Libros / 16 de diciembre de 2011

libro

Toda una vida

“Steve Jobs”, de Walter Isaacson. Debate,
737 págs. $ 119.

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Líder indiscutido de algunas de las innovaciones industriales y comunicativas cruciales del siglo XX, perfeccionista extremo, lleno de “tics” y rasgos del típico “nerd” genial criado en los ’60, Steve Jobs acertó una vez más al elegir a su biógrafo, ya enterado de su cáncer. En este macizo volumen, terminado en tiempo récord (como la gustaba a Jobs), Walter Isaacson compacta toda una vida difícil de seguir. Hay raíces dignas de Dickens (Jobs fue dado en adopción por sus padres), momentos o fotos que pintan más a un personaje de dibujo animado que un ser humano (rabietas dignas de Donald, insolencia típica de Bugs Bunny), y constantes saltos al futuro, que se convertía en presente gracias a sus productos. El libro logra dominar casi todos los grandes desafíos que implicaba investigarlo y, sobre todo, escribirlo.

Jobs había recorrido la India y sus gurúes, tenía ideas radicales extremas sobre alimentación (era un “vegano”, que llevaba a fondo el vegetarianismo), y aun en sus momentos de multimillonario le seguía gustando vestir jeans y polera, o ir descalzo. Fundó Apple con dos socios en un garaje, y la convirtió en una empresa líder que dejó una marca tan definida y mística a su modo como la propia Coca-Cola.
Isaacson estructuró con limpieza el enorme material conseguido en decenas de entrevistas y fuentes. Reserva un extenso capítulo (“Un tipo corriente”) para el trato de Jobs con su doble juego de padres (biológicos y adoptivos), sus sucesivas mujeres (encontrando en Laurene Powell el equilibrio perfecto), su relación con su hermana biológica Mona Simpson, y con sus hijos (Lisa, a quien abandonó junto a su madre, y tres hijos de su matrimonio).

El mayor espacio lo van llevando las sucesivas ideas geniales que impuso: en el mundo digital –la Macintosh, luego la iMac–, en el dibujo animado –la empresa Pixar–, en la música –el iPod y sucesores–, y al fin de las “tabletas” (el iPad). También aparecen los combates con su archienemigo, Bill Gates, y su empresa Microsoft. O su enfrentamiento con John Sculley, una relación que incluyó tanto llanto literal como una telenovela latinoamericana.
Los últimos capítulos describen el avance del cáncer, un encuentro con Obama y con Gates, y el “legado” para un mundo que Jobs contribuyó como pocos a cambiar.

 

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