Javier Milei (CEDOC)
El gran retroceso: las mujeres y diversidades en la mira de la ultraderecha
En dos años de gestión libertaria, se desmantelaron políticas contra el embarazo adolescente y la violencia de género, profundizando el conflicto con organizaciones feministas.
Un fantasma recorre Europa. Aunque ya no sólo Europa, en realidad, porque hoy el ideario completo de las fuerzas de la reacción más rancia -esa que frunce la nariz frente a la sola mención de la palabra “feminista” y considera que el orden mundo ha sido alterado para siempre por las ruidosas demandas de las mujeres y diversidades- también recupera poder en Estados Unidos y se fortalece en toda Latinoamérica. Al compás de un nuevo clima de época en el que los límites de lo decible parecen haber desaparecido (ya lo escuchamos alguna vez al hoy presidente Donald Trump explicando que los migrantes centroamericanos estaban “comiéndose los gatos y los perros de sus vecinos”) y la frontera entre las palabras y los actos parece ser cada vez más sutil, una nueva restauración gana terreno y vuelve realidad las escenas temidas por millones.
Son, para decirlo rápidamente, las mismas viejas ideas de siempre -división sexual del trabajo, postulación de la esfera pública como coto natural y exclusivo de los hombres, fin de la perspectiva de derechos, entronización de la familia “tipo” como el único posible, etcétera- sólo que desempolvadas, presentadas como novedad ante millones vía redes sociales y “tuneadas” para la ocasión, para que se vuelvan digeribles y virales. Asi, el mandato de quedarse en casa a cuidar de la prole se vuelve mucho más atractivo con influencers como Ballerina Farm o Roro promocionando las bondades de adherir al modelo de mujer tradicional, al tiempo que figuras como Elon Musk, Nahib Bukele, Viktor Orban, Javier Milei, Donald Trump repiten con cada gesto, con cada declaración, que ser violento, misógino o discriminador tampoco está tan mal. Que puede, de hecho, llevar a personajes absolutamente olvidables hasta lugares con los que no hubiesen soñado ni en la más afiebrada de sus noches.
Al mismo tiempo, aquí y allá, el ataque directo a todos los que expulsados de este sistema de turbo capitalismo feliz (ancianos, mujeres víctimas de violencia, enfermos, pobres, jóvenes, migrantes, desocupados, y la lista sigue) se disfraza de libertad de expresión o de “chiste”, según convenga. Siempre elegante, Gilles Lipovetzky habla de nuestro presente como de la “era de la omnipotencia”, una donde la estética que se impone es la de la Trump Tower -altura sideral, dorados por doquier, bling-bling por donde se mire- y la ética en juego es la del “ganador”, sin importar demasiado cómo haya ganado. Un escenario en el que la que la razón la tiene el más violento, el mejor armado, el que grita más fuerte. Y, sin lugar a dudas, alcanza con mirar el panorama internacional para entender cuánta razon tiene. En ese sentido, la llegada al poder de un personaje como Javier Milei es cualquier cosa menos casual precisamente porque encarna este nuevo estado de cosas en el que la selva avanza sobre todo lo demás, imponiendo sus lógicas y sus tiempos. Y, como ya se sabe, jungla adentro la única ley que rige es la ley del más fuerte.
Hoja de ruta mundial
Ya pasó en los Estados Unidos: en un despliegue de iniciativas demasiado coordinado para ser casualidad, el segundo mandato de Donald Trump estableció a las feministas, mujeres pobres y disidencias como objetivos centrales de ataque y borró cada política pública orientada su protección. Fue, de hecho, todavía más lejos: desarticuló las líneas de financiamiento internacional -como la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional,USAID, cancelado hace menos de un año y cuyo desmantelamiento podría, según un estudio publicado en la prestigiosa revista médica The Lancet, provocar más de 9 millones más de muertes hacia 2030- a través de las cuales Estados Unidos costeaba la salud de millones de mujeres y niños alrededor del mundo, incluyendo planes para tratar la desnutrición, clínicas para tratar el HIV en Sudáfrica o financiar a médicos en Afganistán. No es casual: la actual avanzada neoconservadora plantea un repliegue sobre lo que considera “prioridades estadounidenses” y tiene entre sus principales guionistas a The Heritage Foundation, un think tank creado en 1973 que reúne a un centenar de entidades de extrema derecha religiosa. Desde hace cincuenta años dicta lineamientos específicos para las autoridades de turno – esto es, para cada candidato republicano que llegue al poder- en materias tan diversas como educación, familia o trabajo. Y, si muchas de sus medidas nos resultan familiares es precisamente porque cada nueva gestión republicana –de Reagan en adelante- reactivó la mayoría de los objetivos allí expuestos.
