Reunión por zoom. (Pixabay)

Trabajo: Claves para reinventarse en tiempos de IA

La profesión para toda la vida ya no existe. Y hoy gana el miedo a quedar obsoletos. ¿Tiene sentido seguir formándose en universidades o vale más el camino del autodidacta?

Hace veinte años, terminar una carrera universitaria era comprar un pasaje de ida. Se elegía una profesión a los dieciocho y esa elección duraba cuatro décadas, hasta la jubilación. Ese pacto se rompió. Hoy las tareas cambian más rápido que los planes de estudio, la inteligencia artificial reconfigura puestos enteros y la pregunta ya no es qué profesión tenemos, sino en quién necesitamos convertirnos para seguir vigentes. Hoy elegir bien una carrera requiere de una estrategia que se revisa todo el tiempo, con un norte que puede moverse. A continuación, claves y miradas de expertos para las nuevas carreras sin mapa.

 


Cambio de paradigma

Elegir un trabajo por el nombre de la empresa dejó de alcanzar. Sandra Olive, head hunter, coach y autora de "No es suerte, es estrategia" (Ediciones Lea), marca un quiebre especialmente notorio después de 2020. "Hoy las personas buscan lugares con los que comulgan, alineados con sus principios, sus valores y el propósito de la organización. Buscan mucho más balance de vida", apunta. Ya no importa tanto si la empresa es una gran corporación o una PyME, sino qué piensa hacer esa organización hacia adelante.

Ese cambio de prioridades tiene consecuencias concretas. Olive ha visto personas de más de 40 que viven en Zona Norte y rechazan puestos solo porque implican viajar todos los días hasta el centro. "Prefieren estar sin trabajo, comiéndose sus ahorros", cuenta. No es una excepción aislada sino parte de una lógica más amplia donde el equipo, el líder y el clima laboral pesan tanto como el sueldo a la hora de quedarse o irse.

 

 

El tercer cambio que identifica la experta pasa por las mujeres. Cuando ella estudiaba en la universidad, la mayoría de sus compañeras dejaba de trabajar apenas llegaban los hijos. Hoy la maternidad se posterga cada vez más y las que son madres jóvenes se niegan a renunciar a su carrera por serlo, aunque deban hacer malabares para sostener las dos cosas a la vez.

Las prioridades también cambiaron a la hora de decidir qué estudiar y hasta cuándo. Olive sigue aconsejando una carrera universitaria formal, incluso frente al atractivo de monetizar rápido como influencer o youtuber, un camino que rinde mientras se vive con los padres pero deja de ser sustentable apenas hay que sostener una vida propia. Aunque tal vez el mayor debate hoy pase por los posgrados, donde un máster en una universidad como Harvard puede costar más de US$ 200.000. "La gente se pregunta dónde está el retorno de esa inversión, cuántos años tiene que trabajar y cuánto más le van a pagar para justificar ese gasto", describe. Antes se estudiaba por amor al conocimiento, hoy la decisión se toma con calculadora en mano.

La velocidad del cambio tecnológico también corre por fuera de las aulas. Instalar una materia nueva en la currícula universitaria, capacitar a los docentes y esperar a que los alumnos se inscriban lleva un tiempo que el vértigo de la inteligencia artificial no da. Por eso, dice Olive, hoy prevalecen los autodidactas, quienes aprenden por su cuenta, con cursos online, tutoriales o papers, supliendo a un sistema formal que no llega a tiempo.

Para sostener el ritmo de estos cambios sin quedar afuera, la especialista recurre a una sigla que está comenzando a circular, el FOBO, “Fear Of Being Obsolete” (miedo a ser obsoletos). ¿Y cómo lidiar con él? Según Olive, un buen paso es cultivar la curiosidad, ese disparador que empuja a moverse desde el crecimiento en lugar de la disconformidad.

 


Lo que no se automatiza

En este contexto, las empresas todavía no saben bien a quién están buscando. Y es que muchas de las tareas para las que están contratando todavía no existen... Alejandro Melamed, conferencista, consultor y autor del reciente "Liderazgo + humano" (Planeta), identifica ahí la principal confusión de las organizaciones, y reduce el filtro a dos variables. "Hay dos características fundamentales: valores y capacidad de aprendizaje rápido. Si no estás alineado con los valores de la organización, mejor que no te contraten, y si no tenés capacidad de aprender rápido, tampoco vas a poder adaptarte a los requerimientos que vayan surgiendo permanentemente", razona.

 

 

Eso no significa que la formación tradicional haya perdido peso. "El MBA (Master in Business Administration) sigue contribuyendo muchísimo para tu desarrollo, pero no es suficiente", aclara. Lo que pondera cada vez más es la experiencia directa, ejercitar, equivocarse, conectarse con la dificultad y aprender de eso rápido, algo que ningún título reemplaza. Por eso mismo, prefiere hablar de trayectoria en lugar de carrera. La diferencia no es semántica, la carrera es una competencia contra otros, la trayectoria es una construcción cotidiana contra uno mismo. Allí ubica un puñado de capacidades que considera innegociables, como empatizar, comunicar, liderar, influir, crear, conmoverse, innovar. "Son habilidades que trascienden a la tecnología de turno".

De ahí se desprende su idea central sobre el futuro del empleo. No es el trabajo lo que tiende a desaparecer, sino ciertas tareas puntuales. La pregunta que le queda a cada profesional es cuál es su valor agregado, qué puede aportar que no sea sustituible por la inteligencia artificial. Las empresas, asegura Melamed, están en eso, tratando de entender qué perfiles aportan valor genuino más allá de la habilidad técnica del momento.

 


El trabajo como espejo

Veinte años de consultorio le alcanzaron a Analía Tarasiewicz para confirmar que nadie llega al trabajo solamente con un currículum. Psicóloga del trabajo, especialista en IA, CEO de @trabaja.mejor y autora de "Cuando el trabajo duele", sostiene que las personas cargan también su historia, sus heridas, sus mandatos y sus miedos, y que la oficina termina siendo el escenario donde todo eso se expresa.

Por eso muchas carreras, sostiene, se construyen desde el miedo antes que desde el deseo. "Hay personas que trabajan para demostrar, otras para pertenecer, otras para no decepcionar, otras para que nunca les falte dinero, otras para que nadie vuelva a abandonarlas. El miedo siempre encuentra una profesión donde esconderse", describe.

 

 

El propósito laboral, tan mencionado en los últimos años, no escapa a esa dinámica. Para Tarasiewicz dejó de ser una brújula y se volvió un mandato más, una obligación que se suma a la de producir, rendir, capacitarse y adaptarse todo el tiempo. "Eso genera culpa", advierte. Su propuesta es invertir el orden habitual, primero sanar la relación con uno mismo, para que después el propósito aparezca con mucha más claridad.

Y en tiempos de redes sociales, esa presión se multiplica. "En Linkedin todos parecen ascender, todos lanzan startups, todos anuncian premios. Pero casi nadie publica sus dudas, sus crisis de identidad o el miedo que siente frente a la inteligencia artificial", señala. Ahí se planta la amenaza más silenciosa de esta época, que es empezar a creer que valemos menos porque otro parece ir más rápido. "El verdadero diferencial de la nueva era no es saber usar más herramientas que los demás, es poder evolucionar tecnológicamente sin perder tu humanidad", alienta.

Las cosas han cambiado mucho en apenas unas generaciones. El trabajo cambió de forma, y con él, la manera de pensarse dentro de una carrera. Habrá que estar atentos para mantenerse vigentes.