Mafalda inmersiva. (Gentileza Mafalda Inmersiva)

Mafalda inmersiva: Cómo es la exhibición de la que todos hablan

La muestra en el Centro Cultural Recoleta cumple el desafío de dar vida a un hito argentino y acercarlo a audiencias más jóvenes. Tecnología y gira mundial.

Una ciudad en maqueta cobra forma con proyecciones, esculturas de los personajes se levantan a escala real y los diálogos flotan en globos de texto. El sonido envuelve, la música original acompaña cada paso y hasta los olores forman parte del relato. Los chicos juegan y los adultos reconocen, escena tras escena, su propia niñez. Son 14 salas y 1300 metros cuadrados que se recorren en una hora, en el Centro Cultural Recoleta. Esto es “Mafalda Inmersiva”, la muestra que tardó casi tres años en prepararse para que este mundo, que tantos argentinos conocen y atesoran desde la infancia, siga siendo fiel a la memoria colectiva.


 

El visto bueno

La idea nació de la admiración. Como buena parte de su generación, Damián Kirzner, director y productor general del proyecto, creció con Mafalda. Llevaba mucho tiempo pensando en una producción propia dentro de las realidades extendidas, campo en el que dirige desde hace doce años el festival Mediamorfosis. “Es un ícono global que nos permite recorrer el mundo con su contenido, porque es extraordinario y está vigente”, apunta sobre Mafalda.

 

 

Con esa convicción se acercó a los sobrinos de Quino, Joaquín Lavado, el creador del hito, a quienes el dibujante dejó una obra muy ordenada y la tarea de cuidarla y administrarla. Las condiciones fueron pocas. Respetar la obra, no alterarla ni sumar textos, con la aprobación familiar en cada paso. Sobre esa base se definió un rumbo que llevó las tiras fuera de la viñeta y les sumó color y animación. “No tocamos una línea”, resume Kirzner.

La voz quedó definida desde el comienzo. Los personajes se expresan en globos de texto, los mismos que dibujó Quino, y a lo largo del recorrido nadie habla en voz alta. La excepción ocupa la última de las 14 salas, una experiencia de realidad virtual multiusuario en la que los visitantes entran en el sueño de una adolescente que sueña con Mafalda y en qué se convirtió en el futuro. Allí, y solo allí, se escuchan las voces de los personajes.

 

 

Aunque lo que más costó pensar fue el color. El equipo de animación y de escenografía trabajó mucho en esa selección, pero la respuesta llegó de una manera casi providencial. Hace dos años, en una feria de libros usados de Bordeaux, mientras recorría experiencias inmersivas, Kirzner encontró por casualidad una edición francesa de la editorial Glénat, con los colores que el propio Quino había aprobado. El hallazgo confirmó el camino que ya seguían y despejó las dudas que quedaban.

 


 

Tecnología con criterio

El principio fue poner la tecnología al servicio de la obra. Para lograrlo, Kirzner dedicó el primer año de trabajo a recorrer festivales internacionales, de Nueva York a París, Londres, Asia y África, y a observar qué se hacía en el mundo. De ahí salió una selección de herramientas según lo que mejor servía al contenido. Para el productor, el proyecto es transmedia en estado puro. “Una historia que se expresa a través de diferentes plataformas, de diferentes formas de contar, pero sigue siendo la misma”, sostiene.

Los recursos elegidos son muy distintos entre sí. Hay escenografías de escala casi teatral, una maqueta de la ciudad con proyecciones concebida junto a un estudio británico (la sala preferida de Kirzner), una realidad virtual multiusuario desarrollada en Argentina y una sala de planetas totalmente analógica pensada para jugar. Todo ocurre alrededor de las tiras, presentes tal como Quino las creó. La visita termina en una amplia tienda, donde el equipo hizo una celosa curaduría de los objetos de los licenciatarios históricos de Mafalda.

 

Aunque concebida para el público escolar desde la primaria, la propuesta convoca a todas las edades, cada una a su manera. Kirzner incluso apunta que los niños de jardín se divierten. Los más pequeños disfrutan de un recorrido lúdico y los adultos acceden a otro grado de profundidad. “Es un viaje hacia adentro, extraordinario, la gente sale muy conmovida”, cuenta el productor.

Alrededor de cien de las más de 1900 tiras que dibujó Quino ocupan las salas y acercar a los niños a la lectura es una de las metas del proyecto. “Es genial poder darles a los chicos un entretenimiento nutritivo, que les deja algo valioso, que se vayan con ganas de agarrar el libro de los papás o comprarse uno”.

 


 

De Argentina al mundo

Producir este proyecto en el país fue una pequeña hazaña. Significó hacerlo sin financiamiento de ningún tipo ni créditos bancarios, con inversores privados y una productora independiente al frente. Participaron unas 300 personas, entre ellas colaboradores de España e Inglaterra, en un grupo que para Kirzner es 90% de industria argentina. “Fue muy complejo y muy estresante, pero acá estamos, lo logramos”, se enorgullece.

Una inversión de esa escala también obligó a pensar con cuidado el precio de la entrada. Y el equipo encontró una buena solución en la segmentación de horarios, grupos y costos. De martes a viernes cuesta $ 33.600 al mediodía y $46.000 por la tarde, y sube a $55.000 los sábados y $63.820 los domingos. Existe además un paquete de cuatro entradas a $96.000 en esa misma franja horaria y la realidad virtual puede sumarse por $11.200 más. Según el productor, los valores acompañan los del teatro y los de otras propuestas inmersivas actuales.

 

 

Los temas que abordó Quino siguen en discusión en cualquier lugar. La paz, la igualdad de las mujeres, el cuidado del planeta y los estereotipos con que retrató a cada personaje atraviesan épocas y fronteras, y esa vigencia le permite a la obra viajar. Kirzner encuentra la razón en el origen de las tiras, que se publicaban en la prensa. “Es más que humor, es periodismo argentino”, afirma, marcando que el dibujante comentaba la actualidad de su época y los problemas que señalaba aún están a la vista. Ese alcance universal sostiene el plan de recorrer Europa y Latinoamérica durante diez años, con conversaciones abiertas en varios países de ambas regiones.

Y el proyecto suma además un respaldo internacional. Recibió el reconocimiento Orillas Nuevas, otorgado por el Institut Français d’Argentine y la Embajada de Francia, que lo vincula con la industria inmersiva de ese país. Queda claro que para esta nueva versión de Mafalda Buenos Aires es apenas la primera parada de un gran viaje.