Martín Insaurralde y Juan Nápoli. (Cedoc.)
Insaurralde, la mancha venenosa de la política
La causa del ex jefe de Gabinete bonaerense, lejos de convertirse en una bandera del oficialismo, es un caso incómodo por los vasos comunicantes. El caso de Nápoli en la casa de Fernández Prieto.
El video se grabó el sábado por la noche en un departamento de Puerto Madero. Martín Insaurralde, ex intendente de Lomas de Zamora y ex jefe de Gabinete bonaerense, imputado por enriquecimiento ilícito y lavado de activos, fuma un habano y canta por la Selección. A centímetros, sonríe Juan Nápoli, presidente del Banco de Valores, armador financiero de Javier Milei y ex candidato a senador de La Libertad Avanza en 2023. La escena fue revelada por el periodista Gustavo Méndez, viajó por las redes en horas y dejó a las dos fuerzas que se disputan el poder atrapadas en un mismo silencio.
Desde el escándalo del yate Bandido hasta los videos de Jesica Cirio mostrando fajos de dólares escondidos en un vestidor, Insaurralde se convirtió en el símbolo de la corrupción peronista que el oficialismo prometió erradicar. La aparición pública del ex funcionario, fumando un habano y disfrutando del partido de Argentina en uno de los pisos más lujos de Puerto Madero, servía en bandeja para el relato mileísta. Pero la presencia de Nápoli lo desactivó: nadie en el Gobierno podría señalar al ex funcionario gozando de la impunidad sin exponer que a su lado hay un hombre propio, cercano al Presidente.
En el peronismo sucede algo similar. El kirchnerismo no puede montar el show del "libertario sentado junto a un corrupto", porque ese hombre es de los suyos. Tocar a Nápoli obliga a nombrar a Insaurralde. El resultado es una omertá recíproca y automática: los dos bandos prefieren que el video se apague solo. La reciprocidad tuvo esta semana una traducción en la Legislatura bonaerense. Un pedido de informes sobre Insaurralde, presentado por el libertario "Nene" Vera, consiguió apenas cinco firmas de los veinte diputados de La Libertad Avanza: el resto evitó incomodar al peronismo.
Fuentes de NOTICIAS afirman que Nápoli no fue una sola vez a la casa de Rodrigo Fernández Prieto. Estuvo en más de un partido, siempre con la camiseta argentina, a veces con la titular y a veces con la suplente. El 7 de julio los dos volvieron a coincidir en Atlanta, para ver Argentina–Egipto.
Fernández Prieto, desarrollador inmobiliario de Puerto Madero, hijo del constructor Alberto Fernández Prieto, fue novio de Jésica Cirio, la ex esposa de Insaurralde investigada en la misma causa. Mantiene buena relación con ella: Cirio fue a su cumpleaños en marzo de este año. El living donde se cruzan un banquero de Milei y un dirigente del conurbano bonaerense es el mismo que reúne a los protagonistas de la trama judicial.
Nápoli eligió defenderse por la vía de la intimidad. Invocó el artículo 19 de la Constitución, negó todo vínculo con Insaurralde y sostuvo que no lo conoce. La defensa se sostiene en lo jurídico, pero es poco solida desde lo político.
Así es como Insaurralde se convirtió en la mancha venenosa de círculo rojo que no ensucia solo al peronismo que lo cobija. Ensucia a quien se sienta cerca. El caso dejó de ser una oportunidad de denuncia para volverse un problema de agenda que comparten tanto La Libertad Avanza como el peronismo. Esto sucede, porque cuando la corrupción es transversal termina igualando a todos.
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