Sunday 30 de August, 2026

CULTURA | Hoy 05:02

Hablar argentino: ¿Por qué nuestro español es distinto del resto?

La lengua que hablamos todos los días tiene palabras y expresiones que solo usamos en nuestro pasí. Oscar Conde, uno de los grandes especialistas en el tema, nos explica por qué. Además, los nuevos términos que eligen los jóvenes.

¿Existe un idioma de los argentinos diferente del español que se habla en el resto del mundo hispano? ¿De dónde brota tanta creatividad para inventar palabras en forma constante que solo existen en nuestro país? ¿Qué lugar tienen los más jóvenes en este cambio permanente del lenguaje que hablamos? ¿Hay palabras que se ponen de moda y otras que se archivan y no se usan nunca más?

Le hicimos estas y otras preguntas a uno de los grandes especialistas en la lengua de los argentinos: Oscar Conde. Conde es lingüista, profesor universitario, escritor y uno de los mayores expertos en lunfardo, esa zona del lenguaje que siempre asociamos al tango pero que es parte indisoluble de nuestras vida cotidiana. Es también miembro de la Academia Porteña de Lunfardo y de la Academia Argentina de Letras y autor de ensayos donde recorre todos los caminos de la música y la cultura popular. Su último libro es un extenso estudio del léxico nacional donde da cuenta de nuestra historia, desde la inmigración hasta la difusión masiva de la tecnología, para trazar un cuadro completo de los términos y expresiones que usamos en el país. El volumen se titula “Lenguaje argento. Historia e identidad del habla argentina” (Taurus) y sobre su contenido giró el diálogo que mantuvo con NOTICIAS.

 

Oscar Conde

 

Noticias: Su libro se llama “Lenguaje argento”. ¿Hay una “lengua argentina” por oposición a una lengua “española”?

Oscar Conde: No se puede hablar de una “lengua argentina”. Es la lengua española que tiene casi 600 millones de usuarios. En España se habla español como lengua oficial, pero también catalán, gallego, valenciano, asturiano, vasco, etc. En América hispana, con excepción de Brasil y de los países de Centroamérica que fueron colonizados por holandeses, franceses o ingleses; de México para abajo se habla español. Y cada país le agrega sus propias marcas de identidad a ese español. En el caso de la Argentina, dado lo amplio del país, la lingüista Beatriz Fontanella de Weimberg y su equipo, hace 26 años, determinaron que habría siete variedades del español repartidas geográficamente. Yo creo que si hoy hiciéramos un trabajo tan profundo como ese podríamos decir que hay más. Lo que yo quiero expresar al titular mi libro “Lenguaje Argento” es que hay un léxico común a toda la Argentina que, en gran parte, estaría dado por palabras del lunfardo, pero también por “argentinismos” de uso extendido en todo el país. Ese sería el “lenguaje argento”. Con toda intención lo llamo “argento” en lugar de argentino, porque quiero dar cuenta de que no se trata de lenguaje culto o literario. Es el que usamos todos losdías.

Noticias: Existe el mito de que en España se habla el “verdadero” español. ¿Los argentinos “hablamos mal” la lengua?

Conde: Ni los argentinos, ni los mexicanos, ni los ecuatorianos hablamos mal el español. Y tampoco es cierto que en España se habla el verdadero español. Esos son disparates que corresponden a una teoría lingüística que se llama “monocentrismo”. Según ella, el mejor español se hablaría, supongamos, en Salamanca o en Madrid. Son cosas que nos decían a nosotros cuando íbamos a la escuela: “¡Qué mal que hablamos los argentinos!”. Hoy en día, a esa posición monocéntrica que haría de España el bastión del mejor español posible se le opone una teoría policéntrica. Según ella, no es mejor el español de Madrid que el de Buenos Aires o el de Caracas. Hay fetichistas de la Real Academia Española (RAE) que creen en cosas como esta. Hay incluso comunicadores sociales que cuando no encuentran una palabra de uso común en el DLE (el Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia) dicen: “esa palabra no existe”. No es así. Si a la palabra alguien la usa y la entiende, la palabra existe. Que no aparezca en el DLE es otro problema.

