En una ceremonia cargada de símbolos y memoria en el Museo del Holocausto de Buenos Aires, la presentación de “(Nos gritan) Judíos de mierda - el odio de siempre arde de nuevo”, el libro del periodista David Kavlin, se transformó en algo más que un lanzamiento editorial. Fue una llamada de atención sobre el resurgimiento de un odio que muchos creían superado. Allí, ante un auditorio atento y reflexivo, Kavlin colocó su obra en el centro de un debate incómodo sobre identidad, prejuicio y convivencia en la Argentina contemporánea, justo cuando los datos estadísticos revelan un crecimiento preocupante del antisemitismo en el país.
El informe más reciente de la DAIA, la principal organización de representación judía en la Argentina, documenta un aumento sostenido de incidentes antisemitas, con cerca de 678 denuncias en 2024, un 15 por ciento más que el año anterior, y manifestaciones que incluyen desde mensajes de odio en redes hasta agresiones físicas en espacios públicos y educativos. Este fenómeno, que ya había mostrado un salto del 44 por ciento en 2023 tras la masacre del 7 de octubre perpetrada por Hamás en Israel, es un espejo de lo que Kavlin intenta narrar. La persistencia de prejuicios que no desaparecieron con la Shoá, sino que se metamorfosean en nuevas formas de intolerancia.
Con prólogo del periodista Alfredo Leuco, el libro no busca confortar sino interpelar. A través de seis historias de vida ficcionadas pero inspiradas en experiencias reales, Kavlin da voz a personas que han vivido la hostilidad por su origen judío —desde insultos explícitos hasta exclusión social y profesional— y traza un relato que combina testimonios con análisis social y político. Cada núcleo narrativo funciona como un documento de una realidad que se niega a ser leída solo en clave histórica. El antisemitismo contemporáneo está vivo, y está profundamente entrelazado con debates actuales sobre identidad, nación y poder.
En entrevistas que realizó en distintos escenarios de promoción, Kavlin subraya que “el antisemitismo no es una crítica, no es una opinión política: el antisemitismo es odio por la identidad”, una frase que resuena como un eje ético de su libro y de su discurso público. Un fenómeno que no debe confundirse con legítimas discusiones políticas sobre Medio Oriente, sino entendido como una forma de discriminación que, como todas, erosiona los cimientos de una sociedad pluralista.
Este punto lleva, inevitablemente, a confrontar nociones complejas como el sionismo. Históricamente, el término designa un movimiento que, nacido a fines del siglo XIX, propugnó la creación de un Estado judío como respuesta a siglos de persecución y exclusión. Con la creación de Israel en 1948, el sionismo se consolidó como aspiración de autodeterminación nacional. Hoy, sin embargo, el término es objeto de intensos debates. Para muchos judíos y defensores de Israel sigue siendo expresión de legitimidad nacional, mientras que para otros -—tanto fuera como dentro del mundo judío— puede parecer sinónimo de un proyecto político controvertido, especialmente en el contexto de la prolongada disputa entre Israel y Palestina tras el ataque de Hamás el 7 de octubre de 2023. Ese evento marcó un antes y un después en la percepción global del conflicto, generando una polarización donde las críticas a las políticas de Israel muchas veces se superponen, o se confunden, con discursos que terminan alimentando prejuicios antisemitas.
Kavlin, cuya trayectoria en los medios abarca radio, televisión y plataformas digitales, aparece con este libro como una voz que desafía la indiferencia. Más que un ensayo académico, su obra es un tejido de narrativas que invita a mirar de frente lo que muchas veces se oculta bajo eufemismos o silencios cómplices. El título, agresivo y perturbador, no es una provocación vacía, sino un llamado a escuchar lo que todavía se grita en las calles, en los espacios públicos y en las redes sociales de la Argentina y del mundo.
En tiempos en que los datos demuestran que las expresiones de odio no son un fenómeno marginal sino una preocupación social, como lo muestra la estadística que indica que la proporción de adultos argentinos con prejuicios antisemitas subió del 24 al 38 por ciento en una década, el libro de Kavlin propone una reflexión urgente. No basta con condenar el odio de manera retórica, es necesario entonces comprenderlo, nombrarlo y confrontarlo con la fuerza de la memoria y la razón.














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