Friday 3 de July, 2026

SOCIEDAD | Hoy 02:45

Copa 2026: el Mundial de los seniors

De Messi a Cristiano Ronaldo, los jugadores de +37 que se destacan en la competencia. Medicina deportiva y alimentación.

Durante buena parte de la historia del fútbol moderno, llegar a los 35 años era la puerta de despedida de la actividad. Diego Maradona disputó su último partido oficial a los 37, Gabriel Batistuta se retiró a los 36 años, el astro italiano Roberto Baggio abandonó a los 37 años y Zinedine Zidane cerró una carrera extraordinaria a los 34. Ninguno de ellos parecía haberse ido prematuramente. Por el contrario, todos habían logrado extender sus carreras mucho más allá de lo habitual para la época. Dos décadas después, esa frontera biológica quedó definitivamente atrás. Es por ello que el Mundial 2026 presenta un escenario inédito. Por primera vez en la historia de la Copa del Mundo convivieron ocho futbolistas mayores de 40 años y más de veinte que ya superaron los 37. Y no se trata de una casualidad ni de una generación extraordinaria. Detrás de este fenómeno hay décadas de avances científicos que modificaron la manera de entrenar, alimentarse, recuperarse e incluso de envejecer.

La imagen de Cristiano Ronaldo compitiendo con 41 años, la elegancia con la que Luka Modric sigue administrando los tiempos del mediocampo a los 40 y la impactante presencia de Lionel Messi, que acaba de cumplir 39 años en plena competencia, junto a Nicolás Otamendi, de 38, reflejan un cambio de paradigma. 

La explicación empieza mucho antes del primer entrenamiento. Los especialistas coinciden en que el futbolista moderno llega a la alta competencia con un conocimiento de su organismo que era impensado hace veinte años. La nutrición dejó de ser una recomendación general para transformarse en un protocolo personalizado. Cada jugador consume proteínas, hidratos de carbono, grasas saludables, vitaminas y minerales según las demandas metabólicas de su posición, su composición corporal y hasta su información genética. La hidratación también se controla mediante análisis bioquímicos que permiten reponer exactamente los electrolitos perdidos durante el esfuerzo.

High tech. A esa revolución alimentaria se suma una transformación igual de profunda en la medicina deportiva. Hoy las lesiones musculares se diagnostican precozmente mediante estudios de alta resolución, mientras que las cargas de entrenamiento se regulan con sensores GPS, acelerómetros, chalecos inteligentes y plataformas que registran cada aceleración, desaceleración, salto y cambio de dirección. El objetivo ya no es únicamente entrenar más, sino entrenar mejor. La prevención desplazó a la rehabilitación como principal estrategia médica.

Las sesiones de recuperación también cambiaron por completo. La crioterapia, las cámaras hiperbáricas, los sistemas de compresión neumática, los masajes de descarga, la fisioterapia de precisión y el monitoreo permanente del descanso permiten reducir la inflamación y acelerar la regeneración muscular. Incluso la calidad del sueño se convirtió en una variable clínica. Muchos clubes controlan las horas efectivas de descanso mediante dispositivos que registran la frecuencia cardíaca, la respiración y las distintas fases del sueño, convencidos de que la recuperación comienza mientras el futbolista duerme.

Los investigadores describen otro fenómeno que ayuda a explicar esta longevidad. Diversos estudios sobre fisiología del ejercicio muestran que el músculo del futbolista desarrolla una extraordinaria capacidad para adaptarse al esfuerzo repetido. La combinación de fibras musculares rápidas y lentas, junto con una mayor eficiencia mitocondrial —las estructuras celulares encargadas de producir energía— permite sostener niveles de rendimiento elevados durante más tiempo que en generaciones anteriores. Esa adaptación se potencia gracias a programas de fuerza cada vez más sofisticados, diseñados para preservar la masa muscular incluso después de los 35 años.

Mente sana. Pero la ciencia, por sí sola, no alcanza. Los protagonistas coinciden en que la disciplina cotidiana se convirtió en un requisito indispensable para prolongar la carrera. Messi modificó hace años sus hábitos alimentarios y de recuperación. Cristiano Ronaldo convirtió el cuidado del cuerpo en una verdadera filosofía de vida, con rutinas de descanso, entrenamiento y nutrición que rozan la obsesión, y Modric mantiene una preparación física basada en la movilidad. Ninguno de ellos depende solo del talento. La diferencia está en la capacidad para sostener, durante décadas, hábitos compatibles con el máximo rendimiento.

Para tener una visión más acabada de cómo se perfeccionó la carrera del futbolista basta con mencionar que, a lo largo de su carrera, Diego Maradona disputó un total de 724 partidos y anotó 358 goles; mientras que Lionel Messi lleva disputados un total de 1.151 partidos y convirtió 913 goles. Por su parte, Cristiano Ronaldo alcanzó los 1.320 partidos y 976 goles. A nivel nacional, la estadística de Martín Palermo, quien disputó 625 partidos y convirtió 306 goles, también marca una diferencia con respecto a la última década. Con la tecnología y medicina preventiva aplicada al deporte, los futbolistas hasta duplicaron en cifras su vida activa.

El Mundial de 2026 probablemente marque un punto de inflexión. No porque reúna a una generación irrepetible de figuras, sino porque confirma que la edad dejó de ser el principal enemigo del futbolista de élite. 

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Mariano Casas Di Nardo

Mariano Casas Di Nardo

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