En su libro “Modistas - Las mujeres que vistieron a la Argentina”, Lorena Pérez reúne más de dos décadas de investigación, entrevistas y archivos personales. (Cedoc)

Historia de la moda: las mujeres que transformaron el estilo argentino

La periodista Lorena Pérez presenta “Modistas”, una investigación que identifica y explica la génesis de la indumentaria nacional.

La moda argentina tiene una historia que todavía conserva demasiados nombres en el margen. Mujeres que imaginaron prendas, dirigieron talleres, fundaron boutiques, transformaron oficios y modificaron la relación entre el cuerpo y la ropa quedaron, con frecuencia, detrás de una narrativa que prefirió recordar a los grandes modistos.

En “Modistas - Las mujeres que vistieron a la Argentina, Lorena Pérez propone revisar ese relato y recuperar a quienes hicieron de la indumentaria una forma de trabajo, expresión e intervención en la vida cotidiana. El libro, publicado por Editorial El Ateneo, reúne más de dos décadas de investigación, entrevistas y archivos personales. No es solamente la historia cronológica de la moda, sino también una relectura de la sociedad argentina a través de aquello que sus mujeres se pusieron, necesitaron y decidieron transformar.

El punto de partida aparece en la introducción, titulada “El manifiesto del espejo”. Allí la periodista plantea una pregunta que atraviesa todo el ensayo: ¿Quiénes hicieron posible el guardarropa que acompaña la vida diaria? Su respuesta desplaza la atención del vestido como objeto de contemplación hacia la prenda como solución concreta. La ropa para trabajar, desplazarse, estudiar, salir o habitar el propio cuerpo también contiene una historia de decisiones, necesidades y conquistas. En esa perspectiva, la autora encuentra una diferencia fundamental, mientras el canon de la moda privilegió durante mucho tiempo la belleza y el artificio, las mujeres estuvieron especialmente vinculadas con la funcionalidad y la practicidad de la vestimenta.

El recorrido comienza en los años cincuenta, cuando Buenos Aires aspiraba a ser la capital de la elegancia y sus casas de alta costura reproducían, adaptaban y discutían los modelos europeos. “La arquitectura de la distinción” reconstruye ese universo de salones, clientas, talleres y jerarquías, pero también permite observar cómo la moda organizaba una determinada idea de mujer. El vestido no era únicamente una prenda, expresaba posición social, expectativas y pertenencia. Las casas de moda funcionaban como espacios de encuentro y como escenarios donde se construía una identidad pública.

En los años sesenta y setenta, el libro registra el estallido de la libertad. La moda deja de ser un territorio reservado a la alta costura y comienza a dialogar con el arte, la música y las nuevas formas de vivir. Las escenas del Instituto Di Tella, las artistas que cruzaron sus lenguajes con la indumentaria y figuras como Rosita Bailón, Mary Tapia, Dalila Puzzovio y Delia Cancela aparecen como parte de una revolución estética que modificó la silueta y también la manera de pensarla. En ese clima, las “boutiqueras” introdujeron otras formas de producir, vender y vestir, mientras Elsa Serrano se convirtió en una de las protagonistas de una época que buscaba distinguirse de las anteriores.

La década del ochenta, abordada bajo la idea de “El poder y el artificio”, muestra la convivencia entre la alta costura y el prêt-à-porter, el crecimiento de las boutiques y el ascenso de una moda vinculada con la mujer trabajadora. También aparece el under porteño, donde la ropa se convirtió en una herramienta para construir identidades disidentes. La moda ya no se limitaba a acompañar una posición social, por demás, la desafiaba. Esa tensión continúa en los noventa, cuando la academia y la calle comienzan a encontrarse. La creación de la carrera de Diseño de Indumentaria y Textil en la UBA, en 1989, y la llegada de las primeras camadas de diseñadores con formación universitaria modificaron el oficio. Al mismo tiempo, la moda joven, la cultura MTV y el nuevo consumo de Palermo Viejo dieron forma a un paisaje distinto.

El libro sigue esa transformación durante los años 2000, cuando el diseño comenzó a convertirse en marca y BAFWeek se consolidó como una plataforma para el diseño emergente. La búsqueda de originalidad, el trabajo de las zapateras y la construcción de propuestas de autor aparecen como expresiones de un sistema que empezaba a valorar otras maneras de producir.

Lorena Verónica Pérez es periodista cultural, historiadora del arte por la Universidad de Buenos Aires y archivista por la Universidad Nacional de San Martín. En 2006 fundó Bloc de Moda, una plataforma pionera en la comunicación digital de moda en América Latina. Su trabajo periodístico se desarrolló en medios como La Nación, L’Officiel, Rolling Stone, Brando, Apertura, GQ y Cosmopolitan, y también en la docencia, la investigación y la cobertura de eventos internacionales. Esa formación múltiple le permite abordar la moda como fenómeno cultural, económico y social, y no como un catálogo de tendencias.

El último capítulo de “Modistas”, “El presente interrumpido”, llega hasta 2020 y observa el surgimiento de nuevos nombres y el refugio textil frente a la crisis del sistema. La pandemia, que también dio origen a la organización del material de Pérez, aparece como un momento de pausa y de revisión. La autora volvió a sus entrevistas, fotografías, videos y archivos, y encontró allí una línea de investigación que había comenzado a desarrollar años antes: “Mujeres vestidas por mujeres”.

En sus páginas, “Modistas” recupera a las mujeres que estuvieron detrás de las prendas y propone mirar la moda como una forma de leer la historia. La ropa, entendida como una construcción social, permite reconocer los cambios en el trabajo, el consumo, la identidad y las relaciones de poder.

Su libro invita a revisar el relato heredado y a descubrir que, detrás de cada silueta, también hay una historia de trabajo femenino que merece ser resaltado, valorado y recordado.

En esta Nota