Don Johnson, Mellanie Griffith y su hija Dakota (CEDOC)

Nepo babies: el poder de los hijos en Hollywood

De Sofia Coppola a Zoë Kravitz: un repaso por los apellidos que dominan Hollywood, según un estudio presentado en el Festival de Locarno.

Un estudio presentado esta semana en el Festival de Locarno, epicentro europeo de la industria cinematográfica, puso en números algo que el público viene intuyendo hace años: el 70% de las 100 películas más taquilleras de lo que va del siglo tuvo al menos un "nepo baby" entre sus creativos centrales.

El dato lo presentó Stephen Follows, analista de datos de la industria del cine, en la apertura de Locarno Pro 2026, en una charla titulada "Miedo, mentiras y la ilusión del control". Follows analizó las 100 películas de mayor recaudación entre 2000 y 2025 y calculó en cuántas el director, el guionista o alguno de los tres actores principales tenía al menos un familiar ya instalado en la industria. El resultado, siete de cada diez, generó un audible murmullo de sorpresa entre los presentes.

Según Follows, tener familia en el negocio no solo abre la puerta de entrada, sino que acelera cada etapa de la carrera: dirigen su primer largometraje a los 33 años en promedio, contra los 35 de quienes no tienen esos vínculos, y llegan a una película "top" en ocho años en lugar de diez. Lo que no cambia es la calidad: "las películas en sí no son más grandes ni mejores", con el mismo desempeño de taquilla y de crítica. Su conclusión: "los lazos familiares te hacen entrar y te mantienen en el juego", aunque aclaró que no siempre se trata de nepotismo en su peor forma, sino, muchas veces, de haber crecido dentro del ambiente.

Nepo babies. Sofia Coppola es, probablemente, el caso más citado: hija de Francis Ford Coppola, debutó como actriz de niña en El Padrino y construyó una carrera propia como directora, con Lost in Translation y Priscilla. Su primo Nicolas Cage cambió su apellido real, Coppola, para escapar de esa sombra familiar. Otro primo de la dinastía, Jason Schwartzman, también actor y guionista, completa un árbol genealógico que sostiene buena parte del cine independiente estadounidense.

Jason Reitman, director de Juno y Up in the Air, es hijo de Ivan Reitman, responsable de Los Cazafantasmas. Gwyneth Paltrow, ganadora del Oscar por Shakespeare in Love, es hija de Blythe Danner y Bruce Paltrow. Angelina Jolie es hija de Jon Voight. Kate Hudson es hija de Goldie Hawn. Jake y Maggie Gyllenhaal son hijos del director Stephen Gyllenhaal y la guionista Naomi Foner, y crecieron bajo el ala de Susan Sarandon y Tim Robbins. Ben Stiller es hijo de los comediantes Jerry Stiller y Anne Meara.

Entre las generaciones más jóvenes: Zoë Kravitz, hija de Lenny Kravitz y Lisa Bonet; Maya Hawke, hija de Uma Thurman y Ethan Hawke; Dakota Johnson, hija de Melanie Griffith y Don Johnson, y nieta de Tippi Hedren; Emma Roberts, sobrina de Julia Roberts e hija de Eric Roberts; y Lily Collins, hija de Phil Collins. Todos integran, hoy, el "top 100" que Follows analizó.

Del lado de los guionistas y productores también abundan los casos. Emma Thomas, esposa y productora habitual de Christopher Nolan, es hija de un ejecutivo de cine británico. Kathleen Kennedy, histórica productora de Steven Spielberg y hoy presidenta de Lucasfilm, forma pareja con el productor Frank Marshall. Jenny Lumet, hija del director Sidney Lumet y nieta de Lena Horne, escribió Rachel Getting Married. Y en dirección, además de Coppola y Reitman, aparecen Duncan Jones, hijo de David Bowie, que dirigió Moon y Warcraft, y Roman Coppola, guionista habitual de Wes Anderson.

Otro relevamiento, de la plataforma Giggster sobre los estrenos estadounidenses de 2025, matiza el fenómeno: entre los actores menores de 35 años de 122 películas de ese año, uno de cada seis tenía un padre o madre en la industria; el 63% de ellos, un progenitor actor. Casi la mitad tenía a ambos padres en el rubro, y un 14% un abuelo también del ambiente, lo que sugiere que el fenómeno se profundiza con las generaciones. El mismo estudio remarca que el 84% de los actores jóvenes analizados no venía de familias del espectáculo.

Qué hicieron. Sofia Coppola estrenó The Beguiled (2017), premio a mejor dirección en Cannes, On the Rocks (2020) y Priscilla (2023). Jason Reitman dirigió Tully (2018), The Front Runner (2018) y las dos entregas recientes de Ghostbusters, Afterlife (2021) y Frozen Empire (2024), retomando la saga de su propio padre.

Gwyneth Paltrow reapareció en Avengers: Endgame (2019) como Pepper Potts. Angelina Jolie protagonizó Maléfica: Dueña del Mal (2019), Los eternos (2021) y Maria (2024), como la cantante de ópera María Callas. Kate Hudson participó de Glass Onion (2022) y Running Point (2025).

Jake Gyllenhaal encabezó Spider-Man: Far From Home (2019), The Guilty (2021) y Road House (2024); su hermana Maggie debutó como directora con The Lost Daughter (2021), nominada al Oscar a mejor guion adaptado. Ben Stiller dirigió Escape at Dannemora (2018) y Severance (2022, en emisión), con la que se consolidó en streaming.

Entre los más jóvenes, Zoë Kravitz protagonizó Big Little Lies (2017-2019) y Batman (2022), como Catwoman, y debutó como directora con Blink Twice (2024). Maya Hawke integró Stranger Things (desde 2019) y Asteroid City (2023). Dakota Johnson cerró la trilogía de Cincuenta sombras en 2018 y luego hizo The Lost Daughter (2021), Madame Web (2024) y Materialists (2025). Emma Roberts fue parte de American Horror Story y protagonizó Holidate (2020) y About Fate (2023). Lily Collins encabezó Emily in Paris (desde 2020).

Productores.Tres de cada cuatro directores nunca filman una segunda película dentro de los cinco años posteriores a su debut. Entre quienes sí lo logran, haber trabajado con un productor experimentado en su ópera prima es uno de los factores que más incide: "incluso un debut brillante pierde contra uno ordinario con un mejor productor", dijo Follows. Los egresados de escuelas de cine, además, recaudan más en taquilla que el resto, aunque la calidad medida en críticas es idéntica: la escuela funciona como "rampa de aceleración" hacia el éxito comercial.

Sobre el cine independiente, hasta 2018 solo el 3,4% de esas películas generaba ganancias, y de las que llegaban a estrenarse en salas, apenas un 33% resultaba rentable, contra el 51% del cine de estudios. Todo responde, según el analista, a las "leyes de potencia": "un número pequeño se queda con casi todas las riquezas".

El eje de fondo de la charla fue la falsa sensación de control que vende la industria. "El negocio del cine es impredecible, incognoscible e injusto", resumió Follows, al enumerar los mecanismos que la industria usa para simular que reduce el riesgo: estrellas, proyecciones de prueba, franquicias, algoritmos. "Mueven un poco la aguja", ironizó, pero no cambian la imprevisibilidad de fondo. Su recomendación final: aceptar que no se controla casi nada y enfocarse en lo que sí depende de uno: hacer que la gente quiera trabajar con vos, hacer algo original, tener una mirada propia, porque "los algoritmos no son tan buenos; la curaduría humana sigue siendo mucho más importante".

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