Lucrecia Martel (Gentileza Coni Rosman)

Lucrecia Martel: “El planeta está en la mayor oscuridad que conocí en mi vida”

La directora analiza poder, fake news y territorio a partir de "Nuestra Tierra", su película sobre el crimen del comunero Javier Chocobar.

El poder es como esos casimires finos, cuesta verle los hilos. “Nuestra Tierra”, la última película de Lucrecia Martel basada en el asesinato del comunero Javier Chocobar a manos de un terrateniente que afirmaba ser el dueño del predio habitado por la comunidad indígena de Chuschagasta en Tucumán, desmonta una trama que incluye la lucha por la justicia, el derecho al territorio y la asunción de la propia identidad. En el medio está el tiempo, la década  que Martel le dedicó a este proyecto que acaba de estrenarse en nuestros cines, pero también los años que envenenan la espera comiéndose los talones de los vivos y los muertos.

¿De quién es la tierra? ¿Del que tiene el título de propiedad, de quien la trabaja o de los que vivimos aquí en la Tierra como en el cielo? Lucrecia Martel, nuestra mayor directora viva, despliega sus preguntas en esta charla.

Noticias: ¿La película devela el mecanismo de construcción de una verdad, el modo en el que  puede instalarse como verdadero un relato ficcional?

Lucrecia Martel: Mirá, es interesante lo que preguntás porque para mí el cine es una herramienta superpoderosa, pero se vuelve débil cuando es un mecanismo de sustitución de una verdad por otra, cuando ante determinados hechos yo te vengo a contar lo contrario y lo afirmo. El poder más interesante que tiene el cine es justamente demostrarte cómo se establecen las ideas de verdad y desarmar el andamiaje, no contraponer pesos de orden argumental. Creo que lo que puede hacer el cine, y por eso me parece que es tan valioso para estos momentos donde el planeta está en la mayor oscuridad que conocí en mi vida, es permitirnos observar cómo se edifican las afirmaciones que parecen definitivas. ¿Viste cuando en la película dicen: "En tal fecha dejó de existir la comunidad Chuschagasta?" Eso se sostiene como una verdad absoluta y después la persona que escribió semejante cosa ni siquiera recuerda haberlo dicho. Vos fijate cómo las fake news existen desde tiempos inmemoriales, se supone que deberían ser verdaderas, pero lo propio de las noticias es que sean un poco falsas, ¿viste? Se presentan muy organizadas por quien quiere imponer una idea, una visión de lo que está pasando en el mundo. El cine tiene algo fantástico y es que te permite ver cómo se arma el relato, cómo se urde esa trama.

Noticias: Durante años mucha gente se preguntó cómo pudieron ocurrir el Holocausto o las atrocidades de la dictadura cívico-militar. ¿Ahora estamos más cerca de saber cómo pasaron esas cosas sin que la sociedad reaccionara?

Martel: Sí y es terrible. Es aterrador porque vos decís, ¡qué fácil sucede! Con qué naturalidad  todos empezamos a justificar una cosa o la otra, eso es tremendo y siento que es así en todos los países. El otro día estaba dando una clase a 60 chicos de distintos continentes y los relatos de esos jóvenes que viven en distintas ciudades tenían algo en común, el miedo y la incertidumbre. Es un momento para pensar esas cuestiones, nosotros venimos con una tradición política en nuestra nación: siempre se construye un enemigo sobre el cual fundar todos los vicios y los fracasos del país, van cambiando los nombres, pero la figura del enemigo permanece. Esa forma de pensar no nos sirve para salir adelante como país, lo único que hace es consagrar la idea de la grieta. Y yo creo que en el día a día casi en ninguna familia se corrobora la grieta, porque siempre ha habido gente de un lado y del otro, pero seguís siendo familia, la vida no se detiene. Hay ideas con las que uno confronta y que tienen consecuencias en la vida diaria, eso es verdad, pero la retórica del enemigo es una dolorosa excusa en nuestra historia. 

Noticias: En el cine, si no trabajás en equipo y construís acuerdos, estás perdido. ¿Pensar algo así a nivel social es una quimera?

