Elías Piccirillo enamoró a Jésica Cirio y Martín Migueles a Wanda Nara, ostentando vidas de lujo que no pudieron justificar legalmente. (Cedoc)

Empresarios polémicos: blanqueo de fama

Los hombres de negocios flojos de papeles buscan a las mujeres más mediáticas de Argentina para lavar su imagen. El caso de Martín Migueles con Wanda Nara.

Dentro del show business argentino existe una ecuación que se repite con llamativa precisión. Un empresario joven, con dinero, hasta entonces desconocido para el gran público, aparece de golpe en las tapas de revistas junto a una mujer famosa, habituada a los escándalos y a la exposición mediática, como una forma de legitimación social acelerada. Así, el anonimato financiero se transforma en celebridad instantánea. 

Pero esa misma exposición que construye prestigio también termina iluminando el origen confuso de fortunas imposibles de explicar. Y la secuencia siempre es igual: lo que comienza en los programas de chimentos como un romance explosivo, termina en la sección policiales con investigaciones judiciales.

El mecanismo atravesó distintas épocas pero mantiene la misma lógica: ostentación, lujo y circulación mediática como herramientas para instalar una imagen de éxito. Lo cierto es que detrás de esa puesta en escena suelen aparecer cuevas financieras, maniobras cambiarias, intermediaciones oscuras y negocios vinculados al circuito informal del dinero. En los últimos quince años, tres nombres sintetizaron como pocos este fenómeno: Leonardo Fariña, Elías Piccirillo y ahora Martín Migueles.

Perfectos desconocidos. El caso más emblemático fue el de Leonardo Fariña junto a Karina Jelinek. A comienzos de la década pasada, Fariña pasó en pocos meses de ser un desconocido y efervescente empresario de La Plata a convertirse en personaje permanente de la televisión. El casamiento con Jelinek condensó el espíritu de aquellos años materializado en autos importados, relojes de lujo, viajes internacionales, una exhibición compulsiva de riqueza y la belleza juvenil como sinónimo de poder y felicidad. 

La caída llegó con la investigación de la llamada Ruta del dinero K, donde Fariña quedó asociado a maniobras de lavado vinculadas al entorno de Lázaro Báez. Con el tiempo se convirtió en arrepentido judicial y años después volvió a aparecer relacionado con investigaciones sobre cuevas financieras y operaciones cambiarias ilegales. La exposición mediática, aquella que parecía otorgarle prestigio, terminó transformándose en evidencia cultural de un ascenso económico demasiado vertiginoso para ser lícito.

Una década más tarde, la historia volvió a repetirse con Elías Piccirillo y Jésica Cirio. El nuevo galán apareció rodeado de una estética de empresario exitoso con propiedades en Nordelta, vehículos de alta gama y vínculos con el universo financiero y cripto. La relación con Cirio volvió a instalar el viejo dispositivo aspiracional de las revistas de celebridades donde el lujo y la exclusividad son sellos de garantía.
Sin embargo, detrás de esa construcción comenzaron a surgir denuncias por estafas, deudas millonarias y operaciones irregulares. La Justicia lo investigó por maniobras financieras y presuntos vínculos con procedimientos ilegales. Otra vez, la sobreexposición terminó funcionando como un búmeran. El empresario que buscó validarse desde el espectáculo terminó convertido en protagonista de investigaciones judiciales.

El último. Ahora el foco se posa sobre Martín Migueles y Wanda Nara. Migueles comenzó a circular en el universo mediático como un empresario habituado al lujo, con regalos ostentosos que la conductora agradecía vía redes sociales. Pero su nombre explotó públicamente cuando empezaron a conocerse detalles de la investigación judicial sobre supuestas coimas para acceder a dólares oficiales mediante el sistema SIRA durante el gobierno de Alberto Fernández.

La causa apunta a intermediaciones financieras y presuntos pagos para facilitar importaciones y acceder a divisas oficiales en un contexto donde la brecha cambiaria convertía cada autorización estatal en un negocio multimillonario. Migueles admitió haber actuado como intermediario en operaciones vinculadas a las SIRA, aunque negó el pago de sobornos. Paralelamente comenzaron a aparecer informes sobre bienes millonarios y un estilo de vida difícil de justificar únicamente desde la actividad declarada. Hace días la estrella de Telefe anunció la separación debido a proyectos personales que la obligan a estar fuera del país.

En los tres casos aparece el mismo patrón: un empresario desconocido, una mujer famosa, lujo y un salto a las páginas policiales. 

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