Marilú Marini (José Tolomei y Néstor Grassi)
Marilú Marini: “La cultura no es un privilegio, es una necesidad”
La actriz y directora vuelve a escena con “Lluvia de fuego” y repasa una vida dedicada al teatro, la danza y el arte.
La actriz Marilú Marini construyó una trayectoria singular entre la danza, el teatro y dos ciudades que forman parte de su identidad artística, Buenos Aires y París. Comenzó como bailarina y en los años 60 integró el universo experimental del Instituto Di Tella, donde el cuerpo se convirtió también en una vía hacia la actuación.
En 1975 se instaló en París y junto con Alfredo Arias participó del grupo TSE e inició una carrera que la posicionó como una de las grandes intérpretes de su generación. Su actuación en "La mujer sentada", de Copi, le valió el reconocimiento de la crítica francesa y recibió el premio Molière a la mejor comediante. Galardón que volvería a conquistar por su trabajo en "Mortadela" con textos de Arias y Niní Marshall.
Hace apenas semanas acaba de terminar con las funciones de "Manifestum", donde compartió escenario con Franco Torchia en una propuesta performática en la cual transitó textos que reflexionaban sobre el cuerpo, la identidad, el género y la diversidad sexual.
En la intimidad de su camarín del Teatro San Martín, donde acaba de estrenar como directora "Lluvia de fuego", de Silvina Ocampo y Juan José Hernández, dialoga con NOTICIAS sobre su profesión y afirma: “El teatro es una artesanía que se construye”.
Noticias: ¿Cómo transformó la disciplina de la danza en herramienta para la actuación?
Marilú Marini: La danza tiene algo muy penetrante en el cuerpo y en la vida. Primero exige una disciplina de entrenamiento y de trabajo muy fuerte, pero también tiene, en el momento de danzar, algo del orden de dejarse ir, de la posesión de algo que, en última instancia, uno no controla. Es entregarse al universo. En realidad, como actriz no me formé tanto. Fue algo que fui haciendo sobre la marcha, a través del trabajo. Todo lo que había atravesado como experiencia de entrenamiento y estudio para la danza lo transformé luego en el trabajo actoral.
Noticias: ¿Qué aprendió de sus primeras maestras?
Marini: María Fux, Patricia Stokoe y Renate Schottelius fueron mis tres maestras de danza, muy queridas. Cada una me dio elementos muy diferentes. María me abrió la puerta y me dio permiso para la espontaneidad y la intuición. Patricia era una maestra exquisita y a veces pienso que fue un poco injustamente olvidada en el medio. Me dio como instrumento un trabajo con el cuerpo que no era mecánico ni pensado solamente como entrenamiento muscular. Me enseñó a pensar cómo organizar el cuerpo y a tener conciencia de la totalidad. Renate me acercó a una técnica muy precisa, pero también me enseñó que hay que olvidarla cuando uno baila.
Noticias: Todo eso se percibe todavía en su trabajo como actriz, especialmente en el manejo del espacio en escena.
Marini: A través de esas experiencias llegué a entender que todo es cuerpo. El lenguaje es cuerpo y nosotros, los actores, nos expresamos a través de él. Nuestro instrumento es nuestro cuerpo. La voz también es cuerpo, absolutamente.
Noticias: Alguna vez definió el teatro como una forma de vida. ¿Lo sigue pensando?
Marini: Lo sigo entendiendo como un oficio, más que como una profesión. El teatro se construye artesanalmente, no a partir de una idea intelectual. Por supuesto que la dramaturgia, el punto de vista de una puesta en escena y la mirada de un director tienen que estar presentes, pero eso no es la totalidad. Se necesita algo que viene de un lugar de nosotros mismos que es inusitado, que no conocemos y que a veces tampoco manejamos.
Noticias: ¿Qué encontró en París que no había descubierto en Buenos Aires?
Marini: Lo que más me sorprendió fue la diversidad de la vida cultural, que además está tomada en cuenta por el Estado. Hay un acompañamiento a la creación cultural porque forma parte de la imagen del país. Uno piensa en los vinos franceses, en la gastronomía y también en la cultura. Hubo gente como Jean Vilar, que creó el Teatro Nacional Popular y el Festival de Aviñón. Una de sus frases maravillosas dice que la cultura es tan necesaria para el pueblo como el gas y la electricidad. Y también lo son la educación y la salud. Ahora ese presupuesto se está recortando muchísimo y, desgraciadamente, las políticas de derecha tienden a reducir los subsidios y el acompañamiento a las actividades culturales.
Noticias: ¿Qué debería entenderse cuando se considera a la cultura un gasto?
Marini: Me parece que es algo sobre lo que el gobierno actual debería reflexionar. La cultura es fundamental para crear la identidad de una nación, de una patria. La salud, la educación y la cultura no son privilegios, son necesidades. Además, generan trabajo, actividad, ideas, posibilidades y encuentros. Permiten que la gente tenga instrumentos para desarrollar su pensamiento y no esté sometida o privada de esa posibilidad. Me parece fundamental entender que no se trata solamente de financiar espectáculos o actividades, sino de sostener una sociedad capaz de producir pensamiento y de encontrarse consigo misma.
Noticias: Usted trabaja con artistas de distintas generaciones. ¿Qué energía le aportan?
