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El culebrón no muere: revival de la telenovela en tele y el streaming
El regreso de Avenida Brasil a Telefe, y Betty la fea, Muñeca brava y Pasión de gavilanes que conquistan nuevas audiencias. Por qué el melodrama volvió a ser el mejor negocio.
El regreso exitoso a Telefe de "Avenida Brasil", la superproducción brasileña que conquistó el corazón de los argentinos al ser emitida en 2013, permite comprobar que trece años más tarde sus personajes permanecen en el recuerdo de los televidentes. "La historia logró reconstruir un cuento de hadas, verosímil y contemporáneo. Es una estructura férrea que sobrevivió intacta al paso de los siglos", opina la escritora y periodista Cecilia Absatz, autora de "Las mil y una telenovelas".
El género supo trascender clases sociales, países de origen y el paso de las décadas. Nos ha permitido explorar temas sociales como la desigualdad entre ricos y pobres, o tabúes como el aborto. Incluso dio voz al sentir popular en momentos de convulsión política. Sin embargo, las miniseries, los thrillers y las ficciones concebidas para consumo compulsivo relegaron al melodrama latinoamericano por considerarlo envejecido.
Pero este tipo de producciones no solo sobrevivió, sino que encontró una nueva ventana de circulación mundial. Netflix, HBO Max y otras plataformas comprendieron la fascinación intacta detrás de aquellas historias de amores contrariados, identidades ocultas, venganzas familiares y redenciones finales. Incluso hay un canal exclusivo, TNT Novelas, con algunas de las tiras más exitosas de la historia.
Orígenes. Al dar el salto de la radio a la televisión, las telenovelas construyeron un lenguaje propio basado en personajes reconocibles, conflictos familiares y emociones llevadas al límite.
En 1948, el escritor Félix B. Caignet estrenó en La Habana "El derecho de nacer", saga radiofónica sobre una familia aristocrática de Cuba a comienzos del siglo XX. Tocó temas como castas raciales, posiciones sociales, homicidio, amor y perdón. Su éxito descomunal inspiró una película mexicana en 1952 y la famosa telenovela de 1981 protagonizada por Verónica Castro en el papel de María Elena del Junco.
Le siguieron otras como "Papá corazón", "Los ricos también lloran", "Corazón salvaje", "María la del barrio" o "El privilegio de amar", que terminaron moldeando el imaginario de varias generaciones y convirtieron a sus protagonistas en figuras populares de alcance continental.
Durante un extenso período, la Argentina ocupó un lugar privilegiado dentro de esa industria. Alberto Migré produjo títulos que trascendieron el entretenimiento para convertirse en fenómenos sociales. "Rolando Rivas, taxista" detenía literalmente la rutina cotidiana. A comienzos de los setenta se emitían más de quince ficciones de estas características, todas producidas localmente, antes de la llegada masiva de las brasileñas, venezolanas y mexicanas.
Los noventa tuvieron a "Celeste", "Perla Negra", "La extraña dama" o "Más allá del horizonte", que viajaron a Europa y consolidaron un mercado internacional que posicionó al país como uno de los principales exportadores de ciclos al mundo, incluida la lejana Rusia.
Ese liderazgo comenzó a diluirse y, mientras a nivel local se reducía la producción, Turquía ocupó el espacio. Series como "Las mil y una noches", "Fatmagül", "Mujer", "Tierra amarga", "Hermanos" y "Será que es amor" conquistaron audiencias internacionales gracias a una combinación de romanticismo, producción sofisticada y problemas universales.
El mercado global mueve actualmente más de 3.000 millones de dólares al año, de los cuales 1.900 corresponden a América Latina. La colombiana "Yo soy Betty, la fea", protagonizada por Ana María Orozco y Jorge Enrique Abello, mantiene el récord Guinness como la ficción más adaptada del planeta. Sin importar dónde se encuentre disponible, esta tira sigue ocupando los primeros lugares de preferencia entre los usuarios.
