boda, con iris excepcionales. No era un gesto romántico: era una declaración de exigencia.

Noticias: ¿Y el cuero?
Monegal: El cuero es protección. Es una segunda piel. Tiene que ver con la fuerza, con el instinto, con la masculinidad entendida como energía, no como género. Me gustan las motos, el cuero, esa sensación de estar envuelto. Además, vengo de una generación que compraba ingredientes directamente: Myrugia y Guerlain compartían información porque en el mercado del ingrediente te estafan mucho. Yo no soy un perfumista de laboratorio cerrado: salí al mundo a tocar la materia.

Noticias: ¿Por qué el perfume sigue siendo tan poderoso?

Monegal: Porque revive. El olor no es emocional; emociona la experiencia que llevás asociada. Y aún así nadie educa el olfato. Es el único sentido que sigue siendo analfabeto.

Noticias: Usted insiste en la educación olfativa. 

Monegal: Es una misión. Mi abuelo fundó escuelas de barrio. Yo hago lo mismo desde la perfumería. Sin educación, el perfume se vuelve ruido. El lujo hoy no es el precio: es el conocimiento.

Noticias: Algunos consejos básicos para no equivocarse al perfumarse.
Monegal: El perfume es para la piel, no para la ropa. Menos, es más: la saturación es vulgar. Perfumarse también por detrás: el movimiento del cuerpo trabaja el aroma mejor que el impacto frontal. Y no preguntarse si gusta, sino si conviene. 

Noticias: ¿Conviene a qué?
Monegal: A tu manera de vestir, de hablar, de moverte. No hay perfumes malos, hay perfumes mal llevados.

Noticias: ¿Nunca temió perder el olfato?
Monegal: Me disloqué la nariz andando en moto. Llegué al hospital y el médico la vio torcida y, sin avisar, me la acomodó de un golpe. Yo le dije: “Ojo, que vivo de esto”. Me respondió: “Si lo llego a saber, no la tocaba”. Por suerte salió bien, pero entendí que mi herramienta no es solo la nariz: es la cabeza.

Noticias: Después de cincuenta años, ¿qué le queda por descubrir?
Monegal: Todo. Me sigo sorprendiendo. La inteligencia artificial va a cambiar la perfumería, para bien y para mal. Pero sigo creyendo en lo mismo: el perfume es un lenguaje. Y casi nadie sabe leerlo.

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Gabriela Picasso

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