“La familia es la piedra angular de una sociedad sana y próspera. Sin embargo, hoy en día, la familia natural —construida sobre el matrimonio, la fidelidad y la responsabilidad— se encuentra bajo un incesante ataque cultural y político”, se lee en su página electrónica. “El aumento del coste de la vida, la disminución de la natalidad y las ideologías que distorsionan la naturaleza humana han dificultado más que nunca la formación de una familia. Al mismo tiempo, las instituciones que antaño apoyaban a las familias —escuelas, iglesias y organizaciones cívicas— se están debilitando, dejando a los padres solos en un entorno hostil. Heritage se compromete a restaurar la familia como fundamento de la vida estadounidense. Defendemos una cultura que celebra el matrimonio y la maternidad, protege los derechos de los padres y protege a los niños de ideas e influencias dañinas”. Así las cosas, esta organización -a través de un documento llamado Proyecto 2025- fijó las bases para un segundo mandato de Donald Trump desde mucho antes que éste se volviera realidad. Y si bien hoy él niega todo vínculo con ese informe, cada una de las decisiones tomadas por su gestión cumple con algo establecido en el texto. Todo está ahí: el desfinanciamiento de las políticas DEI (Diversidad, Equidad e Inclusión), el combate a la anticoncepción moderna, el fin del apoyo a las agencias internacionales, la promoción del home schooling... Es, palabras más, palabras menos, el regreso al Estados Unidos de Lo que el viento se llevó, planteado como el paso indispensable para “hacer a América grande otra vez”. Sin migrantes, sin artistas -los recortes en cultura son feroces-, sin personas de género diverso, sin políticas destinadas a empoderar a mujeres y niñas.
“El próximo presidente conservador debe convertir a las instituciones de la sociedad civil estadounidense en blancos difíciles para los combatientes de la cultura progresista. Esto comienza con la eliminación de los términos orientación sexual e identidad de género ('SOGI'), diversidad, equidad e inclusión ('DEI'), género, igualdad de género, equidad de género, conciencia de género, sensibilidad de género, aborto, salud reproductiva, derechos reproductivos y cualquier otro término utilizado para privar a los estadounidenses de sus derechos amparados por la Primera Enmienda, excluyéndolos de toda norma federal, regulación de agencias, contrato, subvención, regulación y legislación vigente”, se lee en la pagina del documento.
De allí también el fenómeno de las denominadas “leyes zombie”. Esto es, normas que –aunque relativamente antiguas y hasta en algunos casos ya centenarias, como las leyes Commstock (ver recuadro) que prohíben el envío de pastillas anticonceptivas u abortivas por correo, por considerarlas “material obsceno”- técnicamente pueden volver a la vida en cualquier momento. La denominada “Ley mordaza global”, también conocida como “Ley ciudad de México” de hecho ya lo hizo y prohibió que fondos de los contribuyentes de los Estados Unidos financiaran programas de salud sexual y reproductiva por considerarlos promotores del aborto.
