Saturday 7 de February, 2026

SOCIEDAD | 27-01-2026 05:32

El regreso de Charly García a su "Fábrica de sueños"

La histórica sala de ensayos del astro del rock nacional reabrió como bar y salón de música en vivo. Y él volvió a habitarla.

Es viernes a la tarde en Chacarita pero el barrio, entre enero y el calor, está más que tranquilo. Tanto que desde la puerta de “La Fábrica”, en Fitz Roy y Córdoba, se escucha un correteo que viene de adentro. El frente rojo se abre y aparece el dueño de las pisadas. Es Dante, de 7 años y camiseta de Belgrano, que descalzo corre ida y vuelta por un pasillo largo que desemboca en una pileta.
En el fondo, al lado del agua, hay algunas mesas pero sólo una está ocupada. Tres cervezas vacías, algunos cigarrillos en el cenicero, un celular del que se asoma la voz de Mick Jagger, el chico en el piso con unos juguetes y poco más: la pacífica escena está lejos de ser lo que alguno imaginaría, a priori, que es un viernes de Charly García. Pero eso es exactamente lo que está pasando. El astro de todos los tiempos del rock nacional, la última gran estrella de la música argentina, conversa con cuatro de sus amigos más cercanos mientras que el sol se empieza a acomodar en el cielo. No hay flashes, no hay gritos, ni siquiera hay más gente. García está en lo que alguna vez llamó su “fábrica de sueños”, la casa que convirtió en sala de ensayo y estudio entre 1989 y 2005 -en donde se cranearon, por ejemplo, “Filosofía barata y zapatos de goma”, “Influencia”, “La hija de la lágrima”, “Say no more”, además de albergar los reencuentros de Sui Generis y Serú Girán-, por la que pasaron artistas de la talla de Mercedes Sosa o Luis Alberto Spinetta, y que hoy reabrió como un bar con música en vivo y cocina. García está en su casa.
Rock. “Esto de ser músico es una cagada, che”. El rockstar lanza la frase desde al lado de la pileta. Es de madrugada en Fitz Roy: García, en bóxer, toma impulso para saltar al agua durante un verano de 1994.

Charly García en La Fábrica
Esa escena es parte de “Existir sin vos”, un documental de Alejandro Chomski que transcurre enteramente en esta casa, y que acompaña a García y a su banda durante una noche entera de composición. Ahí se ilustra como habitaba su “fábrica de sueños”: entre cuadros de Miles Davis, Spinetta y los Beatles, el artista peloteaba las letras en un pequeño cuarto al que se llega desde una escalera que sale al lado de la pileta, bajaba para practicarla con sus músicos, daba vueltas por el lugar, se perdía en charlas y se mezclaba con el agua, ese elemento que parece haberlo acompañado toda la vida. “Lo que yo quería ser, lo soy”, dice en el film, mientras se ducha ante la cámara. Esa es apenas una de las tantas jornadas que García pasó ahí: se podrían escribir varios libros sobre los 16 años del músico en el lugar.
En 2005 vendió la casa, para pagar la grabación del disco “Kill Gill” en Estados Unidos. Durante dos décadas en ese lugar funcionó primero el atelier del artista plástico Omar Lotito y, luego de su muerte en 2010, se reconvirtió en un proyecto artístico de sus herederos, bajo el nombre “el taller de Omar”.

Charly García en La Fábrica
El regreso. Dos décadas después de la venta del lugar por parte de García, Matías Capeluto se sentó frente a una computadora y abrió una página de alquileres. Aunque la publicación de Fitz Roy no decía ni una sola línea sobre quien la había habitado la reconoció al instante: él es, antes que politólogo y coordinador del Grupo de Puebla, un fanático de García.
De hecho, es nieto de un famoso tanguero porteño cuya secretaria era hermana de la histórica secretaría del rockstar. Aunque de pequeño lo había conocido, recién con los años fue entrando en confianza, en especial entre 2015 y 2020: ahí Capeluto estuvo al frente de “Random”, un bar en Palermo -que no casualmente llevaba el nombre de un disco de García- al que el músico solía asistir y que la pandemia se llevó puesto.
En aquel arranque de 2025, Capeluto estaba buscando un lugar para alquilar, porque desde su última experiencia sentía que había un hueco en la noche porteña. “Hay una necesidad en las salas de música en vivo en Buenos Aires: hay varias muy buenas, pero faltaba una donde esté a la misma altura la gastronomía con el show. Y también hay un concepto nuestro atrás: la industria cultural de Buenos Aires o de la Argentina es la única industria que no está en crisis, seguimos exportando música. Era también una búsqueda de levantar el autoestima argentino”.
Capeluto cuenta la historia apoyado sobre lo que ahora es la barra de “La Fábrica”. El lugar -que tiene a Christian Werle y Juan Agosto como sus otros dos socios- está cambiado comparado a la era García. El bar de la entrada, en el que se cruzan botellas con discos de vinilo del músico y de otras leyendas como Spinetta, está reluciente, y atrás está la joya del lugar. Una sala de música en vivo, en la que entran 70 personas sentadas y 250 cuando se levantan las mesas, que fue acustizada por Matías Sznaider, técnico de sonido de Charly, y que contó con la iluminación de Pedro Pampín, hijo del histórico iluminador del astro. Para armarlo trabajaron durante tres meses, en los que fueron manteniendo informado a García de lo que sucedía.

