Wednesday 4 de February, 2026

SOCIEDAD | Ayer 14:48

Qué países ya prohibieron el uso de redes a menores

Ante crecientes inquietudes sobre salud mental, adicciones digitales y protección de datos, varios gobiernos impulsan límites estrictos al acceso de redes sociales para adolescentes.

España avanzó hacia la prohibición del acceso a redes sociales para menores de 16 años, en una medida que representa uno de los cambios regulatorios más ambiciosos de Europa en materia de protección infantil en el entorno digital. La iniciativa, aprobada recientemente por el gobierno y con apoyo parlamentario, no solo eleva la edad mínima de acceso sino que también obliga a las plataformas a verificar la edad real de los usuarios antes de permitirles ingresar a sus servicios.

La reforma responde a una creciente preocupación política y social por los efectos del uso intensivo de redes en la salud emocional de los adolescentes, la proliferación de contenido perjudicial y el tratamiento de datos personales. Los impulsores de la normativa sostienen que limitar el acceso a menores es una medida preventiva frente a fenómenos como la dependencia digital, el ciberacoso y la exposición a publicaciones dañinas para la autoestima y el bienestar.

Más allá de fijar una edad mínima, el texto contempla sanciones para las plataformas que no implementen mecanismos efectivos de verificación, con multas que pueden impactar económicamente a las compañías que no cumplan con los estándares exigidos. También obliga a las empresas a desarrollar interfaces y herramientas que pongan especial énfasis en la seguridad de los usuarios más jóvenes.

La decisión española se produce en un contexto donde diversos países analizan o ya implementaron medidas similares, aunque con matices distintos según el enfoque legal, político y cultural de cada región. En muchos casos, estos debates giran en torno a equilibrar la protección de la infancia digital con la libertad de expresión y el derecho de los adolescentes a participar de espacios sociales y educativos que hoy transcurren, cada vez más, en entornos virtuales.

Uno de los antecedentes más citados es el caso de Australia, que hace algunos años ya prohibió que menores de 16 años se registren en redes sociales sin autorización parental. La normativa fue una de las primeras en plantear una restricción clara, motivada por la relación entre el uso de redes, los efectos en la salud mental y la necesidad de contar con controles parentales y consentimiento explícito.

En ese país, la regulación exige no solo el verificador de edad, sino también que los padres o tutores legales participen del proceso de autorización, colocando responsabilidad directa sobre los adultos a cargo. Además, se promovieron campañas de concientización sobre ciudadanía digital, seguridad en línea y buenas prácticas para navegar en internet.

En Europa, Francia adoptó un esquema similar al español, al prohibir el acceso a redes sociales a menores de 15 años sin el consentimiento expreso de sus padres. La medida apunta a reforzar el rol familiar en el acompañamiento digital y a reducir la exposición temprana a contenidos potencialmente dañinos.

En otros países, el control es todavía más estricto. En China, el Estado limita el uso de redes sociales y aplicaciones móviles para menores, permitiéndoles acceder solo en horarios acotados y bajo sistemas de supervisión centralizada. Estas restricciones forman parte de una política más amplia de regulación del tiempo de pantalla.

Irán, por su parte, mantiene un fuerte bloqueo sobre numerosas plataformas, que afecta a toda la población, incluidos niños y adolescentes. En ese contexto, el acceso a redes sociales se encuentra severamente restringido como parte de una estrategia de control informativo y cultural.

Con estos ejemplos, la discusión sobre redes sociales y menores traspasa el terreno tecnológico y se instala como un desafío global para gobiernos, empresas y familias. A medida que crecen las voces que reclaman mayores límites, también emergen preguntas sobre cómo combinar seguridad, educación digital y libertad, sin recurrir únicamente a prohibiciones en un mundo cada vez más interconectado.

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por R.N.

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