Nacho Elizalde, Alex Pelao y Rusherking tienen prestigio en sus profesiones, pero en la televisión argentina encontraron una masividad impensada. (Cedoc)
La TV que valida la fama
Tienen millones de seguidores en redes, vidas de lujo y cuentas bancarias abultadas pero igual pegaron el salto a la tele. Las razones.
Desde la vastedad impersonal de los algoritmos hasta el foco implacable de los reflectores de televisión, ese tránsito, más simbólico que económico, define a una generación de creadores de contenido que, habiendo acumulado fortunas y legiones de seguidores en plataformas como TikTok, Instagram y YouTube, sienten que su estatus digital necesita la bendición del rating televisivo. Millonarios digitales, celebridades de la virtualidad con cifras que deslumbran, y sin embargo, aceptan someterse a la rigidez de los formatos clásicos con cámaras fijas, jurados que critican, horarios rígidos y exposición directa en programas de reality. No lo hacen por necesidad económica, sino por la validación de una fama que el público general aún asocia con la televisión.
Efervescencia pop. Actualmente, el caso paradigmático es el de Ian Lucas, cuya trayectoria sintetiza esa tensión entre lo digital y lo tradicional. Con 37, 5 millones de suscriptores en YouTube, 5,7 millones de seguidores en Instagram y decenas de millones en TikTok, Lucas construyó primero una carrera en redes publicando videoblogs, canciones y desafíos que conectaron con audiencias jóvenes. A sus 26 años y radicado en México, vino al país para participar en “MasterChef Celebrity”, lo que fue interpretado por muchos como un movimiento curioso, ya que es un creador acostumbrado al control absoluto de su contenido para ser disciplinado y criticado en un espacio televisivo competitivo. Lucas, además, cultiva una carrera musical consolidada fuera de las redes, con canciones que superan las millones de reproducciones en plataformas, y una proyección que trasciende el formato del influencer tradicional. Su presencia en televisión, más allá de la narrativa culinaria, implica un reconocimiento formal por parte de actores, productores y públicos que aún miran la pantalla chica como canon de estrellato verdadero.
En ese mismo universo híbrido se mueve “Alex Pelao” (28), fenómeno cordobés que pasó de creador de contenido humorístico con casi 3 millones de seguidores en Instagram y más de 4 millones en TikTok a figura de programas de entretenimiento televisivo. Célebre por sus sketches, personajes paródicos y un estilo que capitaliza la cultura digital, Pelao incursionó en el reality show, pero fue eliminado entre lágrimas, donde habló de su experiencia personal y su relación con la comida, desnudando una vulnerabilidad que sus millones de seguidores online rara vez vieron en sus episodios de 15 segundos.
Sofía Gonet (26), más conocida en internet como “La Reini”, personifica otra variante de este fenómeno. Con cerca de 973 mil seguidores en Instagram, construyó una marca personal basada en el estilo de vida glamoroso, moda y humor irónico. Su llegada a “MasterChef Celebrity” estuvo marcada por declaraciones sinceras sobre su relación con la cocina: -“pido delivery todos los días”- y por su actitud provocadora que en redes ya había generado tendencia y conversación. Lo cierto es que La Reini no necesita de la televisión para hacer viajes de ensueño como al sureste asiático o recorrer las pirámides de Egipto, pero la televisión la humaniza y la pone en boca de periodistas que revalidan su vida de millonaria.
Plató televisivo. En la lista de creadores que amplifican su alcance mediante la pantalla tradicional también figura Rusherking (Thomas Nicolás Tobar, 25 años), figura del trap argentino con cerca de 3,9 millones de seguidores en Instagram. Hasta su reciente aparición en el programa, era el ex de Eugenia "China" Suárez, hoy ya es un cantante que está en la televisión. Aunque su carrera es musical, con numerosos hits y colaboraciones de éxito en la escena urbana, el cantante muestra su carisma y presencia escénica, entre cacerolas, platos gourmet y verduras ahumadas.
Valentina Cervantes (25), por su parte, irrumpió en el imaginario colectivo no tanto por su activismo digital como por su perfil público ligado a la figura del futbolista Enzo Fernández y su maternidad, consolidando así una comunidad de más de 3,2 millones de seguidores en Instagram. Su participación en “MasterChef Celebrity” y su presencia en programas como “Por el Mundo” dan cuenta de cómo una influencer de vida familiar y estilo de vida comparte espacio con figuras de entretenimiento tradicional, construyendo una narrativa híbrida de personalidad multiplataforma.
Finalmente, Nacho Elizalde, con 536 mil seguidores, representa el perfil del influencer multifacético: conductor, creador de contenido, actor ocasional, galán digital. Su exposición televisiva consolida una carrera que busca trascender el nicho generacional de las redes y acceder a un reconocimiento más amplio, asociado al star system clásico. La televisión funciona, para él, como un puente hacia otros formatos y públicos.
Discutir por qué estos creadores eligen pasar meses bajo la exigencia de un jurado y las reglas de un formato televisivo es hablar de reconocimiento cultural. En el imaginario colectivo de Argentina y de muchos países de la región, la televisión sigue siendo un catalejo simbólico. “Estar en la tele” equivale a ser parte de un canon de fama que la virtualidad, por más rentable y masiva que sea, aún no ha logrado reemplazar por completo. Esto explica que, pese a que las métricas digitales pueden traducirse en millones de dólares en contratos de canje, likes por cifras astronómicas y audiencias globales, la validación que ofrece la televisión abierta sigue siendo un sello de legitimidad que los creadores desean exhibir.
Así, estas personalidades caminan una delgada línea entre dos mundos, el digital, fluido, monetariamente exitoso y del cual tienen control absoluto de su imagen y hándicap; y el televisivo, rígido y en el cual no deciden, pero que es poseedor de un valor simbólico que las redes, por sí solas, no otorgan. Y en esta dicotomía, se redefine el significado de la fama contemporánea. No solo ser visto por millones de “followers”, sino reconocido también por el “auditorio” tradicional que dicta quién es una verdadera celebridad.
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