 

Oscar Conde

 

Noticias: Usted es un especialista en lunfardo y, en general, en la lengua popular que se habla en las calles. En su libro consigna muchísimos términos que empleamos solo los argentinos. ¿Por qué los hablantes crean estas variantes de la lengua “oficial”?

Conde: Esto es habitual en todas las lenguas, no ocurre solo entre los argentinos. Los “argots” y los regionalismos son naturales y habituales. Lo que intento hacer en mi libro acerca de lo que ha pasado durante el siglo XIX, el XX y el XXI es dar cuenta de algo bastante único en nuestro caso, por la cantidad insólita de influencias y variedades. Cuando llegan los colonizadores se encuentran con un sustrato lingüístico aborigen que permanece y que en ciertas partes de nuestro país todavía es sumamente potente, como podría ser el guaraní en Corrientes y en Misiones. O el quichua de Santiago del Estero. Pero a eso se suman voces que trajeron los colonizadores. Algunas de ellas perduraron como arcaísmos y se convirtieron en parte, luego, del vocabulario gauchesco. A eso se suma la presencia de africanismos, derivados evidentemente del tráfico de esclavos. Ahí se juntan tres elementos que ya hacen algo curioso. Con respecto a las variantes que creamos, la lengua escolar, la que aparece en los primeros libros de lectura, no termina de conformarnos. Uno necesita decir las cosas con otras cargas afectivas. Uno puede decir “cara”, palabra española, normal, común. Pero le habla a su hijo chiquitito de 5 años y le dice: “¿Qué te pasa? ¿Qué 'carucha' tenés?”. Y usamos “carucha”, una deformación con un sufijo afectivo, por ejemplo. O a veces queremos utilizar una forma despectiva y en vez de decir “vedette”, decimos “vedetonga”. También llamamos “laburo” al trabajo, con una palabra italiana. Llamamos “moishe” a un judío, con un nombre propio de alguien que es judío, Moisés, en yiddish. La actitud del hablante frente a la lengua oficial es de rebeldía, sobre todo cuando es joven. Y para rebelarse contra el orden de los adultos, un joven lo primero que hace es buscar palabras que representen mejor su mundo, su modo de sentir y de entender la vida.

 

Inmigración

 

Noticias: Justamente, una de las cuestiones que más perturban a los padres es la incapacidad de entender el lenguaje de sus hijos, los términos que inventan.

Conde: Esto no es algo nuevo. Este vocabulario propio de la juventud, de la adolescencia, que son palabras que adoptan los jóvenes para diferenciarse del mundo de los adultos, son una constante. Quizá en este tiempo haya un bombardeo de términos. Este vocabulario no solamente se compone de las palabras que usan los amigos más grandes. Ahora también está el lenguaje “gamer”, el de las redes, el de la tecnología. Palabras del tipo “stalkear” o “machear”. Son simplemente modificaciones morfológicas de una palabra inglesa. Eso no es propio del lenguaje argentino, sucede en el mundo entero. La cantidad de vocabulario nuevo que manejan los jóvenes es una preocupación para los padres. Y frente a eso también, la cantidad de significados de palabras del español corriente que ignoran.

Noticias: ¿Cuántos de los términos que aparecen en determinada época permanecen en el acervo de la lengua y por qué?

