"Como médico veterinario de la provincia de Misiones apoyo totalmente el movimiento que esta haciendo estos chicos. Es un cambio cultural, hay que entenderlo", afirmó un veterinario misionero, oriundo del pueblo de San Vicente, que se grabó para las redes sociales ofreciendo un servicio a la comunidad Therian. A continuación, el especialista propuso: "Les voy a ofrecer a cero costo, gratis, todo lo que es castraciones, esterilizaciones y vacunación antirrábica. Para los padres, que se les pierden, les ofrezco michrochip; se lo ponemos y quedan registrados".
Con tono de humor, el video viral es un grano más en el debate sobre el fenómeno de los therians en el país. En pleno 2026, las redes sociales y las plazas de varias ciudades se convirtieron en el escenario de esta curiosa tendencia, que explotó en los últimos meses. El concepto "Therian" se refiere a personas que sostienen una identificación interna con animales, tanto de descubrimiento como autopercepción, que trasciende la simple moda pasajera.
Aunque para muchos observadores el término puede sonar extravagante o provocador, los propios participantes y varios expertos sostienen que se trata de una vivencia de identidad profunda, más allá de un “juego de rol” o una tendencia de internet. El origen de este movimiento se remonta a los primeros años de internet en los años noventa, cuando foros como Alt.Horror.Werewolves permitieron que personas que sentían una conexión psicológica o espiritual con animales reales comenzaran a compartir sus experiencias y desarrollar una terminología común para describir ese sentimiento.
El término deriva de therianthropy —del griego theríon (“bestia”) y ánthropos (“humano”)—, un concepto que originalmente se refería a la transformación en animal en contextos mitológicos o folklóricos y que fue reapropiado por estas comunidades digitales para hablar de la identidad interna con una especie no humana. A diferencia de otras subculturas con presencia en internet como los furries, los therians enfatizan que su experiencia es identitaria y personal, y no una simple representación o hobby. Para muchos, identificarse como un lobo, gato, zorro u otra especie tiene que ver con una sensación interna de afinidad que se expresa psicológica o espiritualmente, aunque conscientemente sepan que su cuerpo es humano.

La explosión reciente del fenómeno tiene mucho que ver con la viralización en plataformas como TikTok, Instagram y X, donde hashtags relacionados con therians han acumulado millones de visualizaciones. Videos de jóvenes con orejas, colas o máscaras de animales moviéndose en cuatro patas en espacios públicos, parques y plazas capturaron la atención de usuarios de todo el mundo, y llevaron a que esta identidad, hasta ahora bastante de nicho, se convierta en tema de conversación masiva en países como Argentina, Uruguay, México y España.
Más allá de lo visual, una “costumbre” emergente dentro de la comunidad es lo que ellos llaman shifts o intensificaciones de la identidad animal, experiencias subjetivas en las que sienten que su sentido de sí mismos se aproxima temporalmente a esas cualidades animales internas. Muchos también desarrollan teriotypes —categorías individuales que etiquetan el tipo de animal con el que sienten conexión— y comparten estas vivencias en grupos de Discord, foros especializados y comunidades privadas en redes.

Esta presencia digital se traduce en espacios físicos: ya se han reportado reuniones informales de therians en lugares como plazas de Buenos Aires o se han anunciado encuentros abiertos en ciudades bonaerenses como San Nicolás, donde participantes planean reunirse para compartir experiencias, realizar actividades conjuntas y socializar con otros que comparten la misma identidad interna. Al mismo tiempo, estos eventos han atraído tanto a curiosos como a críticos que ven en estas congregaciones un motivo de burla o preocupación social.
El impacto del fenómeno ha sido doble: por un lado, muchos jóvenes encuentran en la comunidad therian una red de apoyo y un espacio para explorar su identidad en un mundo cada vez más digitalizado y fragmentado; por otro, ha generado reacciones críticas y debates sobre la salud mental juvenil, la desconexión con la realidad y los límites entre identidad personal y comportamiento público. Algunos medios han advertido sobre posibles exageraciones mediáticas o interpretaciones sensacionalistas del fenómeno, e incluso sobre su utilización política en discursos críticos hacia tendencias culturales contemporáneas.
Aunque es difícil prever si esta tendencia persistirá o se estabilizará como una subcultura más dentro del amplio espectro de identidades online, lo cierto es que los therians han logrado algo poco frecuente: transformar un concepto marginal de internet en una conversación global sobre cómo las nuevas generaciones buscan significado, pertenencia y formas alternativas de expresar su autoestima y sentido de sí mismos en la era digital.















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