En los últimos meses ganó visibilidad el fenómeno de los “therians”. Se trata de personas que se identifican a nivel espiritual, psicológico o simbólico con un animal no humano. A diferencia del cosplay o del juego de rol, está tribu urbana sostiene que su identidad interna está vinculada con esa especie, lo que puede expresarse en comunidades en prácticas simbólicas o formas de autoidentificación.
Por otro lado, en la política argentina, los apodos de animales forman parte de una tradición discursiva que mezcla sátira, marketing, identidad militante y descalificación. A lo largo de los años, distintos dirigentes fueron asociados a figuras del reino animal que, según el caso, nacieron como burlas opositoras, como símbolos construidos por el propio espacio político o como lecturas irónicas de rasgos físicos y hasta estilos de liderazgo.
La coincidencia entre el emergente contracultural therian y las tradiciones políticas fueron la inspiración para crear y difundir un video realizado en IA, en el que dirigentes nacionales son caracterizados con su presunto animal identitario. Javier Milei personificado con el león , Cristina Kirchner con el pinguino, Mauricio Macri como un gato, Patricia Bullrich en foma de pato, entre otros, son las personalidades protagónicas del reel viralizado por Vico.
En el caso de Mauricio Macri, el mote de “gato” comenzó a circular con fuerza durante su presidencia, especialmente en marchas y redes sociales. Desde el macrismo, en general, se acuñó el apodo como parte del folclore político.
Muy distinto es el caso de Javier Milei, quien adoptó voluntariamente la figura del “león” como emblema personal y partidario. La metáfora surgió en sus primeras apariciones mediáticas como economista disruptivo y se consolidó en campaña presidencial, cuando sus seguidores comenzaron a corear “¡León, león!”. El propio Milei se presentó reiteradamente como un “león” frente a lo que denomina “la casta”, reforzando la imagen de animal combativo, solitario y dominante. El símbolo fue incorporado a la estética libertaria y a la narrativa épica de su ascenso político, funcionando como construcción identitaria.
En el kirchnerismo, la referencia animal más conocida es la del “pingüino”, asociada en primer término al expresidente Néstor Kirchner por su origen en la provincia de Santa Cruz, en la Patagonia argentina, región emblemática por esa especie. Con el tiempo, el apodo se extendió a Cristina Fernández de Kirchner, tanto por pertenencia política como por continuidad del proyecto.

El apodo de “pato” vinculado a Patricia Bullrich tiene un origen menos consolidado simbólicamente. Apenas es la deformación irónica de su nombre —Patricia/Pato—. En cuanto a Horacio Rodríguez Larreta, el apodo de “lagarto” se instaló sobre todo en redes sociales y programas de tono humorístico, donde se exageran rasgos físicos para construir sátira política. El sobrenombre fue utilizado por críticos y usuarios digitales como forma de burla, en una lógica que combina meme, cultura de redes y confrontación partidaria.
La utilización de animales para representar dirigentes es histórico, Julio Roca se lo apodaba "el zorro", pero no es exclusiva de la Argentina y responde a una larga tradición simbólica mundial: los animales condensan atributos —fuerza, astucia, frialdad, torpeza— y permiten simplificar narrativas complejas en imágenes fácilmente reconocibles. En el contexto actual, las redes sociales amplifican estos recursos y los convierten en memes virales que pueden consolidar identidades o reforzar estigmatizaciones.















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