Conde: No podría darte con certeza esta respuesta. Muchos términos desaparecen. Algunos arrancan como una moda de verano, porque aparecieron en una telenovela para jóvenes o se utilizaron en una publicidad y cuando se acaba la campaña se dejan de usar. Hay palabras que fueron muy usadas hace 100 años, como la palabra “chabón”. Hace 100 años quería decir “torpe”, “tonto”. Es la contracción de “chambón”. Hay un tango de Celedonio Flores, “Muchacho”, que concluye con el verso que dice “y terminás pagando como un chabón”, como un tonto. Esta palabra desaparece en la década del '30 y vuelve a aparecer en el '80. Y creo yo que difundida en el nombre del último disco de Sumo, que se llamaba “After Chabón”. Pero ahí ya “chabón” viene con otro significado, en reemplazo de flaco, loco, gordo, jefe, maestro. Es una forma de tratamiento hacia otra persona y de hecho aparece “la chabona”. Un pibe viene de la escuela y te dice: “la chabona de matemática nos dijo que tenemos prueba mañana”. Es un modo de llamar a alguien cuyo nombre no conocemos o lo conocemos pero no lo queremos decir. También hay palabras que desaparecen del uso y reaparecen con el mismo significado. “Chapar” desapareció 30 años y volvió exactamente con el mismo significado: abrazarse, hacerse caricias, besarse. Es la historia de las palabras. Horacio, el poeta latino, en el siglo I en su “Arte poética” habla de esto. Y dice: “las palabras que todos usamos ahora algún día caerán y otro día algunas de esas resurgirán y volverán a caer”.

 

Argentinos

 

Noticias: Ciertas prácticas sociales influyen en el léxico que usamos. Por ejemplo, los términos para referirse al género, las discapacidades, la diversidad. ¿Este vocabulario que se suma en una circunstancia política o social determinada se adopta para siempre?

Conde: Bueno, la mala noticia es que nada es para siempre. Como todas las palabras, estos términos también son provisorios. Sobre estas cuestiones que mencionás, la mirada de la sociedad puede ir cambiando. Siempre deberíamos avanzar hacia el respeto a las diferencias, que es algo que al ser humano le cuesta mucho. Pero no alcanza con los eufemismos, se trata de encontrar palabras que describan las diferencias de manera respetuosa y sean aceptadas por las personas que han sido discriminadas.

Noticias: ¿Qué futuro imagina para la diversidad de lenguas en un mundo cada vez más interconectado?

Conde: Soy pesimista ante la evidencia que indica que las lenguas minoritarias van desapareciendo en el mundo. En África desaparece una lengua por año. Es una estadística. Algunas lenguas aborígenes argentinas han desaparecido delante de nuestros ojos. Recuerdo con horror, era estudiante de Letras todavía, que abrí Clarín y leí: “murió la última hablante de la lengua Ona, en Tierra del Fuego”. Era una señora de setenta y pico de años. Hablaba perfecto Ona, pero era la última que quedaba. Y se murió antes de que un equipo de lingüistas pudiera entrevistarla y dejar constancia en una gramática y en un diccionario del modo de funcionamiento de su lengua. La tendencia de la unificación del mundo en unas pocas lenguas es algo muy grave. Es grave que la mitad del mundo termine hablando inglés. Hablar inglés implica pensar en términos de esa lengua. Adecuarnos al modo de pensar y de ver la vida de un anglosajón. Lo mismo pasaría si esa lengua fuese el chino. Ojalá logremos mantener nuestras diferencias lingüísticas, porque la lengua es el primer elemento de una cultura. Hay que aferrarse a la riqueza de la variedad, porque eso es lo que somos. Es nuestra identidad y nuestra bandera.

 

Palabras

 

Nuevas expresiones

 

-”La bendición” o “La bendi”: embarazo o niño chiquito.

 

-”El delicioso”: relación sexual.

 

-”Temaikén”: tema musical.

 

-”mateyko”, “mattioli” o “matarazo”: mate.

 

-”jirafa”: gira o salida nocturna.

 

-”solapa”: solo.

 

-”rancio”: desagradable.

 

-”descansar”: burlar.

 

-”re turbio”: raro

 

-”luquear”: conseguir algo gratis.

 

 

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Adriana Lorusso

Adriana Lorusso

Editora de Cultura y columnista de Radio Perfil.

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