Pero, a no engañarse: la Heritage Foundation (Fundación Patrimonio) no acota su influencia a los Estados Unidos sino que su sueño es planetario. Proyecta a escala mundial y busca (y se moviliza para) diseñar una carta de navegación para cualquier gobierno conservador, no importa si en Brasil, en Hungría o en Perú. Pero, ¿qué tiene que ver todo estocon lo que hoy está sucediendo en nuestro país? Más de lo que podríamos llegar a imaginar. No sólo por el contacto establecido ya en 2023 entre lobbistas de la fundación y personajes del entorno libertario sino porque- ya en 2024, el marco de la Conferencia de Acción Política Conservadora, CPAC- Milei recibió un ejemplar del documento Mandato para el liderazgo, un zocotroco de 900 páginas que hace que hasta Geogia Meloni parezca Rosa de Luxemburgo. En noviembre de ese año. Argentina fue el único país del mundo en oponerse a intensificar los esfuerzos para combatir la violencia contra niñas y mujeres. En aquella asamblea, 170 países apoyaron la moción, 13 se abstuvieron y sólo nuestro país se opuso. Ni Irán se atrevió a tanto.
Mucho de lo escrito en Mandato para el liderazgo ya es decreto, normativa, proyecto de ley o hecho consumado en nuestro país. En marzo de 2025, en una suerte de guiño a la gestión, la plana mayor de la fundación estuvo en Buenos Aires reunida con Milei en la Casa Rosada, donde se tomaron la consabida foto en la mesa de directorio y otra más. En ella, el presidente de la Heritage Foundation, Kevin Roberts, posa con los pulgares hacia arriba junto a Milei y detrás de una motosierra dorada donde se lee “Las fuezas del cielo”.
Milei vs las mujeres: la guerra continúa
El video todavía está colgado en Youtube. La mujer se pasea por un salón enorme y, cada tanto, se detiene frente a una pared cubierta por una tela y descubre un cuadro. Así, a golpe de tirones, van apareciendo el sargento Cabral, Manuel Belgrano, Martín Miguel de Guemes. Un universo hecho todo de testosterona, barbas, botas, bigotes y patillas. Más tarde aparece Julio Argentino Roca y –ya en el paroxismo libertario- también emerge, como sonriendo desde Anillaco, Carlos Saul Menem. Pero si la escena es de por sí curiosa, que de fondo se escuche el himno nacional y la voz carrasposa que suena en off sea la Karina Milei (la misma mujer al cargo del strip tease de los cuadros) hace de todo se torne bizarro. No tanto por la dicción de quien lee ni por lo rudimentario de lo que dice sino porque el llamado Salón de los próceres argentinos se inauguró el 8 de marzo de 2024. Sí, en el Día internacional de la mujer de hace dos años, las mujeres de nuestra historia fueron reemplazadas por figuras tan controversiales como aquel presidente que alguna vez pidió que lo siguiéramos porque no nos iba a defraudar.
Si la historia –la que llega a los libros, al menos- en vez de enfocarse en los grandes acontecimientos se detuviera en los pequeños gestos, la presidencia de los hermanos Milei tendría ya varios volúmenes dedicados al tándem y a sus minucias. Después de todo, no todos los días el presidente de una nación se ensaña con cantantes que bien podrían ser sus hijas, con periodistas feministas ni con niños con autismo. Tampoco es, si se quiere, “protocolar” que un mandatario asista a un foro económico como el de Davos no a hablar de los logros de su gestión sino de las feministas –redefinidas como “las asesinas de pañuelo verde”- y lo que él da en llamar “la agenda woke”. Minutos preciosos, con el mundo mirando, dedicados enteramente a expresarse en contra del avance de las mujeres. “El feminismo radical es una distorsión de la noción de igualdad y aun en su versión más benévola es redundante, ya que la igualdad ante la ley ya existe en Occidente. Todo lo demás es búsqueda de privilegios, que es lo que el feminismo radical realmente pretende, poniendo a una mitad de la población en contra de la otra cuando deberían estar del mismo lado”, leyó entonces.
