La economía argentina viene siendo una máquina muy constante en cambiar el escenario del trabajo: es muy eficaz en destruir empleo formal y competitiva en crear puestos informales y cuentapropistas. La reciente crisis por el cierre de la productora de neumáticos FATE, con un saldo de 920 puestos de trabajo menos y otros todavía no mensurados en su cadena de valor (proveedores y distribuidores) es sólo un caso que visibiliza como pocos este problema. Pero no es el único sector que está crujiendo por los cambios en la política económica, la disrupción tecnológica y la alteración de los mercados globales. La discusión sobre el cambio del marco normativo del trabajo (reforma o modernización según la visión) potenció estos interrogantes que vienen arrastrándose a medida que la economía no salía de su estancamiento.
Por dentro. Según el último relevamiento de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del INDEC, en el tercer trimestre de 2025 había 20,6 millones de personas económicamente activas (PEA), o sea un 47,5% del total. De ellos, 19,3 millones estaban ocupados, lo que generaba una tasa de desempleo de 6,3%, una cifra que permanece dentro de una franja de más o menos 1% desde la salida de la pandemia (2022). De acuerdo al análisis de la consultora Empiria sobre estos datos y SIPA (para asalariados formales), hubo 176.000 empleos privados formales menos que en el cuatro trimestre de 2023; 80.000 asalariados públicos menos, pero 42.000 informales más y 515.000 cuentapropistas más. Un claro resumen del impacto de la recuperación de la economía en el empleo: arrasó con el empleo formal privado y público (nacional) y engordó los no registrados y monotributistas, una categoría que no paró de crecer en los últimos años. En enero de 2012, por ejemplo, había 167.800 y el ANSES estima que en la actualidad suman 4,7 millones: una expansión de más del 2.700% cuando la población total creció 18% en ese lapso
Además, la radiografía de estos números guarda muchas diferencias entre sectores y ocupaciones que no se exteriorizan en los cada vez menos representativos promedios. En un sector como el textil, muy castigado por el efecto simultáneo de apertura comercial, presión impositiva y regulaciones laborales consideradas que terminan erosionando su competitividad, la destrucción del empleo fue notoria. Pero también la supervivencia de muchas Pymes del entramado sectorial a costa de más informalidad. Jorge Colina, presidente de IDESA, señala que tomando información de la Secretaría de Trabajo y de la EPH del INDEC se pueden estimar una tendencia clara. En el 2012 había 118.000 asalariados registrados y unos 204.000 asalariados no registrados y cuentapropistas; mientras que en el 2023 había 105.000 asalariados registrados y 261.000 no registrados y cuentapropistas. En cambio, a fin del año pasado se contaban 97.000 asalariados registrados y 248.000 no registrados y cuentapropistas. Durante todo ese lapso hubo políticas aperturistas y proteccionistas, pero la competitividad del sector se observa que la tendencia, también aquí, es a una mayor precarización del trabajo como vía de escape a la competencia de productos importados (intermedios y finales). “Mientras los industriales textiles y de confección de ropa cuestionan la apertura de la economía, los funcionarios nacionales sostienen que la ropa es muy cara debido al proteccionismo”, explica Colina. Según el INDEC, el rubro prendas de vestir dentro del IPC aumentó 47% por encima de la inflación entre diciembre de 2019 y noviembre de 2023. “El argumento a favor del proteccionismo es que promueve la inversión, la producción y el empleo nacional: limitar la competencia externa es una política de transición para que las empresas argentinas desarrollen competitividad hasta que cambien las condiciones internas que “nivelen la cancha” respecto a los productos importados”, agrega. Algo así como una inversión para desarrollar una mejor industria nacional a costa de pagar productos más caros. ¿Cuánto y por cuánto tiempo? Aquí está la línea que separa una política con beneficios que exceden a sus protagonistas de establecer un coto cerrado.