Marilú: Uno aprende muchísimo de la gente joven. Te acercan nuevos contenidos y nuevas informaciones a las que a veces uno no tiene tiempo ni espacio para acceder. También aportan nuevas miradas y eso siempre es enriquecedor. Lo más interesante que aportan es esa posibilidad de diversificación, de acceder a puntos de vista y fuentes distintas, no solamente de información, sino también de horizonte.
Noticias: ¿Siente nervios antes de salir a escena?
Marini: Sí, siempre.
Noticias: ¿Tiene alguna cábala o ritual antes de una función?
Marini: Me gusta estar mucho tiempo antes en el camarín y hacer algunos ejercicios de Feldenkrais, un método de trabajo corporal que practico desde hace años con un profesor argentino, Mariano Pattín. Después hay toda una serie de cosas preparatorias que también son rituales. Calentar la voz, comprobar que todo lo que voy a usar, tanto de utilería como de vestuario, esté en escena y en su lugar. Es una preparación que da seguridad. Y casi siempre, antes de entrar, me persigno y escupo sobre el hombro izquierdo. Adoro Grecia y estuve en varios bautismos de la Iglesia Ortodoxa. En esos bautismos, los padrinos del niño escupen sobre el diablo para que se aleje. Así que ese gesto me acompaña siempre.
Noticias: ¿Cómo se lleva con el paso del tiempo?
Marini: Aceptándolo y sabiendo que el cuerpo cambia. Además, mi cuerpo ha sido un cuerpo que trabajó mucho, que hizo muchas cosas y también muchas locuras (sonríe). Hay que cuidarlo y ejercitarlo con técnicas adaptadas a la edad y a las posibilidades. No se trata de estancar el cuerpo ni de pedirle cosas que puedan dañarlo. Tiene que estar en funcionamiento, pero de una manera adecuada. Hay que cuidar la máquina. Eso implica entrenamiento, alimentación y una vida que no tiene que ser de una austeridad monacal, pero sí con cuidados y con cosas que sean buenas para el cuerpo.
Noticias: ¿Pensar en el futuro le genera incertidumbre?
Marini: No. Por suerte tengo proyectos y pienso que eso es lo importante. Pero lo esencial es gozar del momento que se está viviendo y no pensar todo el tiempo en qué puede pasar. Eso consume energía. No hay que darle rienda suelta a la ansiedad ni al miedo. Hay que calmarse. Pero el miedo también forma parte de la vida y puede ser saludable porque nos protege. Si te viene un león corriendo enfrente, con las fauces abiertas, tenés que protegerte (sonríe).
Noticias: Después de tantos años dedicados al teatro, al cine y a la televisión, ¿qué le sucede cuando sube al escenario?
Marini: No sé si busco algo cuando subo al escenario. Lo que me sucede es que subo para dejarme atravesar por ese gran gozo que es actuar. Es convertirme en otro dentro de mi propio cuerpo y, a través mío, hacer aparecer textos, ideas y situaciones que me gusta compartir porque las encuentro bellas, necesarias o contundentes. Siento ese placer pleno, esa libertad que está acotada por la situación, pero que permite convertirse en otro y jugar con uno mismo y con el público.
Noticias: ¿Cómo llegó a usted la obra que dirige?
Marini: A través de Daniel Tinayre, el hijo de Mirtha, con quien éramos muy amigos. Yo había conseguido una primera edición de "La invención de Morel", de Adolfo Bioy Casares, para regalársela a mi esposo, Rodolfo, y quería que Bioy me la firmara. Daniel me llevó a la casa de Adolfo y Silvina Ocampo. Ella ya estaba enferma y no recibía, pero él me firmó el libro para mi marido. Después me dijo que tenía unas obras de ella y me dio "La lluvia de fuego" y otra llamada "La sala de espera", que eran inéditas. Me pidió que las leyera y le dijera qué me parecían. Las llevé a París donde estrené la primera traducida por Silvia Baron Supervielle y la estrenamos con dirección de Alfredo Arias y la presencia de Bioy.
Noticias: ¿Qué le despierta volver a ese universo literario?
Marini: La obra es un objeto hermoso, una comedia poética de folletín y suspenso hecha por dos poetas, Silvina y Juan José Hernández. En la escritura se siente la complicidad y el humor que existió entre ellos durante la gestación del texto. Hay algo muy lúdico, muy poético y muy corrido de la realidad. Es una historia que ocurre en una realidad, pero todo está un poco desplazado. Hay una mirada divergente, la mirada de dos poetas.
También te puede interesar
-
Lorenzo “Toto” Ferro: “El cine es un gran acto de fe”
-
Mauro Colagreco: “La cocina puede cambiar el mundo”
-
Cristian Tapia Marchiori: “Hoy alguien como yo difícilmente podría convertirse en director de cine”
-
Viviana Rivero: "No quiero que mi trabajo lo haga una máquina"
-
Gonzalo Aziz: “El periodismo militante no es profesional”
-
El video viral de Joaquín Levinton bajo el efecto de alguna sustancia
-
"Si querés llorar, llorá": La embajada de Noruega y un video de pasillos con frases de Moria
-
Guido Tassi: “El comensal es lo único que nos importa”
-
Mercedes Morán: “Está bueno seguir tirando por el piso prejuicios y limitaciones”