Streaming. Las plataformas eliminaron horarios fijos y transformaron el consumo en una experiencia individual. Sin embargo, no pudieron reemplazar el poder de una historia capaz de generar conversación, identificación y emoción. Antes los capítulos se comentaban al día siguiente; hoy, en redes sociales, foros y comunidades digitales. Cambió el escenario, pero permanece intacta la necesidad de compartir esos cuentos.
La nueva versión de "Café con aroma de mujer" llegó a Netflix y se actualizó con una mirada contemporánea sobre las relaciones de género, el consentimiento y la autonomía femenina. "Al principio tomaron clásicos como 'Cuna de lobos' y 'La intrusa', con la idea de hacer versiones frescas y atractivas. Fue una idea desafortunada. Cambiaron personajes legendarios por su maldad o su completa falta de escrúpulos por actrices jóvenes y concupiscentes. Si hay algo que la telenovela no cultiva es el erotismo", señala Absatz.
El escritor y guionista venezolano Roberto Stopello, showrunner y head writer de Netflix, interpreta el fenómeno como una consecuencia directa de la identidad cultural de la región. "En toda Latinoamérica nos encanta un buen drama, forma parte de nuestro ADN y hasta genera debates en las mesas familiares y redes sociales". Su opinión explica la decisión de incorporar al catálogo las emblemáticas "Pedro el escamoso", "Pasión de gavilanes" y "La reina del Flow", que encontraron audiencia mucho después de su estreno televisivo.
Por ejemplo, "Pasión de gavilanes", sobre tres hermanos que buscan vengar la muerte de un ser querido y acaban involucrándose con las hijas del responsable, no solo permaneció durante meses entre las opciones más vistas, sino que impulsó una segunda temporada con buena parte del elenco original.
En tanto, "¿Quién mató a Sara?", acerca de un hombre que al salir de la cárcel busca vengarse de la familia que lo incriminó en el asesinato de su hermana, y que su autor, el guionista chileno José Ignacio "Chascas" Valenzuela, definió como "una mezcla de thriller y melodrama", estuvo en el Top Ten de más de 80 países. Además, luego del estreno de la primera temporada tuvo en Netflix 266 millones de horas de visualización en los primeros 28 días y se convirtió en el noveno título de televisión en lengua no inglesa más popular del mundo.
Algo similar ocurrió con "Muñeca brava", una de las mayores exportaciones de la televisión argentina. La historia protagonizada por Natalia Oreiro y Facundo Arana relata la vida de Mili (apodada Cholito), una mujer rebelde y aventurera que, al crecer y dejar atrás el convento donde vivía, se convierte en empleada de una mansión, donde conoce al personaje interpretado por Arana y se enamora de él. Su llegada al universo digital de Netflix confirmó que las nuevas generaciones también podían descubrir un relato construido mucho antes de que existiera el concepto de maratón de capítulos.
En Arabia Saudita, el éxito de esos títulos respondió a mecanismos de identificación completamente diferentes de los observados en México, donde el melodrama funcionó muchas veces como refugio frente a una realidad marcada por la violencia de género. Esa capacidad para dialogar con contextos muy diversos constituye una de las principales fortalezas del formato.
En un mercado saturado por thrillers, distopías y universos fantásticos, el melodrama volvió a demostrar que ninguna innovación tecnológica puede sustituir la fuerza de los sentimientos. Su permanencia no responde únicamente a la nostalgia ni al peso de lo tradicional.
Mientras exista audiencia capaz de emocionarse con un amor imposible o una injusticia finalmente reparada, el culebrón seguirá encontrando nuevas pantallas para contar los mismos anhelos que, desde hace más de medio siglo, laten en el corazón de millones de personas. "Desde los tiempos del folletín hasta la superproducción brasileña, nunca van a morir. O al menos eso espero", concluye Absatz.
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