Maricarmen (CEDOC)
Indignación en España: muere la mujer desalojada en Madrid que inició las protestas
Maricarmen tenía 87 años y había vivido siete décadas en su casa. Un acuerdo le permitía regresar, pero murió antes del alta. El duelo aviva reclamos.
La noticia golpeó a quienes mantenían la protesta por la vivienda: María del Carmen Abascal murió el miércoles 7 de octubre en el hospital Gregorio Marañón de Madrid. El Sindicato de Inquilinas confirmó el fallecimiento, dos semanas después del desalojo que la convirtió en un símbolo. La movilización había conseguido un acuerdo para recuperar su hogar, pero aún seguía internada.
El 23 de septiembre, Maricarmen salió en camilla de su vivienda del distrito de Retiro. Su fragilidad y la firmeza con la que defendió su derecho a permanecer allí hicieron de una disputa inmobiliaria un símbolo de la crisis habitacional. Las imágenes del desalojo desataron protestas en Madrid y otras ciudades españolas, con la Puerta del Sol como escenario de una acampada que mantuvo vivo el reclamo.
No había dejado de pagar. Con una pensión de 1.400 euros, destinaba unos 500 mensuales al alquiler de renta antigua y las facturas, según El País. La empresa que compró el inmueble reclamó su salida por las sucesivas transferencias del contrato de su padre a su madre y luego a ella. Desde 2020, enfrentó cuatro intentos de desalojo y una exigencia de alquiler superior a sus ingresos.
La movilización consiguió que Urbagestión, propietaria del piso, aceptara su regreso. El entendimiento se alcanzó tras una reunión con sus representantes y la intervención de la Empresa Municipal de Vivienda y Suelo. El alcalde José Luis Martínez-Almeida reivindicó la gestión del Ayuntamiento; quienes acompañaban a la mujer atribuyeron el resultado a la presión social. Pero el regreso dependía de un alta médica que nunca llegó.
El sindicato lamentó que la solución hubiera llegado "demasiado tarde" y reivindicó la lucha de la jubilada. Desde el hospital, ella había seguido alentando a quienes se manifestaban por una vivienda: su historia ya excedía los límites de aquel departamento. Para los activistas, evitar otros casos como el suyo se convirtió en la razón para sostener las protestas.
Este caso dejó expuesta la distancia entre una resolución judicial, las respuestas políticas y la situación de quienes no tenían adónde ir cuando debieron abandonar su hogar.
Tras conocerse su muerte, la acampada de Sol guardó un minuto de silencio y cientos de personas marcharon hacia el Congreso. "¡Maricarmen vive, la lucha sigue!", corearon. La despedida condensó el desenlace de una pelea que logró recuperar una casa, pero no a su habitante: el nombre de una mujer de 87 años quedó unido a un reclamo que atraviesa generaciones.
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