Martel: Por supuesto que uno tiene su propio punto de vista, pero estoy convencida de que se puede salir adelante con distintas visiones. Es increíble, nosotros llevamos 200 y pico años como Nación sin poder acordar en cosas fundamentales, y una de ellas es la educación. ¿Cómo se sale adelante sin educación? Todos tenemos nuestras ideas, alguien inclusive podrá decir: “Estoy en contra de la ESI”, bueno, la realidad se encargará de explicarte si era una buena o mala idea (risas) Pero la necesidad de que la juventud tenga formas de juzgar la verdad que se emite por medio de la tecnología, es un tema central. Ahora hay una verdad tecnológica construida por la inteligencia artificial, los límites de la realidad se difuminaron. ¿Cómo no vamos a tener un consenso con respecto a eso? 

Noticias: Mientras hablabas, pensaba en el poder de la imagen, en un momento de la película alguien dice que a los hombres les gustaba fotografiarse. ¿En el cine los hombres siguen siendo los dueños de la imagen?

Martel: ¿Sabés que yo no lo padecí? Creo que fue porque me precedió toda esa generación de directoras como María Luisa Bemberg y Lita Stantic. En mi confusión de los quince años veía que ellas eran tan exitosas, imaginate lo que había sido el suceso de “Camila”, por ejemplo, y crecí fantaseando con que el cine era una profesión de mujer. ¡Mirá la ignorancia! (risas). Esto te da la pauta de que hay fantasías en la cultura y que a veces un malentendido las voltea por completo. O sea, yo  imaginé que el cine era cosa de mujeres por mi experiencia adolescente, en ese entonces María Luisa y Lita hablaban en todas partes, estaban en los medios, eran las que más espectadores hacían y sus películas tenían una resonancia impresionante. Pero sí percibo algo en el cine y es la dificultad para otorgarle agencia a los personajes de las mujeres. Es como una cosa cultural, están destinadas a ser la esposa, la amiga, la hermana o la amante, esas son las variantes.

Noticias: En “Nuestra Tierra”, un miembro de la Comunidad Chuschagasta cuenta que se miró al espejo y le costó reconocerse indígena . Es como cuando creés ver el reflejo de tu madre en el espejo del ascensor, pero si te fijás bien, esa señora no es tu mamá, sos vos. ¿A veces la identidad se te cae encima como un ladrillazo?

Martel: (Se ríe) Escuchá esto que es gracioso, le pasó a una amiga mía que es uzbeka. Durante el Estalinismo parte de la población coreana fue obligada a trasladarse a Uzbekistán. Ella nació y se crió ahí, es cuarta generación en Uzbekistán, totalmente coreana de aspecto, pero formada en la educación soviética. Resulta que hace unos quince años muere un periodista ruso asesinado por el régimen, un tipo que era de Moscú. Y ella se da cuenta, a raíz de verlo en los medios, que no es igual a este hombre que han matado, sino que se parece a los asiáticos. Dice que hasta ese momento nunca había notado que era distinta físicamente a los demás.

Noticias: La realidad es más extraña que la ficción

Martel: Sí, porque una población, para sobrevivir, no solo económicamente sino también en lo que respecta a su autoestima, puede refugiarse lejos de su identidad. La persona que aparece en la película necesitó apartarse de la palabra indígena para poder reconstruirse y es totalmente comprensible, aunque también es obvio que ese conflicto será durísimo. Yo creo que entender el momento donde finalmente reconocés tu identidad es mucho más valioso que afirmar las cosas como si siempre hubieras tenido en claro quién eras. La sociedad quiere que los indígenas sean el indio deseado, el indio perfecto, el indio que conserva sus tradiciones ancestrales. Con esta película quisimos abrir espacios a preguntas y entender que no existe esa pureza que la gente urbana espera del mundo indígena. Esa es una fantasía absurda, una mala interpretación producto de la ignorancia sobre lo que pasó en el país a lo largo de nuestra historia.

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Martel: La vi y te digo, me pareció un momento de alegría brasileña. La disfruté mucho, sentís todo el tiempo el amor enorme que tiene el director Kleber Mendonça Filho por Brasil. Ahí está la esencia,  la música, esa felicidad brasileña a pesar de todo y en el peor de los momentos. Y te llega porque lo vivís en cuerpo y alma. Para mí, esos dos términos, cuerpo y alma, son inseparables. No creo en la existencia del cine intelectual porque cuando una película te impacta, no es solo en tu cabeza. Mi gran preocupación espiritual en estos tiempos es que nos conformemos con una felicidad tan minúscula. Creo que el cine puede servir para ver esa posibilidad, podemos imaginar una felicidad mayor que esta, fundada en el bien común, lo curioso es nuestra incapacidad para llevarla a cabo. Porque ya cuando imaginás algo, la mitad del trabajo está hecho.

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