Charly García en La Fábrica
Unas semanas después de su apertura, en septiembre, el otrora dueño del lugar apareció en el bar. Y parece que fue como volver a su hogar: ahora García va seguido, a veces la noche para algún evento y otras simplemente para tomar sol al lado de la pileta que él mismo mandó a construir. Y no sólo eso. Fue el lugar que eligió para festejar su último cumpleaños, para pasar fin de año y también para presentar “In the City”, el tema que compuso junto a Sting.
Ese 8 de octubre fue para el recuerdo. La noche anterior Milei había hecho su show en el Movistar Arena, que abrió con “Demoliendo Hoteles”. Pero el plato fuerte fue el reencuentro de familiares y amigos de García con el lugar: varios de los que fueron a ese encuentro íntimo -como Pedro Aznar, David Lebón, Hilda Lizarazu, Nito Mestre- volvieron a pisar por primera vez Fitz Roy en dos décadas. “Se notaba en el aire, estaban todos muy conmovidos”, cuenta Capeluto. Esa noche también asistió una generación de músicos que por edad jamás lo habían visto en vivo, y a los que ahora cada tanto se puede ver en “La Fábrica”, como Lali, Catriel, Trueno, o los integrantes de Airbag. La decisión del lugar de no poner una sala vip le da también otra impronta: cualquiera que vaya, si tiene suerte, puede quedar sentado a metros de García o de algún otro músico de renombre. “Hay un cuidado de ese ambiente. Y promovemos ese encuentro: queremos que sea un espacio donde venga a confluir todo Buenos Aires, un encuentro de intelectuales, periodistas, artistas, políticos, todos en un solo espacio. Hoy está pasando, aunque los únicos que no vienen son los políticos, como que se quedaron en sus burbujas”, dice Capeluto. La fábrica de sueños volvió a abrir sus puertas

Charly García en La Fábrica

 

"El lugar vibra". Matías Capeluto dice que, aunque siente la misma responsabilidad que si tuviera que “administrar la casa de Frida Kahlo en México”, la idea es no transformar a “La Fábrica” en un museo. “Queremos que esté vivo, que vibre”, dice, y desde su computadora muestra la grilla de los eventos que se vienen. Desde el día de la entrevista, el viernes 16, hasta donde se ve aparece un show, con música en vivo, cada noche. De hecho, en la última semana de enero van a alojar a tres recitales en los que García va a sonar en vivo, a través de una banda en la que van a estar Fernando Kabusacki, guitarrista de Charly en su último disco, entre otras bandas, y María Eva Albistur, bajista que fue parte de “Kill Gill”. “No es tributo, no es nostalgia, es una experiencia”, avisa Capeluto, sobre esos tres shows en los que se van a tocar "Kill Gill", "Rock and Roll yo" y "Random", albumes de García. El anfitrión también cuenta que a lo largo de este año van a hacer “produciones especiales” de “La Fábrica”, como por ejemplo un cruce de “Fonso y las paritarias” con el tango o “escuchar, tomar y comer” un disco, música en vivo acompañada con un menú y una bebida pensada específicamente para la ocasión. También tiene planeado este año empezar a grabar los shows para poder subir después a alguna plataforma.
Matías Capeluto: No queremos ser melancólicos: lo mejor está por venir siempre. Eso es lo que queremos construir, para eso queremos incentivar este tipo de lugares y de encuentros. El lugar está vibrando muchísimo, y hasta tiene noches de fiesta después de los shows. Este es un lugar histórico, fue recuperado y puesto en valor, pero no queremos que se transforme en un museo. Nosotros le decimos "el Aleph" porteño, el espacio en el que nos gustaría que venga a confluir todo Buenos Aires.

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Juan Luis González

Juan Luis González

Periodista de política.

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