Para el Javier Milei economista, divulgador, panelista y provocador, Domingo Felipe Cavallo había sido el mejor ministro de Economía argentino y alababa especialmente su tándem con otro héroe cívico, Carlos Menem en su primera presidencia. Sin embargo, cuando Cavallo hizo observaciones sobre la marcha del programa económica, lo que parecía un frente sólido se agrietó. La última advertencia fue la del riesgo de que la economía caiga en “estanflación”, un término que alude a la coexistencia de inflación con estancamiento de la actividad. Una combinación que marcaría el “agotamiento” del programa en marcha: con éxito en alejar la economía de la hiperinflación, pero con dificultad para converger a un dígito anual de inflación, como el resto de los países de la región. Con variables macro más ordenadas, pero con demasiado esfuerzo para que la estructura productiva pueda ponerse en marcha y así iniciar el círculo virtuoso.
Los datos. Es decir, Cavallo apuntaba a dos hechos concretos. Por un lado, que la desaceleración de la inflación se detuvo como si fuera imposible seguir perforando un piso del 2% mensual. Desde el último trimestre del año pasado, por ejemplo, la carne comenzó un ciclo de recomposición de stocks y suba de precios; las tarifas retomaron el sendero de actualización para terminar de recuperarse y se descongeló el impuesto a los combustibles. Todo suma.
Además, el nivel de actividad también se frenó en el segundo trimestre de 2025, cuando comenzó el tironeo de las expectativas devaluatorias y luego de julio, con el endurecimiento de la política monetaria. La reversión de la situación luego de las elecciones de octubre y a pesar del viento a su favor, el Gobierno debió hacer malabares para conjugar presión inflacionaria contenida con la actividad en caída en los sectores más sensibles al consumo interno.
El último indicador del INDEC, el estimador mensual de actividad económica (EMAE) arrojó un crecimiento de 1,8% en diciembre con respecto al mes anterior y de 3,5% interanual, con un 4,4% positivo en los promedios 2025 vs 2024. Hay algo de arrastre del año anterior, pero lo marcado de esta cifra, la última disponible, es la continua disparidad sectorial que muestra. El investigador del IERAL Marcos Cohen Arazi señala que, hasta el mes de noviembre, el indicador reflejaba claros signos de estancamiento, pero en diciembre resultó ser el mayor avance mensual desde julio de 2024. “En próximos meses se podrá establecer si se trata de un cambio de tendencia significativo y si marca el inicio de un ciclo más dinámico para la producción” agrega. Pero la brecha está visible: desde noviembre de 2023, los sectores que lideran el crecimiento se destacan por encima de 20% en esos 25 meses: intermediación financiera (+23%), agro (+18,5%) y minería (+18,3%). En cambio, los sectores más rezagados son el promedio industrial (+6,5%) y la construcción (-12,8%), solo superado por el segmento de turismo asociado a viajeros internacionales (-29%).
Cohen Arazi señala que la industria, la mitad de las subramas se contrajeron, mientras la otra mitad mostró crecimiento o nivel de producción estable. Las ramas que más retrocedieron en el mes incluyen a otros equipos, aparatos e instrumentos, otro equipo de transporte, productos de tabaco, productos de caucho y plástico y maquinaria y equipo. “De esta manera, en 25 meses desde noviembre de 2023 solo dos segmentos industriales se ubican en terreno positivo: refinación de petróleo y relacionados (+8,3%) y alimentos y bebidas (+4,3%), los que tienen un perfil marcado por la orientación exportadora”, concluye.
