YPF compra Total Austral (YPF)
A dos velocidades
La economía argentina muestra un promedio modesto de crecimiento, pero con muy amplias diferencias sectoriales y geográficas.
Cuando los economistas hablaban de la “Europa a dos velocidades”, se referían a la brecha entre los países de esa región que crecían más y otros relegados. Tres décadas más tarde, en Argentina parece darse un fenómeno similar: zonas y sectores que sostienen el crecimiento promedio y otros que son castigados por una política económica y un modelo agotado.
Cara y ceca. La economía argentina creció 4,4% promedio durante 2025 y la actividad económica creció 1,9% interanual en enero de 2026. Estos números podrían sorprender porque coexisten con otros teñidos de rojo: caída de la producción industrial, erosión del poder adquisitivo de los salarios, cierre de empresas y una inflación que viene en lento ascenso desde mayo del año pasado. Pero también se mezcla con la perspectiva de una campaña agrícola récord, con exportaciones de carne en ascenso, un balance energético superavitario y la recuperación del sector minero.
La heterogeneidad también está atada a un mapa de zonas “ganadoras” y “perdedoras” de los últimos dos años. Según analiza el informe de la consultora Invecq, la dinámica detrás del número de enero es sustancialmente distinta a la de diciembre, cuando el índice había crecido 1,8%. En ese mes, la suba estuvo impulsada por un boom de los sectores ‘ganadores’ y factores específicos: el agro creció 25% mensual por la cosecha de trigo, y la energía subió 4,9% traccionada por la ola de calor. En enero esos motores se “apagaron” -el agro cayó 7,8% en el mes y la energía retrocedió 3,6%-, pero el índice siguió en positivo ayudado por subas en sectores “perdedores”: industria y construcción crecieron 1,5% mensual y el comercio +1,4%. “De esta forma, vemos que en enero los sectores ganadores cayeron, pero se mantienen +15,3% respecto al nivel de noviembre de 2023, mientras que los perdedores tuvieron una mejora, pero continúan -4,9% por debajo del nivel del inicio del gobierno, y se encuentran estancados desde junio de 2025”, sostiene.
Precisamente, el economista socio de Map Latam Juan Pablo Ronderos subraya que no es sólo una cuestión de sectores o sus desagregados, sino que depende de los modelos de negocios para cada sector. “Incluso empresas en sectores altamente competitivos pueden fracasar en este nuevo marco de negocios en Argentina y existen sobrados ejemplos en los últimos meses en este sentido”, agrega por lo que prefiere referirse, más que a sectores ganadores y perdedores, a modelos ganadores y modelos que deberán reconvertirse. “Ahí se juega la próxima etapa del crecimiento argentino”, concluye.
Auge verde. Un caso particular es el de la agroindustria. Además de las oscilaciones cambiarias y fiscales (que indicen en la paridad real para el exportador) juegan otras variables que van desde el costo de los insumos, los impuestos locales, el financiamiento y el azar climático. El economista Dante Romano, profesor e investigador del Centro de Agronegocios y Alimentos de la Universidad Austral, el conflicto en Medio Oriente elevó el costo de la energía y de los fertilizantes -con subas de hasta el 40% en nitrogenados-, mientras que la posibilidad de una extensión del acuerdo comercial entre Estados Unidos y China en mayo suma expectativas de mayor demanda. “Se agregan nuevas normas de biocombustibles en Estados Unidos, interpretadas por el mercado como alcistas para la soja”, apunta. Proyecta que es probable que se produzca una migración de cultivos hacia las oleaginosas por mayor rentabilidad, pero también requiriendo más inversión inicial. “Todo esto genera una presión alcista indirecta sobre los granos, porque incrementa los costos de producción y condiciona las decisiones de siembra”, concluye Romano.
Por el lado de la carne, la situación está en una meseta luego de un año de fuertes subas relativas y especialmente en el trimestre noviembre-enero casi triplicando a la inflación general. La apertura de las exportaciones al mercado norteamericano y el encarecimiento interno también fue alterando el mix de consumo cárnico en Argentina, uno de los dos países del mundo (junto a Uruguay) con mayor consumo de proteínas animales por habitante (sumando la carne porcina, aviar y ovina).
En un estudio dedicado al sector cárnico bovino realizado los investigadores Juan Manuel Garzón y Franco Artusso de la Fundación Mediterránea, señala que dicho mercado atraviesa un punto de inflexión. “En el inicio de 2026, los precios alcanzaron máximos históricos en términos reales, tanto en el mostrador como en la hacienda, en un contexto marcado por restricciones de oferta y señales de recomposición del ciclo ganadero, al mismo tiempo que el escenario internacional presenta precios firmes y una demanda externa que continúa traccionando”, explica. En el mercado de Cañuelas el novillito, categoría principal del consumo interno, promedió $4.745 por kilo vivo, un 27% por encima de febrero 2025 y 43% más que su valor promedio 2006–2025. Y, por último, en el plano internacional se observa un encarecimiento de la carne, asociado a una menor producción, en un contexto en el que la demanda se mantendría en niveles relativamente altos.
Precios en guerra. Por su gran peso en la canasta que mide el IPC (10% de la ponderación) el impacto del ciclo del negocio ganadero en el rebote inflacionario, además del traspaso a precios del salto devaluatorio de mitad de año y la suba en la tasa de interés para contenerlo, fue decisivo para que lo que antes se veía como un techo inflacionario (2% mensual) se haya convertido en un piso en movimiento ascendente. Las estimaciones privadas dan a marzo una cifra que comienza con 3, pero ahora la carga de responsabilidad dejó de ser un tema alimentario y se orientó hacia la cadena de valor de los combustibles. Para el economista Fernando Marull, la crisis petrolera y el encarecimiento relativo de los combustibles es menos “nocivo” a los fines inflacionarios que el que hubo con la carne y los alimentos frescos (que triplica el peso relativo del impacto del surtidor en el IPC) y proyecta un crecimiento del PBI de entre 4% y 4,5% para 2026 gracias al “arrastre” estadístico del año pasado.
Las estimaciones de un superávit comercial para este año también juegan a favor en un escenario que ve como probable un flujo adicional de inversiones en los dos sectores que hoy concitan la mayor parte de los proyectos amparados bajo el RIGI: petróleo y gas y la minería. En 2025 el superávit comercial energético alcanzó lo US$7.815 millones (+37% sobre el año anterior) y se proyecta en US$8.800 millones para este año; mientras que el minero tuvo en enero un récord de US$818 millones, empujado por el mayor valor del oro, especialmente. “Te saldrán los dólares por las orejas”, le auguró Javier Milei al presidente del Banco Central en el transcurso de la “Argentina Week” en Nueva York. Claro que para que esa eventual acumulación de divisas no termine, una vez más debajo del colchón, como viene ocurriendo en lo que va del año: según un análisis de IDESA, sobre datos oficiales, la balanza comercial de bienes fue positiva en US$4.000 mil millones, los préstamos internacionales a empresas privadas radicadas en el país fueron +US$3.800 millones y el atesoramiento por parte de las personas humanas fue de +US$4.900 millones. Para que la rueda vuelva a funcionar debería vincular ese ahorro con el consumo y la inversión. Si no, la brecha entre los sectores y zonas “ganadoras y perdedoras” seguirá ampliándose.
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