Nazareno Andorno (Nazareno Andorno)
Nazareno Andorno, el compositor que despidió a Francisco
Compositor, director, pianista y arreglador, cruza el pop, el jazz y lo sinfónico. Su etapa italiana lo llevó a estrenar en la Basílica de Asís.
Hay músicos que eligen un carril y lo recorren hasta el final. Nazareno Andorno eligió cruzarlos todos. Compositor, director de orquesta, pianista, productor y arreglador, este argentino construyó una carrera que se mueve con la misma soltura entre un pentagrama sinfónico y una sesión de R&B, entre el rigor de la música clásica y la respiración del jazz.
Empezó de chico, como suele pasar con los que después no pueden parar. Y con los años fue armando algo más difícil que un currículum: una identidad. La marca Andorno no está en un género sino en la manera de combinarlos. Sus trabajos pasan por el pop, el jazz, el R&B y la música clásica, y desembocan en proyectos sinfónicos, sacros y contemporáneos que suelen tener un pie en la tradición orquestal y el otro en formas de expresión mucho más nuevas. A eso le sumó un cruce menos frecuente en el ambiente: el diálogo permanente con la cultura, la literatura y la espiritualidad. Ese último costado terminó definiendo su etapa más visible, que transcurrió entre Roma y Asís.
Roma, Asís y un abrazo
En Italia, Andorno se sumó a los proyectos impulsados por el poeta y filántropo argentino Alejandro G. Roemmers. De esa alianza nació la Orquesta "El Abbraccio", integrada junto a músicos de la Academia Nacional de Santa Cecilia y de la Orquesta Sinfónica de Roma. No es un detalle menor: hablamos de dos de las instituciones musicales más prestigiosas de Italia.
La orquesta fue concebida como la voz sonora de "El Abrazo", la iniciativa que promueve Roemmers inspirada en el mensaje de fraternidad de San Francisco de Asís. Su debut tuvo el escenario perfecto para semejante idea: la Porciúncula, dentro de la Basílica de Santa María de los Ángeles, en Asís, en abril de 2023. Ahí se estrenó la "Suite Francisco", compuesta, orquestada y dirigida por el propio Andorno. Fue el momento en que todas sus facetas se juntaron en un mismo lugar. El compositor, el arreglador, el pianista y el director trabajando sobre una misma obra, en un proyecto de alcance internacional.
Los Cánticos y la despedida
El vínculo con la figura de San Francisco siguió. A partir de una idea de Roemmers, Andorno musicalizó "Los Cánticos de las Criaturas", el texto atribuido al santo de Asís que es, probablemente, uno de los poemas más antiguos de la literatura italiana. Llevarlo al lenguaje musical era un desafío enorme: se trata de una obra de ocho siglos que sigue siendo leída como manifiesto ecológico y espiritual. La presentación tuvo lugar en el Auditorio Antonianum, en Roma, una sala ligada a la tradición franciscana.
Y hubo un tercer capítulo, más íntimo y más triste. "Adiós Francisco", también compuesta, orquestada y dirigida por Andorno, se presentó en Roma como homenaje al Papa Francisco tras su fallecimiento. Una despedida escrita en partitura, sin discursos, con la música haciendo lo que la música sabe hacer cuando las palabras no alcanzan.
Es una trayectoria poco habitual. Andorno no se instaló en el circuito de las salas sinfónicas ni en el de la industria pop. Se movió entre ambos, sumó el jazz y el R&B a un oído formado en la tradición académica, y encontró en el cruce con la espiritualidad un territorio propio. En un ambiente donde la especialización suele ser el camino más seguro, él apostó por lo contrario. Y la apuesta lo llevó de Buenos Aires a la Porciúncula de Asís, que no es poca cosa para un músico argentino.
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