¿Casualidad? En absoluto. Desde hace ya varios años, investigadores de todo el mundo siguen con especial atención el surgimiento de esta estirpe de narrativas belicosas que hacen de la lucha contra el género un lazo inquebrantable. Uno capaz de unir incluso posiciones aparentemente distintas o hasta incluso enfrentadas desde lo político o lo religioso (extrema derecha y social democracia, conservadurismo católico y evangelismo 2.0) detrás de un enemigo común: el avance de mujeres y disidencias hacia la igualdad, el fin del armario en más de un sentido. La investigadora rumana Eszter Kovats publicó hace diez años un trabajo pionero (“El género como pegamento simbólico”) en donde a través de investigaciones desarrolladas en Francia, Alemania, Hungría, Polonia y Eslovaquia demostraba el carácter sincronizado, regional y sostenido del avance anti mujeres en Europa. Algunos analistas lo denominan “backlash” (reacción) mientras que otros prefieren hablar directamente de iniciativas neoconservadoras. Al respecto, el sociólogo e investigador José Manuel Morán Faundes precisa que “El Backlash o reacción es un concepto que se usa desde hace algún tiempo en la academia para referirse a los sectores que se oponen a las demandas de movimientos sociales que buscan expandir derechos o que bien se oponen a los derechos ya conquistados.Entonces, se habla del Backlash como un retroceso frente a los procesos de expansión de derechos. Cuando hablamos de sectores que se oponen a los derechos sexuales y reproductivos se habla de sectores neoconservadores (en América Latina) y de sectores antigénero (en Europa)”.
En este sentido, la propuesta de Milei, como el resto de su repertorio ideológico, es cualquier cosa menos original y cualquier cosa menos innovadora. Es más bien una reescritura de lo ya escrito y tiene todo que ver con las posiciones pro natalistas de Georgia Meloni en Italia, con el activismo anti género de Donald Trump en los Estados Unidos y con la militancia en contra de los anticonceptivos de Orban en Hungría, por sólo mencionar tres variantes locales del mismo discurso que ve en el avance de las mujeres y grupos LGTIQ+ una amenaza para la supervivencia ya no sólo de los países sino de la Humanidad toda.
“La actual gestión de gobierno, desde sus inicios, fue concretando su objetivo de anular al Estado. Para ello fusionó Ministerios que desarrollaban importantes políticas sociales como Salud, Educación, Trabajo, Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad, en el Ministerio de Capital Humano y el Ministerio de Justicia”, alerta al respecto el documento “Liderar en la adversidad”, de la ONG Mujeres en Igualdad (MEI). En ese trabajo se analiza al detalle el proceso de desmantelamiento y también el peculiar criterio con el que la actual gestión decidió que áreas del Estado mantener y cuáles no. “Redistribuyó las funciones que cumplían esos organismos, pero sólo aquéllas que la autoridad consideraba que debían continuar; el resto quedó olvidado en los cajones de algún escritorio”, precisa. El resultado fue la desarticulación, la parálisis o directamente el fin de políticas que –incluso con mucho por mejorar- eran instrumentos concretos para ayudar a mujeres y jóvenes que atravesaban violencias. La línea de atención telefónica 144 redujo –según datos oficiales- su equipo a la mitad en septiembre de 2024 y, por primera vez desde la década del 80 en el siglo XX “Argentina se encuentra sin un organismo rector en materia de promoción y protección de los derechos de las mujeres y LGBTIQ+”, explica el trabajo. La paradoja de tanta motosierra aplicada a tontas y a locas bajo el mantra de “hay que achicar el Estado” es que al erario público eso termina costándole mucho más caro. Según se lee en el documento, “reducir recursos en nombre de la eficiencia es una falacia: al Estado le cuesta 22 veces mas intervenir de manera tardia en los episodios de violencia que los gastos que le genera la prevención”.
