Pacho O'Donnell. (Juan Ignacio Tapia)
Pacho O 'Donnell: “Uno es mejor persona en la vejez”
El último libro del escritor reflexiona sobre lo más positivo de la edad adulta y plantea cómo ganar años con felicidad.
"La vejez te puede dificultar subir una escalera, pero no tiene por qué entorpecer la creatividad". Quien habla es el escritor, psicoanalista y estudioso de la historia Pacho O'Donnell, que a sus 84 años acaba de publicar tal vez su libro más personal, "El arte de envejecer con coraje y dignidad" (Sudamericana).
Algo está cambiando en el modo en el que la cultura mira a sus viejos. Hay series protagonizadas por personas mayores, podcasts y newsletters que abordan la vejez sin eufemismos, conversaciones que antes no existían. Durante siglos, el envejecimiento fue considerado un descenso, un lento desmoronarse del cuerpo y la mente. Hoy se empieza a comprender que puede ser una etapa de plenitud, sabiduría y, por qué no, de vivir nuevas formas de libertad.
Entre viejismo y longevidad
O'Donnell plantea que aceptar que uno es viejo requiere coraje. Porque implica reconocer que el cuerpo ha cambiado, que la vida que queda por delante probablemente es menor a la que ya se ha vivido. Y esa toma de conciencia puede despertar emociones muy distintas, desde tristeza y miedo a serenidad y gratitud, incluso la noción de una sabiduría que se fue acumulando sin que uno se diera cuenta.
El problema es que la cultura no termina de ayudar. En una sociedad que venera la juventud como si fuera una divinidad, hablar de la vejez con amor y humor por mucho tiempo fue un acto de rebeldía. El viejo en los medios era sabio o ridículo, y en las publicidades todavía sirve para vender pegamentos de prótesis dentales o colágeno para la artrosis. Hay un nombre para eso: viejismo. Una discriminación que casi nadie reconoce en sí mismo y que opera en el lenguaje cotidiano, en el tiempo de los semáforos calculado para jóvenes de buen paso, en el estado de las veredas o en el insulto fácil que puede salir frente a un auto que avanza lento: "viejo de mierda". También en las jubilaciones, un tema en el que el autor hace especial énfasis, marcando que dejar de trabajar muchas veces es dejar de existir.
Al mismo tiempo, la demografía cuenta otra historia. Según la OMS, en muchos países los mayores de 65 años ya superan en número a los menores de 15. Argentina tiene hoy el 15% de su población con más de 60. Nos estamos volviendo una sociedad vieja en el sentido más literal del término. La pregunta, entonces, no es si vamos a envejecer, sino cómo.
Y la respuesta urge, porque el tiempo no espera. La esperanza de vida en Argentina llegó a 77,5 años en 2024, casi cuatro años más que en 2000. La tasa de fecundidad cayó a 1,44 hijos por mujer, la más baja registrada en la historia del país. Nacen menos argentinos y los que nacen viven más. La pirámide poblacional se invierte despacio pero sin pausa y la sociedad que viene será, inevitablemente, una sociedad de viejos. El libro podría leerse como una hoja de ruta para una realidad que ya está acá y que todavía no terminamos de mirar de frente.
La vejez que viene
O'Donnell encarna esta nueva vejez antes de explicarla: a los 84 años acaba de publicar esta obra y tiene dos más en camino. "Quizás escribo más precisamente porque disminuyó mi capacidad de movimiento", razona. Podría decirse que la vejez, en su caso, afinó la puntería.
Es una etapa larga, la más larga. Más que la infancia, la adolescencia, la juventud. Y en ese tiempo se puede hacer mucho: pagar deudas con uno mismo, estudiar lo que no se estudió, conocer lo que no se conoció. "Si no sos lo que te hubiera gustado ser, la vejez te da tiempo para tratar de serlo", incita el autor. Muchos lo hacen: descubren pasiones dormidas durante décadas, aprenden idiomas, empiezan carreras universitarias a los 70. Algunos se vuelven tiktokers a los 80. El libro lo dice sin ironía.
El humor es uno de los grandes aliados de esta etapa. Reírse de uno mismo es un lujo que la juventud se permite poco. La gente mayor, en cambio, lo hace con una gracia envidiable. En el libro aparece el testimonio de alguien que durante la pandemia aprendió a usar Zoom para armar un club de lectura virtual con amigos que no veía hace cuarenta años. "Somos seis y debatimos como si fuéramos universitarios. Eso sí, nos tomamos tres horas y dos siestas por reunión".
Según el Pew Research Center, el 68% de los adultos mayores afirma sentirse más feliz que en etapas anteriores de su vida. Es que aprendieron a valorar lo esencial, como una charla larga, un café sin apuro, la canción justa. El autor también menciona un alivio que llega con esta edad. Una libertad que se instala cuando ya no se espera tanto: "Cuando uno puede volver a sentarse a mirar la vida como cuando era niño, pero sin tener que ir al colegio después. Eso, amigos, es un verdadero privilegio".
Y ni siquiera la muerte debería aparecer en este momento como villana, sino más bien como testigo y estímulo, como una presencia que enseña. "Que obliga a seleccionar lo importante y convierte cada abrazo en un acto consciente", apunta O'Donnell. Es que en esta nueva versión de la vejez, la vida convive con la posibilidad real de finitud, y al hacerlo se intensifica y valora más que nunca.
La mochila
"Algo muy importante en la vejez es el amor", sostiene el autor. "Te lamentás sobre la cantidad de tiempo perdido en cosas inútiles, y lamentás no haber dedicado más tiempo a la gente que querés, a los amigos que admirás", agrega. Por eso, invita a hacer un ejercicio concreto: escribir una lista de las personas que uno quiere y darse cuenta de cuántas hay a las que nunca se les dijo cuán importantes eran. "La obviedad es muy tramposa. No demos nada por obvio", advierte. La vejez, dice, es el momento de vaciar esa mochila. De ser más leal con el propio deseo y corregir lo que todavía se puede corregir. "Uno es mejor persona en la vejez porque se conecta más con sus propias cosas, hay tiempo para corregir defectos".
Y en ese vaciamiento, la amistad cobra un peso que antes no tenía. El libro cuenta el caso de María y Antonia, de 91 y 89 años, que se conocieron trabajando como enfermeras en Valencia y hoy se llaman todos los días a las 8:30. "Para ver si la otra todavía respira", dicen entre risas. Su amistad sobrevivió matrimonios, hijos, viudez, mudanzas y una pandemia. En el norte argentino hay un grupo de jubiladas que se hace llamar Las Reumáticas del Ritmo. Ensayan coreografías con bastones y cuentan chistes que hacen sonrojar a sus nietos. "Tenemos artrosis, pero también actitud", dicen.
Un estudio de desarrollo adulto de Harvard, que lleva más de ochenta años de seguimiento, concluyó algo tan sencillo como poderoso: las relaciones cálidas son el mejor predictor de una vida larga y feliz. O'Donnell lo resume con una frase de Jeanne Moreau que cita en el libro: "La edad no protege del amor, pero el amor protege de la edad".
Porque, al final, la vejez más temida no es la del cuerpo que falla sino la de los afectos que quedaron sin decir. Y para eso siempre estamos a tiempo.
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