Tuesday 17 de February, 2026

ECONOMíA | Hoy 09:46

Acuerdo con Estados Unidos: impacto con suspenso

En una economía con actividad económica detenida, crece el interrogante de cómo afectarán los convenios comerciales bilaterales.

Según estadísticas del Banco Mundial y el FMI, hasta 2025 la economía argentina estaba situada en el 10% de las más cerradas del mundo. Para esto contabilizaban la suma del flujo de su comercio exterior en proporción a su PBI y el número daba 13%, superando solo a Sudán (1%); Venezuela (9%); Turkmenistán (11%) y Etiopía (12%). Y, un escalón arriba a la principal potencia del mundo, Estados Unidos (14%). Estas cifras muestran dos cosas: que la economía local fue cambiando de una matriz en la que el comercio exterior era el motor de su crecimiento por otra en que se privilegiaba el consumo interno, el empleo y la sustitución de importaciones. En el caso del país norteamericano, la razón de semejante irrelevancia de su comercio tiene que ver con las dimensiones de su propia economía, la diversidad de climas y productos en un PBI que todavía sigue siendo el mayor del mundo.

El tratado. Curiosamente, estos dos casos se cruzaron a raíz de la firma del acuerdo comercial (no tiene el formato ni el alcance de un tratado) en el que las partes establecieron preferencias y concesiones en momentos que el proteccionismo parece ser la nueva norma en el mercado internacional.

Habrá productos que se eliminarán los aranceles, otros los reducirá a 2% y para otras mantendrá el Arancel de Nación más Favorecida (NMF). Para muchos productos determinado cupo—y se dejará de aplicar el impuesto estadístico a importaciones de Estados Unidos en un plazo máximo de 3 años. Estados Unidos eliminará aranceles para ciertas exportaciones argentinas, dará una tarifa recíproca de 0% a un conjunto de productos y un techo del 10% para el resto.

Algunos productos argentinos, como la carne, por ejemplo, vio ampliar su horizonte de exportación de cortes premium de 20.000 a 100.000 toneladas anuales, al tiempo que China colocaba cuotas para sus compras, que constituyen las dos terceras partes del total, aunque las de inferior calidad. Otro caso son los del acero y el aluminio en los que hay un compromiso de revisar los aranceles y permitir la excepción.

Para los Estados Unidos, es la oportunidad de incluir en un compromiso formal, el tratamiento legislativo de algunas iniciativas que se venían persiguiendo hace rato, como la de la propiedad intelectual en medicamentos (con la validez de las otorgadas en otro país para los mismos productos) y la de eliminar o reducir las barreras no arancelarias para los productos estadounidenses, como el caso de las trabas fitosanitarias o regulatorias internas. Algunos sectores, como el de las autopartes o vehículos terminados tendrán una oportunidad dentro de un esquema que hasta ahora fue blindando las posiciones de Brasil con sello del Mercosur. Se esperan que hasta 10.000 unidades podrían ingresar bajo este apartado, probablemente en nichos no explotados pero que bajarán notablemente los costos actuales.

Otros contenidos del acuerdo es el compromiso de quitar trabas y facilitar el comercio de servicios digitales, derechos de propiedad en el caso de patentes (crucial en la batalla sobre bioingeniería aplicada a la agroindustria) y el tratamiento preferencial para las inversiones de cada país, que en términos prácticos facilitaría las inversiones estadounidenses en sectores estratégicos, como los minerales “raros”, energía, telecomunicaciones y proyectos de infraestructura en un trato al menos en igualdad de condiciones que las otorgadas a los locales.

En un informe reciente de la consultora Invecq, destaca que este acuerdo no debería analizarse de manera aislada, sino como parte de una estrategia más amplia de apertura económica. “En los últimos dos años, Argentina avanzó —desde niveles históricamente elevados de protección— en una agenda orientada a reducir barreras al comercio, que incluyó la baja de aranceles de importación, la eliminación o reducción de algunos derechos de exportación y una mayor flexibilización de instrumentos de administración comercial, a lo que se sumó la reciente firma del acuerdo Mercosur–Unión Europea”. Este último, discutido durante muchos años, fue anunciado el mes pasado, pero todavía restan aprobaciones en ambas partes, protocolos diversos de implementación y la siempre vigente fuerza de los lobbies agrícolas europeos que asustan con una “invasión” de productos de dudosa salubridad, pero de evidente eficiencia.

El otro rival. El acuerdo surgió casi un mes más tarde que el del Mercosur con la Unión Europea. Claro que este, fruto de una larga negociación diplomática será más lento en su maduración, pero de un alcance mayor. Como apunta el investigador del IERAL Gerardo Alonzo Schwarz, “representa un enorme avance para nuestro país y el Mercosur al generar el acceso a un mercado de casi 500 millones de habitantes de alto poder adquisitivo (que explican el 15% del PBI mundial) a través de la desgravación asimétrica y progresiva del comercio entre ambos bloques comerciales”.  Recordemos que la Unión Europea eliminará aranceles más rápido (80% de las partidas arancelarias de forma inmediata y el resto en un máximo de 10 años, junto con el 99% de la oferta agrícola en plazos similares o mediante cuotas),  mientras que el Mercosur dispondrá de periodos de transición más extensos  y graduales, desde lo inmediato hasta los 15 años para los productos más sensibles (por ejemplo, automóviles,  autopartes, químicos y maquinarias), además de los mecanismos de salvaguarda comercial. Por esta razón, ya hay regiones que ven un potencial de prosperidad, como el caso de los que ya están exportando (la UE es el destino del 10% de las ventas actuales totales, unos US$8.300 millones) gracias a menores aranceles y trabas. La región Pampeana, por volumen (US$6.300 millones) y las del NOA por su creciente participación en las exportaciones regionales encabezan la lista de los beneficiarios. Al focalizar este análisis podemos mencionar a productos originados en todas las regiones, como ser harina y pellets de soja, biodiesel, carne vacuna, maní, langostinos, vinos, cítricos, peras y manzanas y arroz”, concluye Schwarz.

El futuro. Estas dos iniciativas, con diferente origen y sustento jurídico (con la UE dentro del Mercosur, con los Estados Unidos, en un curioso puenteo) tienen en común la mirada más amplia de abrir la economía argentina con diferentes velocidades, eliminando el campo minado de regulaciones arbitrarias, trabas aduaneras y burocracias ralentizadoras que eran un escudo proteccionista. La relación “especial” con los Estados Unidos tendrá su prueba de fuego cuando la alineación política no esté en la misma sintonía como en estos tiempos, pero la fuerza y el poder de convicción de los intereses en ambas partes podrán darle otro sustento y que no se agote en un signo de la pertenencia a determinada escudería en el ajedrez mundial. Quedará en el haber luego de esta peculiar “apertura” en medio del bilateralismo trompista, haber contribuido al consenso que el aislamiento de las corrientes comerciales globales en las décadas de su mayor crecimiento tuvo un costo, que fue el estancamiento de las exportaciones y la escasez de divisas. Una lección que se aprendió a través de años de inestabilidad, estancamiento y pérdida de mercados.

por Tristán Rodríguez Loredo

Galería de imágenes

En esta Nota

Comentarios