Siempre en 0. El otro indicador que parece duro de bajar es la inflación a pesar que los rubros importados ponen techo en varios sectores y el dólar está bajo “control”. Pero el temor, sobre todo es que existan otras presiones de largo plazo sin raíz productiva o retrasos relativos (como la de los alimentos o las tarifas). El superávit primario alcanzado durante los dos primeros años de gestión fue la resultante de acotar gastos y de intentar recaudar más, algo que se dificulta por la ralentización del crecimiento en sectores vinculados al consumo que generan la mayor parte de la recaudación. En un reciente trabajo de IDESA, se muestra que casi el 40% del incremento del gasto público total, que pasó del 25% al 33.00% del PBI, se debió a una mayor erogación previsional (y no por crecimiento del monto sino del número de prestaciones). Según la oficina de Presupuesto del Congreso, el gasto previsional nacional aumentó 2,2% del PBI y el gasto previsional provincial aumentó 0,8% del PBI. Pero con la reforma laboral, la financiación de este flujo creciente aumentará. “No conviene exagerar las expectativas en cuanto al impacto que tendrá la reforma
no exagerar las expectativas en cuanto a los impactos que tendrá la reforma”, subraya Jorge Colina, economista de IDESA. Cree que los cambios, al dar más previsibilidad, podrían estimular la creación de empleos formales, especialmente, en el segmento de las empresas medianas y grandes. “Pero la informalidad laboral se concentra en las empresas más pequeñas para las cuales la reforma no contempla alivios regulatorios e impositivos específicos y potentes”, apunta.
Otro indicador que siembra incertidumbre para el empleo y la actividad es el cierre de empresas: casi 22.000 bajaron su persiana en 2024-2025 con el impacto en los sectores que estuvieron más expuestos. Pero para el economista Fernando Marull no es seguro que hayan desaparecido en su totalidad, pero sí que han dejado de contratar la cobertura de ART (que se toma como indicador): o sea, abonaría la tesis de una precarización de la actividad y consecuentemente del empleo estableciendo una “economía de dos velocidades” como característica relevante.
Orden y progreso. La solución que sugirió Cavallo no contradice el precepto del sostén del superávit primario como condición necesaria, pero agrega que no se debe “tener miedo de emitir dinero con respaldo”. En síntesis, el “consejo” del exministro es que continúen comprando reservas al mismo tiempo que eliminan las restricciones sobre la demanda corporativa y financiera de dólares a riesgo que su valor aumente y se afloje la política monetaria para aumentar el crédito. Una apuesta riesgosa que, a su juicio, iniciaría ese circuito virtuoso. El Banco Central compró US$1.158 millones en enero (que continuó en febrero) y así las reservas treparon a US$44.503 millones. La pulseada está, justamente, en sostener el nivel de compras de divisas para aumentar las reservas e incrementarlas, si fuera necesario para poder liberar el mercado cambiario, creando una demanda adicional para el dólar, que hoy busca su piso.
La diferencia también puede ser visto como un matiz: la decisión está en acelerar un cambio que se puede observar o dejar que el circuito se realimente a su propio ritmo. Por ejemplo, Pablo Banco, CFO de la fintech Alprestamo, el último informe del Banco Central muestra que, tras cuatro meses de caída, el crédito al consumo se recuperó en enero. “En términos interanuales, los préstamos personales acumulan una suba real del 35,9%, mientras que el crédito hipotecario encadena 19 meses consecutivos de expansión con un alza del 160% en los últimos 12 meses, traccionado por los créditos UVA”, explica. Por su parte, el crédito comercial aumentó un 3,3% real, mientras los prendarios anotaron una caída mensual de 1,9%, aunque se mantienen 30,5% por encima del nivel de un año atrás. ¿Significan estos datos una cuestión temporal? “Lo interpreto como una señal temprana de cambio de tendencia. La continuidad dependerá de que se sostenga la desinflación y mejore gradualmente el ingreso real de los hogares”, cierra. Una vez más, además de dos velocidades, también habrá una lectura diferente para los sectores a los que el viento les empieza a soplar a favor y los otros que deben seguir luchando contra ráfagas contrarias. Lo cierto es que, en ese escenario, los promedios son cada vez menos representativos.
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por Tristán Rodríguez Loredo


















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