La meseta. El otro componente de este grave cuadro de situación es el de los ingresos. El proceso de fuerte desaceleración de la inflación que abarcó 5 trimestres (desde marzo 2024) tocó piso en mayo pasado, con un alza del IPC de 1,5% pero el “programa” desinflacionario se quedó sin combustible y la variable de ajuste la marcó el nivel de reservas del Banco Central. La aparición del Tesoro de los Estados Unidos como prestamista de última instancia y aval financiero tuvo como contrapartida la ratificación del compromiso de acumular reservas. Desde principio de este año el BCRA compró casi US$2.050 millones, vitales para seguir haciendo frente a los vencimientos durante 2026 y, a su vez, poder acceder a otras fuentes de financiamiento con la baja del riesgo país (hoy entre 500 y 550 puntos básicos).
La otra cara de este cambio de política, largamente sugerido por el Fondo Monetario Internacional en sus evaluaciones técnicas, es la del cambio de tendencia en el IPC. Desde fin de año, el piso de 2% mensual parece irrompible, con riesgo de poder escalar otro peldaño, como mostró enero con un 2,9%. La inercia inflacionaria, el traslado de costos financieros luego del trimestre de super tasas para intentar frenar la corrida cambiaria (julio-septiembre) y el comportamiento de algunas variables insumisas reestablecieron la guardia contra un viejo conocido para los salarios: la erosión inflacionaria. Para Esteban Domecq, director de la consultora Invecq, esto no implica necesariamente que el proceso de desinflación haya quedado atrás. “Más bien, refleja la inercia propia de la dinámica inflacionaria, junto con la mayor incidencia de componentes estacionales y regulados que, tras haber contribuido transitoriamente a moderar el índice a mediados de 2025, hoy están ejerciendo presión alcista sobre el nivel general”, argumenta.
En cifras, los salarios vienen acusando el parate del nivel de actividad que ya lleva tres trimestres y la lógica interrupción a su recomposición. La consultora Romano Group estima sobre datos oficiales que, en términos reales, los salarios privados cayeron 2,1% en forma interanual, los públicos provinciales subieron 0,8% y los nacionales bajaron 8,6%. Por otro lado, las estimaciones de la pobreza, como el Nowcast que elabora el economista Martín González Rozada de la Universidad Di Tella, muestran que luego de un rápido descenso, también encontró un piso que difícilmente tampoco podrá ser perforado con inflación persistente y actividad adormecida: proyecta una tasa de pobreza de 30,2% para el semestre agosto 2025-enero2026.
“En 2026 se estará testeando la capacidad del programa económico para compaginar satisfactoriamente el “trilema” de incrementar las reservas del Banco Central, retomar el proceso de desinflación, que se interrumpió desde setiembre pasado, en simultáneo con la superación del estancamiento del nivel de actividad, que lleva tres trimestres consecutivos y amenaza con extenderse a este primer trimestre de 2026”, pronostica Jorge Vasconcelos, economista jefe de IERAL.
Finalmente, considerando que el PBI en diciembre habría descendido 0,2 % interanual, de acuerdo el IGA del Estudio Ferreres, señala que existe un promedio de todos los sectores debajo del cual se observa cada vez mayor divergencia, con Intermediación Financiera incrementándose un 9% e Industria cayendo un 5,7 %.
Casos como el de FATE muestran las dificultades que en este escenario tienen algunos sectores para hacer frente a un proceso de apertura que intenta, además, presionar a la baja algunos componentes inflacionarios. “Con precios de insumos, salarios, impuestos, costos financieros, que son ‘inflexibles a la baja’, se complica remontar las desventajas de competitividad”, agrega. La salida, a su juicio, sería un esquema que contemple e incentive la reconversión productiva acelerada “con flexibilización de todos los vectores relevantes, bajo la idea que los costos (incluidos los impuestos) deberían ser funcionales a los precios de venta”. Un rompecabezas mucho más arduo que el “trilema” que hoy desafía las proyecciones oficiales por la multiplicidad de variables y lo que está detrás de cada una: una empresa, una historia, una familia y corriendo contra el reloj.


















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