Victoria Villarruel (CEDOC)

Por qué Victoria Villarruel se bajó de la misa por el Papa Francisco

La vicepresidenta no asistió a la Basilica de Lujan y decidió recordar al Pontífice en la iglesia que fue bautizado Bergoglio.

La ausencia de la vicepresidenta  Victoria Villarruel en la liturgia central en homenaje al Papa Francisco, al cumplirse un año de su muerte, no respondió a un imprevisto sino a una decisión  personal que ella misma explicitó en declaraciones públicas y a través de su entorno, en un contexto atravesado por tensiones internas dentro del oficialismo. "La política se mete en fechas y en recuerdos de personas tan importantes como el papa Francisco. Yo prefiero estar entre la gente y prefiero estar con humildad, en un lugar que solo me encuentro con otros argentinos", destaco la segunda en linea de sucesión presidencial.  

La ceremonia principal se realizó en la Basílica de Luján, con dirigentes de espacios políticos y funcionarios del gobierno de Javier Milei, como Manuel Adorni y Martín Menem, entre otros. Sin embargo, Villarruel decidió no participar pese a haber confirmado inicialmente su presencia. Según explicó, su principal objeción fue el carácter que, a su entender, había adquirido el acto. “Me pareció que la misa en la basílica de Luján se había politizado”, afirmó, y agregó que “la ceremonia tenia un contenido que no era el del recuerdo al Papa propiamente dicho, era una ceremonia en que estaba la casta política".  

La vicepresidenta justificó su ausencia como un gesto de coherencia personal. “Soy coherente con mis creencias y quiero estar entre mis compatriotas”, declaró al retirarse de la iglesia a la que sí asistió. Estas expresiones sintetizan una doble dimensión del conflicto: por un lado, el rechazo a compartir espacio con determinados dirigentes —entre ellos figuras del propio gobierno del que todavía forma parte de manera formal— y, por otro, una crítica más amplia a la utilización política de la figura del pontífice.

Fuentes cercanas a la vicepresidenta reforzaron esa interpretación al señalar que no estaba dispuesta a “transformar una Misa de Homenaje a Francisco en un acto político”. En ese mismo sentido, trascendieron tensiones con integrantes del gabinete, particularmente con el vocero presidencial Adorni, lo que habría influido en la decisión de no asistir. También se mencionaron cuestionamientos internos por cuestiones protocolares, como el lugar que se le asignaría dentro de la ceremonia, interpretados por su entorno como un nuevo gesto de desconsideración hacia su figura institucional.

Lejos de mantenerse al margen del homenaje, Villarruel optó por participar de una celebración alternativa, de carácter más discreto. Se dirigió a la Basílica María Auxiliadora y San Carlos, ubicada en el barrio porteño de Almagro, un sitio cargado de simbolismo por haber sido el lugar donde fue bautizado Jorge Bergoglio. Allí asistió sin anuncio previo, acompañada por un reducido grupo de colaboradores, rezó junto a los fieles y mantuvo un breve contacto con los presente.

Desde su entorno describieron ese gesto como una forma de rendir homenaje “sin estridencias ni politiquería de casta”, reforzando la idea de una conmemoración más íntima y alejada del escenario institucional. La propia vicepresidenta insistió en esa línea al señalar: “Hoy es solo el día del papa Francisco. Quiero recordar y reconocer a esta figura tan importante para los argentinos”.

El episodio se inscribe en un marco más amplio de diferencias dentro del oficialismo y revela cómo incluso una conmemoración religiosa puede convertirse en un espacio de disputa política. La decisión de Villarruel no solo marcó distancia respecto de otros integrantes del gobierno, sino que también evidenció su intención de construir una narrativa propia en torno a la figura de Francisco, diferenciándose de lo que consideró una apropiación partidaria de su legado.

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