Estado alterado (y misógino)
Sin embargo, para el psiquiatra Enrique Stola la erosión libertaria no va tanto, como se declama, por la reducción del Estado ni por su “destrucción desde adentro” como alguna vez planteó el presidente en una entrevista sino por el aprovechamiento personal de los recursos públicos. “No es cierto que él quiera destruir el Estado; lo que él quiere es en realidad un Estado que garantice que ningún derecho de la mayoría perjudique a los poderosos que el admira. Tiene la fuere decisión de reducir la vida de las personas a meros cuerpos. Que, si esas personas ya no pueden ser explotadas, no merezcan ninguna protección. Es una forma de instalar la desesperanza y de dejar morir a quienes ellos califican como 'perdedores' dentro del sistema. Y, como las feministas no sólo enfrentan sino que denuncian públicamente todo eso, Milei las odia. Ellas son las enemigas perfectas de Milei y de todos los otros ultraderechistas porque si algo necesitan estos grupos es tratar de desactivar a los feminismos. ¿Por qué? Porque los feminismos y las feministas son quienes han investigado y estudiado cómo se dan los mecanismos de dominación social de género. Las feministas son las que denuncian la explotación en las propias casas, el racismo, la discriminación laboral, etc. Por eso mismo las feministas tienen que ser “desactivadas”, aún cuando ahora ya no las mencione tanto en sus alocuciones porque el discurso transgresor de Milei sólo se sostuvo durante la campaña y hasta algunos meses después de su llegada al poder. A partir de que –ademas de un discurso- tiene la posibilidad de pasar al acto, realiza acciones muy concretas que le demuestra a todo el activismo machista que ahora hay que pasar a la acción. Y eso, para los individuos más desestabilizados del sistema –como el libertario Llaurta- es un silbato de largada. El mató a su suegra y a la mamá de su hijo, a quien secuestró. El paso al acto, como pasaron al acto otros, y asi aumentaron los transfemicidios, los ataques a personas gays, las situaciones de violencia contra las mujeres, etc. Al mismo tiempo, se fueron rompiendo todos los mecanismos de protección destinados a las mujeres y los pobres. Cabe recordar que la mayoría de las mujeres pertenece a ese sector. Entonces, Milei tenía un discurso disruptivo que era racista, sexista y clasista (donde las feministas eran el principal objetivo) pero todo esto ya no es necesario. Ya no es necesario atacar a las feministas, aun cuando sean las enemigas elegidas por la ultraderecha en cualquier lugar de Occidente”.
¿Cómo impacta este torpedeo sostenido sobre las mujeres y niñas? Para Natalia Gherardi, directora ejecutiva del Equipo Latinoamericano de Justicia y Género (ELA), “el impacto se verifica en el desanimo y en el descreimiento que hay en los espacios de ayuda y contención disponibles. En algunas provincias, algunos servios de atención para las violencias siguen funcionando con financiamiento municipal o provincial, que es insuficiente porque ahora las provincias los deben sostener sin apoyo financiero del Estado nacional. Esto es algo que se vio desde el inicio de la gestión: el Estado nacional se declaro prescindent en la definición, gestión y sosten de las políticas publicas, en particular en materia de violencias y de derechos sexuales y reproductivos. Entonces, ¿a dónde puede ir una mujer que necesita salir de una relación violenta?¿Con qué recursos económicos cuenta para sostenerse si no tiene empleo o si el dinero no le alcanza? ¿Qué recursos tienen adolescentes o jóvenes para decidir si tener o no hijos cuando la distribución de métodos anticonceptivos también sufrió retrocesos por la falta de aportes del Ministerio de salud de la nación? Las consecuencias las vamos a ver en embarazos adolescentes, en peores condiciones de salud, en peores condiciones de vida”, advierte.
El cuento de la criada ya está aquí
Los viejos videos del ex candidato Javier Milei arrancando de un tirón los nombres de diferentes áreas de intervención frente a la mirada divertida de Jonathan Viale se volvieron realidad. Sólo que ahora, ya en el poder, lo que antes era una performance en un estudio de televisión se volvió política estatal. Y la famosa motosierra que agitaba en sus días de campaña se llevó puesto todo. Incluso lo que funcionaba. Mejor dicho: sobre todo lo que funcionaba, aunque él no lo supiese. Tal el caso del antes mencionado Plan ENIA pero también el del programa Acompañar, que ofrecía una prestación económica –un sueldo mínimo durante seis meses- a las mujeres que estuvieran atravesando violencia de género. No era mucho, pero a personas como Ana- vecina de Santa Fe, madre de tres- le sirvió para comprar una reja para su casa y poder a volver a dormir tranquila después de separarse de su marido golpeador. A Silvina, en cambio, esa ayuda le sirvió para comprarse un horno pizzero y comenzar a generar algún tipo de ingreso. Ellas son algunas de las usuarias de este programa que, lejos de ser mejorado, fue literalmente “jibarizado” por la actual gestión que no sólo recortó la cantidad de beneficiarias sino que redujo la prestación de seis meses a apenas tres y que, además, les exige a las candidatas haber denunciado a sus agresores, cosa que muchas se niegan a hacer por el nivel de riesgo que eso implica. Justamente por eso no es casual que el 23 de febrero el Comité de la ONU para la Eliminación de la Violencia Contra la Mujer (CEDAW, según su sigla en inglés) haya expresado al gobierno mileísta su preocupación por el cierre de 81 Centros de Acceso a la Justicia (CAJs). En palabras de la oficina regional de ONU, “en cuanto a la violencia de género, el Comité expresó su preocupación por la significativa reducción en las asignaciones presupuestarias y la capacidad operativa de los principales mecanismos de protección. Destacó, por ejemplo, la modificación del Programa Acompañar, que redujo la duración de las prestaciones e introdujo requisitos adicionales de elegibilidad. El Comité también señaló la disminución sustancial en la financiación, el personal y la accesibilidad de la línea directa Línea 144, incluyendo la supresión de servicios especializados para mujeres con discapacidad”.
