Tute Bevacqua (CEDOC)
Robots de trading: el argentino de 22 años que automatizó todo
Desde Buenos Aires, un desarrollador algorítmico genera dos millones de estrategias por hora y descarta casi todas. Cómo funciona su laboratorio.
En una computadora instalada en Buenos Aires, un grupo de programas trabaja sin pausa: genera estrategias, las combina, las somete a prueba y descarta casi todas. Son unas dos millones por hora. Detrás de esa maquinaria está Mateo "Tute" Bevacqua, un desarrollador algorítmico de 22 años que se especializó en algo que fuera del mundo financiero pocos conocen: programas que operan en el mercado de forma completamente automática.
Del emprendimiento al código
La búsqueda arrancó temprano. A los 13 ya intentaba generar sus propios ingresos y probó varios emprendimientos. A los 17 descubrió los mercados bursátiles, y el giro definitivo llegó cuando sumó la programación. "Sabía que teniendo techo, comida y una computadora a mi disposición era cuestión de pensar ideas", recuerda.
El nombre engaña. Un robot de trading no tiene brazos ni circuitos: es un conjunto de reglas escritas en código que define cuándo abrir una operación, cuándo cerrarla y cuánto riesgo asumir. Una vez programado, se ejecuta solo. Para Bevacqua, la gran ventaja frente a un operador humano no es la velocidad sino la frialdad. "La codicia no es usada en un algoritmo", resume.
Probar antes de arriesgar
El corazón del trabajo no es escribir el sistema sino comprobar que funcione. Para eso se usa el backtesting: el algoritmo corre sobre datos históricos para ver cómo se habría comportado, sin poner un peso en juego. Bevacqua desarrolló sus propios métodos para validar estrategias offline y verificar si una operativa puede funcionar de verdad antes de llevarla a sus cuentas. Es la etapa menos vistosa del proceso y, a la vez, la que separa una idea prometedora de una herramienta confiable.
Después automatizó también la investigación. En vez de diseñar una estrategia por vez, armó un entorno que produce variantes en masa y las pasa por una serie de pruebas. La máquina explora millones de combinaciones y él fija las condiciones para sobrevivir: solo quedan las que cumplen un checklist estricto. La clave, insiste, no está en cuántas se generan sino en el rigor del filtro. Por eso, de los dos millones que salen cada hora, la enorme mayoría termina en la papelera.
Lo que no puede hacer la IA
Cada vez más gente le pide a ChatGPT o a Claude que le programe un robot. Bevacqua no lo descarta, pero pone un límite: sirve para tareas puntuales. Un modelo de lenguaje puede escribir el código, explica, pero no puede validar cómo se habría comportado ese sistema con datos reales del pasado. Y sin esa etapa, el programa es apenas una promesa en pantalla.
En sintonía con la ola de plataformas no-code, que permiten crear aplicaciones sin saber programar, desarrolló un generador que arma un robot sin escribir una sola línea. Lo pensó para los que recién empiezan y quieren entrar a este mundo sin pasar antes por un curso de programación. Su consejo para aprender es corto: "Estar enfocado y prestar atención a quien le enseñe".
Repite que quiere tener automatizado hasta el café de la mañana, y lo dice en serio. Le tomó el gusto a delegar en las máquinas lo que no depende de él para ganar tiempo. Como en la Argentina casi no hay divulgación seria sobre desarrollo algorítmico, empezó a mostrar su trabajo en redes y podcasts.
También te puede interesar
-
La tecnología como aliada
-
Quién es Evan Hubinger, el científico que vaticinó que la IA podía acabar con la humanidad
-
Cuándo vale la pena pagar por una suscripción de IA
-
El 83% de los robos de mercadería golpea a camionetas y utilitarios
-
Adicción a las redes en menores: Meta acepta límite de 2 horas en Instagram
-
Lo que no se ve en un Mundial: tecnología que protege a 80.000 personas en cada partido
-
La segunda ola de la IA: ya no responde, ejecuta
-
IA para transformar la matriz productiva
-
La Argentina no tiene ningún submarino operativo