A menos de tres meses de inicio del Mundial FIFA 2026 en que cada mesa y taxi se pueblan de técnicos anónimos, la guerra en Oriente Medio desempolvó la aparición de estrategas y expertos en geopolítica. Los hubo siempre, pero ahora cotizan caro por la creciente demanda de fondos de inversión y empresas globales que precisan entender dónde están parados (sobre todo sus activos) y qué escenarios son esperables para un futuro no tan lejano. ¿La razón? A medida que la intensidad de los bombardeos a distancia recrudece, vuelan las plantas de gas licuado o se vuelve a cerrar el estrecho de Ormuz (por donde pasa el 20% del crudo consumido en el mundo), el precio del petróleo y sus derivados se disparan, acumulando casi 50% de suba desde febrero.
El salto. Los valores acusaron pronto las oscilaciones del mercado. En España, por ejemplo, el gasoil subió 30% en lo que va de marzo y los precios se acercan al tope de marzo de 2022, cuando en plena avanzara rusa en Ucrania, se cortó el suministro de gas y petróleo a Europa y el litro de nafta pasó los 2 euros para acomodarse y bajar sólo cuando se estabilizó el abastecimiento por fuentes alternativas. En Argentina, mientras tanto, los surtidores fueron amortiguando el golpe, pero no terminó de trasladarse. Ya no se trata del peculiar sistema del “barril doméstico”, que le ponía piso y techo al valor en el mercado internacional, sino de las conversaciones informales para evitar una estampida de precios, pero también por la incertidumbre verificada en los mercados de futuros sobre si estos valores (US$110 para el 20 de marzo) son un tope o sólo una referencia en un camino ascendente.
Como las regalías (12% del valor doméstico extraído) son la principal fuente de ingresos de las provincias petroleras (sobre todo para Neuquén) muy pronto empezará la tradicional pulseada entre las tesorerías locales y la autoridad nacional para “flexibilizar” los valores. En el último mes el precio de la nafta y sobre todo la del gasoil subió entre 8% y 12%, lo que significa que, si la inestabilidad global se mantiene, es de esperar que los valores sigan subiendo. Una mala noticia para los planes del Gobierno de poder cumplir con todos los objetivos simultáneamente: llegar a tener 1% de inflación para fin de año, poder sostener una reactivación que al menos rompa con el parámetro de fin de 2023 y acumular reservas.
Efecto contagio. Con el último dato del IPC (+2,9% para febrero), la tendencia de desaceleración se detuvo y hasta se observa en el promedio un repunte. Fue el sexto mes consecutivo con más del 2% mensual, el noveno en alza, desde el piso de mayo pasado (+1,5%) y el cuarto seguido con inflación interanual creciente (+33,1% contra +32,4% del mes anterior). El problema es que analizando la composición de la canasta medida, los “motores” de la suba fueron básicamente tres: la carne, por el reacomodamiento de valores y el impacto del ciclo ganadero -retención de vientres para recomponer el menguado stock-; las tarifas públicas por la actualización también para disminuir los subsidios y encontrar nuevos precios de equilibrio y ahora el precio de los combustibles, que tiene un efecto “cascada” sobre el transporte y la producción. Por ejemplo, el Índice de Costos del Transporte (ICT), elaborado por la Federación Argentina de Entidades Empresarias del Autotransporte de Cargas (FADEEAC) y auditado por la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA, registró en febrero un incremento bimestral del 4,4%, mientras que la variación interanual asciende al 37,2%. Pero esto se midió antes de la suba del insumo crítico como el gasoil. O sea, es de esperar que el costo de transporte suba mucho más que el promedio y con esto empuje otros bienes y servicios.
Sebastián Menescaldi, director asociado de la consultora Eco Go observa que ahora se observa que los márgenes están mucho más ajustados. “Si existe un impacto en carnes, en tarifas y sobre todo en combustibles, que es mucho más transversal, habrá un traslado sí o sí a costos y empujará la inflación para arriba”, proyecta.
Por su parte, para Camilo Tiscornia, socio de C&T Asesores Económicos, ve en esta secuencia algunos matices. En primer lugar, la carne parece estar en una meseta luego de varios meses de subas continuas y los servicios públicos, tiene valores muy erráticos en el peso de los subsidios, pero igualmente, cree que los servicios públicos van a aportar más inflación que lo que hicieron el año pasado. Además, en marzo está el aumento estacional en el rubro Educación, que compensará la mayor quietud en carnes y verduras. “En el neto por ahora te diría da bastante parecido a febrero, pero los combustibles vienen subiendo más fuerte, así que vamos a ver cómo sigue esto en función del conflicto internacional”, explica. Sin embargo, la meta de menos de 1% mensual antes de fin de año lo ve complicado. “La inflación de los últimos meses fue muy alta para mí por varias cuestiones puntuales, que para mí van desapareciendo, por eso yo creo que deberíamos de una inflación menor en los próximos meses”, arriesga.
El otro frente. Finalmente, la otra meta puesta por la política económica es la de acumular reservas, pero no al costo de ahogar financieramente a la producción porque el nivel de actividad, si bien mostró un aumento en diciembre, está casi paralizado en el nivel general. Jorge Vasconcelos, economista Jefe del IERAL, señala que pese a las dificultades por atender al “trilema”, el diagnóstico y las políticas oficiales no se modificaron. “Quizás, confiando en que la perseverancia del ‘ancla fiscal’ hará que la inflación termine por ceder, el Central podrá seguir comprando dólares, el poder adquisitivo de la población comience a recuperarse y el nivel de actividad responder positivamente”, apunta. Pero, el punto débil de este enfoque requiere que expectativas de los agentes económicos converjan a la narrativa oficial, cosa que no ocurre.
El aumento de reservas debería ser aún mayor porque lo que ingresa por compras se va en pagos del servicio de deuda, en la apuesta que los nuevos “motores” de la economía, muy integrados a las corrientes de inversión y comercio, aportarán los suficiente para dar vuelta la ecuación. La minería logró exportar sólo en enero de este año US$812 millones, lo que representa un crecimiento interanual del 82,1% respecto a enero de 2025. El balance energético, aún con precios un poco más bajo que los actuales de “emergencia” es probable que agreguen entre US$10.000 y US$15.000 millones por exportación más el flujo de mega inversiones comprometidas, ahora más fortalecidas por el horizonte de precios. En ese sentido, el mediano plazo puede volverse más atractivo, pero la bisagra es el resto de actividades destruyendo empleo formal y atentando contra la sustentabilidad de empresas que perdieron el tren.
por Tristán Rodríguez Loredo














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