Irónicamente -o no, dadas las circunstancias- en un país en el que desde hace algún tiempo se insiste en el riesgo que implica la baja de natalidad (47% en sólo diez años, por lo que hoy significa 1,4 hijos por mujer, muy lejos de los 2,1 que exige la tasa de sustitución poblacional), mujeres, jóvenes y niñas de los sectores más vulnerables siguen enfrentando los efectos de una gestión que ha hecho de la misoginia de Estado su divisa y su mantra. Y no, tampoco esto es casual porque como señala Morán Faundes, de lo que se trata esta vez – y no sólo en Argentina- es de instaurar un nuevo orden de cosas. Un “reino” en este mundo, uno en donde los derechos – leídos siempre como “privilegios”- desaparezcan para siempre y cada conquista colectiva se atomice en un logro individual. “Hoy, y desde hace aproximadamente diez años, estamos asistiendo a otra etapa en el desarrollo del neoconservadurismo”, comenta Morán Faúndes. “Una tercer ola en el desarrollo del neoconservadurismo que tiene como marca un carácter ofensivo. Porque ya no sólo están reaccionando sino que están tratado de producir un nuevo orden. No solo reaccionan sino que intentan producir una serie de cambios y una nueva lógica que ya no se centre en los derechos sino en el mercado, con lo individual como eje y confrontando a los reclamos colectivos. Por eso hoy la agenda neoconservadora no sólo es anti feminista y anti LGBTIQ+ sino que es sobre todo anti progresista. La agenda antifeminista ha cobrado tanta relevancia en esta reacción porque, si en algo han sido exitosos los sectores neoconservadores, ha sido precisamente en construir la idea de que –en este contexto de crisis del Estado y de 'necesidad' de reducir el Estado- los derechos de las mujeres y del movimiento LGBTI son derechos de ciertas elites, 'derechos de nicho'. A la vez, el discurso de la 'ideología de género' que traduce feminismo como neo marxismo también pregna desde las ultraderechas, reavivando el viejo fantasma que en América Latina existe desde mitad del siglo XX. Porque mientras que en los años sesenta el medio de algunos sectores era que el comunismo les expropiara su propiedad privada, el miedo de hoy es más bien cultural. Temen que les vayan a arrebatar a sus hijos y el poder que sobre ellos tienen para decidir su educación sexual, su educación religiosa, etc. O que los obliguen a tener que pensar que una persona trans es una persona sana y no, como ellos quieren creer, una persona enferma. Ese es el giro cultural que esta teniendo hoy la ultra derecha, que interpretan que los nuevos fantasmas comunistas son de tipo cultural”, destaca.
Frente a este escenario, sin embargo, mujeres y diversidades barajan y dan de nuevo. Ante el griterío neofascista, parecen hacer una parada estratégica para evaluar el recorrido, tramar nuevos modos de incidencia y habitar el mantra “Insistir, persistir, resistir y nunca desistir”. Después de todo, y como decía Simone de Beauvoire, “bastará una crisis política, económica o religiosa para que los derechos de las mujeres vuelvan a ser cuestionados”. Exactamente allí estamos.
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